Maestro José Antonio Molina: la batuta que lo condujo el canto patrio
Detrás de la magia de la noche estuvo la mano experta del maestro José Antonio Molina, quien dirige la orquesta con la maestría que lo ha convertido en uno de los grandes de la música dominicana. Su liderazgo musical fue el hilo conductor que le dio unidad, emoción y grandeza a toda la ceremonia.
Fue un punto memorable la actuación de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea, que interpretó con lenguaje de señas el Himno Nacional.
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Manny Cruz: la voz que pone a vibrar multitudes
El merengue tuvo su gran embajador. Manny Cruz subió al escenario y convirtió la apertura en una fiesta sin fronteras, recordándole a toda Centroamérica y el Caribe que el ritmo dominicano no tiene rival. Su presencia escénica y su potencia vocal arrancaron los primeros aplausos de la noche.
Techy Fatule: elegancia y emoción en estado puro
Con la gracia que la caracteriza, Techy Fatule entregó una actuación que emocionó hasta las lágrimas cuando apeló a sentir la dominicanidad. Su voz, cargada de matices y sentimiento, fue el puente entre la solemnidad del momento y la calidez del pueblo dominicano. Una actuación para el recuerdo.
Lomiel: la nueva generación que ya llegó
Lomiel demuestra que el talento dominicano no tiene edad ni límites. Con una energía arrolladora y una propuesta fresca, se ganó al público desde los primeros compases y dejó claro que el futuro de la música dominicana está en muy buenas manos.
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Lápiz Conciente: el rap que habla por los que no tienen voz
Lápiz Conciente llevó al escenario de los Juegos lo que siempre ha llevado a sus barrios: verdad, identidad y orgullo dominicano. Sus rimas resonaron como un himno de pertenencia, recordando que la cultura urbana también es patrimonio de este pueblo.
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