Hoy, 5 de agosto de 2026, Marileidy Paulino volverá a ponerse los spikes, a apretar los dientes y a salir disparada desde los tacos de arranque. Lo hará, como siempre, cargando mucho más que su propio cuerpo. Cargará a un país.
Antes de que cruce la meta nuevamente para hacernos tan felices, antes de que el cronómetro diga lo que todos esperamos que diga, hay algo que la República Dominicana le debe. Algo que rara vez se dice en voz alta, con la claridad que merece. Por eso este editorial existe: para decirlo.
Gracias, Marileidy.
Marileidy Paulino nació en Don Gregorio, Nizao, provincia Peravia, en 1996. Creció lejos de los grandes centros de entrenamiento, lejos de las becas automáticas, lejos de las comodidades que el mundo del atletismo de élite da por sentadas. Su cuerpo, 1.72 metros de altura, complexión atlética y musculatura trabajada durante años de disciplina extrema, no fue un regalo. Fue una obra.
Cada fibra muscular que la impulsa a correr los 400 metros en menos de 49 segundos —tiempo que la coloca entre las mujeres más rápidas de la historia de la humanidad en esa distancia— es el resultado de madrugadas, de dietas rigurosas, de lesiones superadas, de renuncias que nadie ve cuando ella levanta un trofeo.
Pesa alrededor de 57 kilogramos. Da cada zancada con una potencia y una cadencia que los biomecánicos estudian. Pero lo que ningún laboratorio puede medir es la voluntad que hay detrás de cada paso.
Y es por eso que hoy, pase lo que pase, debemos de agradecerle. ¿Por qué darle las gracias?
1. Gracias por saldar la deuda con las niñas de los campos. Marileidy le demostró a cada niña que crece en un municipio sin pista de atletismo, sin entrenador certificado, sin zapatillas de marca, que el origen no es el destino. Don Gregrorio no estaba en el mapa del atletismo mundial. Hoy está, porque ella está.
2. Gracias por saldar la deuda con las mujeres negras dominicanas. En un país donde la negritud todavía carga con el peso de siglos de invisibilización, Marileidy corre con su piel, con su pelo, con su cuerpo, y gana. Cada medalla es una respuesta a quienes, de manera consciente o no, pusieron límites donde no debía haberlos.
3. Gracias por saldar la deuda económica del Estado con el deporte. Durante décadas, el atletismo dominicano sobrevivió con presupuestos raquíticos, instalaciones precarias y promesas incumplidas. Marileidy llegó a lo más alto a pesar del sistema, no gracias a él. Su éxito es también una factura que el Estado debe pagar con inversión real, sostenida y urgente en deporte de base.
4. Gracias por saldar la deuda con las que vinieron antes. Divina Estrella, pionera del atletismo femenino dominicano, corrió en condiciones aún más adversas y abrió el camino. Marileidy la convirtió en autopista. Cada paso suyo honra a las que no tuvieron el mismo escenario.
5. Gracias por saldar la deuda con la salud mental del país. En tiempos de polarización, de crisis económica, de noticias que agotan, Marileidy es el momento en que la República Dominicana respira junta. Ese segundo en que todos —sin importar partido, clase o provincia— gritan su nombre, es un bien colectivo que no tiene precio.
6. Gracias por saldar la deuda con la diplomacia dominicana. Cada vez que Marileidy sube a un podio internacional con la bandera tricolor, hace más por la imagen del país que muchas campañas institucionales. Pone a la República Dominicana en la boca del mundo por las razones correctas.
7. Gracias por saldar la deuda con el sacrificio anónimo. Su entrenador, su equipo de apoyo, su familia que la vio partir joven hacia la competencia. Detrás de cada campeona hay una red de personas que también renunciaron a algo. Marileidy los visibiliza cada vez que señala al cielo o abraza a los suyos al cruzar la meta.
8. Gracias por saldar la deuda con la excelencia. En un contexto donde la mediocridad se disculpa con facilidad, Marileidy no negocia con el segundo lugar cuando puede dar más. Esa ética del rendimiento, esa negativa a conformarse, es una lección que trasciende el deporte.
9. Gracias por saldar la deuda con los Juegos Centroamericanos. Esta competencia —que hoy la tendrá en pista ya de manera definitiva— no siempre recibe la atención que merece. Marileidy la dignifica. Le recuerda al Caribe que tiene una reina propia, que no necesita mirar hacia afuera para encontrar grandeza.
10. Gracias por saldar la deuda con el futuro. Hay una niña, en algún lugar de este país, que hoy corre descalza por un patio de tierra y que hoy verá a Marileidy en una pantalla. Y va a decidir que ella también puede. Esa niña es la deuda más importante que Marileidy está saldando, aunque todavía no lo sepa, ni la conozca.
Cuando Marileidy Paulino se coloque en los tacos este 5 de agosto, no estará sola. Correrá con el peso y el orgullo de un país que, a veces, no sabe cómo agradecerle lo que hace.
Este editorial es un intento sincero de hacerlo.
Corre, Marileidy. Corre por ti. Que lo demás ya está saldado.
Compartir esta nota
