Ayer, grupo B: Catar 1 Suiza 1. Grupo C: Brasil 1 Marruecos 1. Haití 0 Escocia 1, Australia 2 Turquía 0. Hoy, grupo D: Australia vs Turquía. Grupo E: Alemania vs Curazao. Grupo F: Países Bajos vs Japón. Grupo E: Costa de Marfil vs Ecuador. Grupo F: Suecia vs Túnez.
"Muchas veces pienso si podremos algún día dirigir este entusiasmo que gastamos en el fútbol hacia algo positivo para la humanidad, pues a fin de cuentas, el fútbol y el planeta tienen algo en común: ambos son una bola". Sócrates, un mediocentro ofensivo brasileño que fue un revolucionario, tanto dentro como fuera de los terrenos de juego. Decía que el fútbol es filosofía en movimiento, y una poderosa herramienta de transformación social. Siempre pensó que la belleza y el trabajo colectivo de los equipos en los que jugó, debían reflejarse en la sociedad. Sócrates, alto, flaco y con barba similar a la del Che en Sierra Maestra, se vio envuelto en algunos problemas por desafiar a la dictadura militar brasileña. Solía decir lo que pensaba sin pensar lo que decía. Siempre priorizó el arte del juego sin importar el resultado final. Miembro destacado de aquella histórica e inolvidable selección brasileña de 1982 de ADN ofensivo y alegre.
Gran parte de la percepción colectiva sigue viendo a Brasil por lo que fue y no por lo que es actualmente. El fútbol de la tierra de Pelé, Garrincha, Zico, Ronaldo y Ronaldinho no es ni sombra de lo que fue. Pentacampeones gracias a la ejecución del juego alegre e imaginativo que encontraba en el arte de las individualidades de sus genios los atajos para construir victorias que vistosas sin renunciar a un juego colectivo que siempre abrazó el llamado ‘Jogo Bonito’ en donde siempre encontraba la fluidez creativa, la alegría de las gambetas descendientes de la samba que tanto confundían defensas contrarias. Remanentes de aquel fútbol brasileño aún se puede encontrar en las playas de Copacabana, en las favelas o en algunos clubes barriales que se niegan a la desaparición del fútbol más hermoso. Ahora todo es pragmatismo, táctico y físico.
Ahí radican los motivos que indican que el fútbol de Brasil ya no pertenece a la actual élite mundial, y como colofón, contratan a Carlo Ancelotti como entrenador, un italiano que representa la antítesis del gen del fútbol carioca, que prohíbe la osadía y que implementa un sistema que impide la audacia. Este Brasil de Carletto quedó en evidencia ante Marruecos en el que ha sido el mejor partido en los tres primeros días de Mundial. Carentes de profundidad de sus laterales. Si, la tierra que ha parido a los mejores laterales de la historia como lo son Cafu, Dani Alves, Roberto Carlos y Marcelo, ahora, con Ibañez y Santos en los laterales han pasado de lo sublime a lo mediocre, incapaces de hacer tándem efectivos con los extremos Raphinha y Vinicius, este último responsable del empate que evitó un comienzo desastrosos para este Brasil que aspira a poco y que fue dominado por un Marruecos que va demostrando que su semifinal de Catar 2022 no fue producto de la casualidad.
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