España 2 Francia 0. España avanza a su segunda final del Mundial. Francia se despide tras fracasar en su intento de llegar a su tercera final del Mundial de manera seguida Hoy: Argentina vs Inglaterra a las 3:00 PM en Atlanta. La Inteligencia Artificial otorga un 55% de posibilidades de triunfo para la selección argentina, mientras que coloca a los ingleses con un porcentaje de éxito que alcanza el 45% .
‘Y dale alegría, alegría a mi corazón, es lo único que te pido al menos hoy. Y dale alegría, alegría a mi corazón, afuera se irán la pena y el dolor’, canción coreada en muchos estadios de fútbol de Argentina y Liverpool, escrita por Fito Páez, cantautor argentino, uno de los más grandes exponentes del rock latinoamericano. El autor de ‘Un vestido y un amor’ tiene una estrecha relación con el fútbol. Rosarino al igual que Messi, a quien le ha dedicado alguna canción. Fue uno de los grandes amigos de Maradona, al que visitaba donde estuviera, sea en la concentración del seleccionado argentino, en su casa de Buenos Aires, en Nápoles o en La Habana.
Confeso hincha de Rosario Central, estadio al que suele ir cuando está de visita en su ciudad natal. El mismo Fito admite que fue un jugador de fútbol de los recreos de su colegio, donde conoció a Tata Martino, ex seleccionador argentino y del Barcelona. Su canción ‘Al lado del camino’, muy escuchada en los camerinos de los estadios, es una hermosa pieza que narra la introspección de las complejidades de la cotidianidad de la vida moderna en un mundo dominado por el caos y las indiferencias sociales.
El partido perfecto
España necesitaba realizar el partido perfecto para derrotar a Francia, y lo ha logrado. Jugar a la perfección en el fútbol es difícil pero no imposible. Se necesita ejecutar de manera impecable los dos factores determinantes de este complejo juego: la táctica y la técnica, explotando al máximo propios puntos fuertes para neutralizar las fortalezas del rival.
Luis de la Fuentes le ganó la batalla táctica a Didier Deschamps, desarticulando los puntos fuertes de una selección francesa que había llegado a semifinal del Mundial avasallando a sus rivales con su juego directo y vertical, de constantes ofensivas de sus laterales y extremos, y con la delantera más temida.
Cada una de esas virtudes de los galos fueron desactivadas por el planteamiento de De la Fuente, que desde el minuto uno propuso que la batalla de estrategia tenía que librarse en el centro del campo, en donde España dictó e impuso su forma de jugar, con un esquema coral que resultó imposible de descifrar para el que es el único punto débil de Francia:el medio campo.
Así España sentenció con su dictadura de la posesión del balón. Manejó los ritmos con la ayuda de unos delanteros que se sumaban constantemente a ese hermoso caos colectivo de complicidades de pases cortos de primer toque en triangulaciones que por momentos hacía lucir a los defensores franceses como inofensivos puntos azules detrás de un balón al que no podían alcanzar.
Todo se alineó para que ese conjunto de movimientos, acciones y estrategias coordinadas funcionara a la perfección, decapitando los escasos intentos de ataque de los franceses, recuperando balones con carácter de urgencia con presiones de superioridad numérica, haciendo desaparecer a un Mbappé que había llegado crecido tras sumar ocho goles en los seis primeros partidos, borrando del mapa a Olise, el mejor asistidor del Mundial que ante España se vio colapsado por la inigualable calidad de unos jugadores que manejan el balón como ninguna otra selección, contando con la picardía de Lamine que fabricó ese penalti infantil cometido por Digne, que luego capitalizo el siempre subvaluado Oyarzabal desde el punto de los once metros, y que más tarde sentenció la pared combinada entre Olmo y Porro que terminó sepultando las aspiraciones de un onceno francés impotente, porque en el fútbol, una neurona siempre le ganará la batalla al músculo.
Argentina contra Inglaterra, tan solo un partido de fútbol
"Se trata solo de un partido de fútbol". Scaloni fue muy claro al tratar de desmarcarse de revanchas históricas pasadas que sucedieron mucho antes de que estos 52 jugadores nacieran. Atrás han quedado la guerra de Las Malvinas, la ‘Mano de Dios’ los dimes y diretes entre Peter Shilton y Maradona, y las disputas diplomáticas que tuvieron ingleses y argentinos en la ONU y demás organismos jurídicos internacionales en su disputa por unas islas remotas cercanas a las costas de la tierra de Di Stéfano. Todo aclarado.
El fútbol y sus misterios que convierte en borde frágil lo que separa la magia de la frustración. Pasión inexplicable, lugar exacto en donde habita todo lo ilógico y contraproducente que a menudo trasciende por su crueldad y por un sentido de pertenencia que genera fanatismo desmedido e irracional, y otras veces autocrítico. En Argentina conocen muy bien esas dos caras del fútbol.
Los más racionales y autocríticos ven que esta selección de Scaloni transita un camino opuesto al que los condujo a obtener la Copa Mundial en 2022, en donde la tragedia inicial, tras la inesperada derrota ante Arabia Saudita, sembró las dudas que luego se fueron diluyendo con una selección que alcanzó su punto excelencia en el momento de definición de la final ante Francia.
Fue en escala ascendente, contrario al presente Mundial en donde la selección argentina rozó la perfección en una no muy exigente fase de grupos con un pletórico Messi, pero que ha sido lo opuesto durante los tres partidos de eliminación directa en donde vieron desaparecer la fluidez y armonía de su juego ante rivales muy lejanos en ranking, nivel e historia como Cabo Verde, Egipto y Suiza. De la firmeza a la incertidumbre en tres partidos en donde Scaloni aún no da con la tecla que le devuelva el ritmo de juego efectivo a un grupo de jugadores cada vez más dependiente de Messi.
Tomar drásticas decisiones de cambios de jugadores titulares que no han estado respondiendo a la altura de la presente exigencia, puede significar un salto al vacío dentro de una selección repleta de vaivenes emocionales y que ha demostrado que la adaptación requiere de tiempo, algo que las instancias de semifinales de un Mundial desconoce.
Echan de menos a Di Maria, cómplice predilecto de Messi que le garantizaba desborde, inteligencia y velocidad a un carril de ataque como el izquierdo, ahora huérfano de un jugador de similares características. El centro del campo sigue siendo el mismo con De Paul, McAllister, Enzo y Paredes. Todos con desenvolvimientos que han quedado a deber, mostrando por momentos exceso de carga física, víctimas de un juego en donde las urgencias del vértigo ha desplazado la fluidez de balón que caracterizó a esta selección durante los últimos cinco años.
Aunque históricamente han recurrido a la garra cuando el fútbol no aparece, lo actual no invita al optimismo ante una Inglaterra, que a pesar de los conflictos de camerino entre Tuchel y Bellingham, sabe muy bien que el centro del campo y laterales argentinos padecen sobrecargas de trabajo, hecho por el que les cuesta mucho esfuerzo recuperar balones perdidos en el ecuador del terreno, algo que los ingleses pueden capitalizar, sin olvidar que Argentina es un equipo impredecible que puede aparecer por momentos, y que siempre juega con la ventaja de tener a un genio como Messi.
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