Ayer, grupo E: Alemania 7 Curazao 1. Grupo F: Países Bajos 2 Japón 2. Grupo E: Costa de Marfil 1 Ecuador 0. Grupo F: Suecia 5 Túnez 1. Hoy, grupo H: España vs Cabo Verde. Grupo G: Bélgica vs Egipto. Grupo H: Arabia Saudita vs Uruguay. Grupo G: Irán vs Nueva Zelanda. ‘Tengo balas para Messi e Iniesta’. En tono de broma y en medio de una profunda y dilatada frustración, Julio Iglesias, ‘Soy un truhan, soy un señor’, reconocido aficionado del Real Madrid nunca dudó en reconocer la superioridad del Barcelona sobre los de Madrid durante la era del técnico Pep Guardiola. El intérprete de ‘Hey’ fue portero de gran futuro en la cantera del Real Madrid que vio terminar su carrera como futbolista en el amanecer de su juventud tras sufrir un fuerte accidente automovilístico que lo mantuvo semi paralítico durante año y medio, tiempo en el que una enfermera le prestó una guitarra para ejercitar los dedos y para matar el aburrimiento del largo proceso de recuperación, periodo en donde escribió la canción ‘La vida sigue igual’, su primer gran éxito en 1968, para muchos la mejor canción de Julio, entre los que me incluyo.
Debut de España
En los Juegos Olímpicos de 1920 nació el término ‘la furia roja’ por el fuerte carácter de algunos jugadores de la selección española y su inamovible camiseta roja que identifica a la selección ibérica. Concepto vacío que acompañó a las selecciones de Alfredo Di Estefano, Paco Gento, Emilio Butragueño, Fernando Hierro y Raúl. Tuvo que surgir una generación de ‘locos bajitos’ para que España entendiera que el fútbol es un deporte de tiempo y espacio, en donde una neurona es más poderosa que un músculo, en donde el arte se impone a lo rústico. Fueron apareciendo jugadores como Xavi, Xabi, Iniesta, Busquets, Fábregas, Silva y Cazorla, centrocampistas que trazaron el camino del nuevo rumbo del fútbol español, dirigidos por un entrenador estoico y convencido de que tenía un grupo de jugadores con las características precisas para ejecutar una manera de jugar que le había dado tanto éxito al Barcelona de Pep Guardiola desde el 2008.
Así nació el ‘tiki taka’ que sigue definiendo el estilo de juego de los españoles. Ha evolucionado con diferentes matices desde Aragonés, Del Bosque, el efímero paso de Lopetegui, Luis Enrique, hasta el actual Luis de la Fuente, pero sigue siendo la forma de jugar que domina la posesión del balón, que insiste en los pases cortos y precisos en la constante búsqueda de espacios partiendo desde la medular del campo. Juego de presión alta para tratar de recuperar pronto balones perdidos en zona contraria, con rápida circulación y fluidez. Para ejecutar todo eso se necesitan jugadores con gran dominio técnico e inteligencia que interpreten de manera intuitiva la lectura de situaciones que se generan en momentos apremiantes de partidos.
Hoy España tiene el mejor centro del campo de la Copa Mundial. Rodri, Pedri, Olmo, Marino, Zubimendi, Fabian, Gavi y Baena son los encargados del centro de máquina que genera el fútbol español de ataque. Un laboratorio profundo en donde descansa un esquema atractivo que jamás renuncia a la toma de iniciativas, con extremos como Lamine y Nico, que a pesar de no estar listos al menos para los primeros partidos de la fase de grupos, son dueños de desbordes y desplazamientos tan letales como exquisitos que se convierten en el complemento ideal para un mediocampo que domina el control del balón, restando desgaste físico a una defensa que se presenta sólida en cada una de las posiciones de centrales, laterales y porteros. Las conclusiones de la Inteligencia Artificial y la opinión de los más respetados especialistas han señalado a España como la selección con más alta posibilidades para ganar el Mundial, por encima de Francia, Argentina, Inglaterra, Alemania y Portugal.
Hoy comienza su camino en Norteamérica 2026. Ganar depende de muchos factores, pero este grupo de jugadores garantiza espectáculo y buen fútbol. Siempre vale la pena ver jugar a España.
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