Hay resultados deportivos que trascienden la alegría de una medalla y obligan a una sociedad a mirar su historia y a preguntarse si ha sido justa con quienes tantas satisfacciones le han entregado. Ese momento ha llegado para el boxeo olímpico dominicano.

Nuestra historia internacional comenzó con un puño en alto. En la primera participación dominicana en unos Juegos Centroamericanos y del Caribe, en 1946, el país conquistó cuatro medallas de oro y tres de ellas fueron ganadas por boxeadores. Ocho décadas después, esa constancia tiene nombres propios: Pedro Julio Nolasco conquistó en Los Ángeles 1984 la primera medalla olímpica de la República Dominicana, Joan Guzmán obtuvo en Mar del Plata 1995 el primer oro dominicano en unos Juegos Panamericanos y Félix Díaz se consagró campeón olímpico en Beijing 2008.

Y la historia continúa. En París 2024, de las tres medallas conquistadas por la República Dominicana, dos fueron aportadas por el boxeo, mediante Yunior Alcántara y Cristian Pinales. En San Salvador 2023 nuestra delegación ganó nueve medallas y terminó subcampeona de la disciplina. Y en los recién finalizados Juegos de Santo Domingo 2026, de nuestros doce representantes, ocho conquistaron medallas: siete de oro y una de bronce. Siete campeones centroamericanos y del Caribe. Siete veces el boxeo volvió a recordarnos que, cuando recibe una oportunidad, responde con resultados. No hablamos, por tanto, de una aspiración construida sobre promesas: hablamos de décadas de resultados.

Una deuda que ya no debe continuar esperando

El boxeador kazajo Nurbek Oralbay (azul) recibe un derechazo del dominicano Javier Cristian Pinales (rojo) durante su combate de semifinales de 80kg masculino de los Juegos Olímpicos de París 2024. EFE/ Miguel Gutiérrez

Durante décadas el boxeo olímpico ha trabajado con limitaciones que contrastan notablemente con sus resultados internacionales. Nos alegra que numerosas disciplinas hayan recibido nuevas instalaciones y recursos, porque cada federación y cada atleta dominicano merecen condiciones dignas, con independencia de las medallas alcanzadas. No reclamamos que se quite nada a nadie. Pero eso no impide una pregunta legítima: si el Estado ha atendido a disciplinas que todavía esperan entregar al país sus primeras grandes medallas internacionales, ¿cómo explicar que uno de los deportes que durante ocho décadas más gloria le ha dado a la República Dominicana continúe sin las condiciones indispensables para desarrollar a sus atletas?

Nuestras selecciones reúnen alrededor de 60 atletas y necesitamos incorporar unos 30 jóvenes más para completar las subselecciones que garanticen el relevo generacional. Tenemos talento, entrenadores, muchachos esperando una oportunidad y resultados comprobados. Lo que no tenemos es una casa adecuada donde desarrollar ese potencial: un espacio permanente donde nuestros atletas entrenen, se concentren y vivan dignamente mientras se preparan para representar al país, con formación integral física, técnica, táctica, médica y psicológica, alimentación y recuperación adecuadas. Eso es alto rendimiento, y eso es lo que necesita una disciplina a la que el país continuará exigiendo medallas.

El Carlos “Teo” Cruz: una obra necesaria, pero una necesidad diferente

Valoramos y celebramos el esperado remozamiento del Pabellón de Boxeo Carlos “Teo” Cruz, instalación emblemática que merecía una intervención acorde con su historia. Pero conviene establecer una diferencia fundamental: el Carlos “Teo” Cruz es esencialmente un gran escenario para competencias y espectáculos, de boxeo y de otros deportes de combate. Su recuperación es necesaria, pero no resuelve la necesidad cotidiana del boxeo olímpico dominicano. Una cosa es tener un escenario donde nuestros campeones compitan. Otra, igualmente indispensable, es tener una casa donde podamos formarlos.

Esa casa es nuestra prioridad: un pabellón integral para nuestras selecciones y subselecciones nacionales dentro del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, concebido para el entrenamiento permanente, la atención médica y psicológica, la concentración y el alojamiento digno. Son dos obras con finalidades diferentes y ambas son importantes, de modo que el remozamiento del Carlos “Teo” Cruz no debe entenderse como compensación por la que sigue faltando.

Una oportunidad histórica para hacer justicia

Durante mucho tiempo hemos llamado al boxeo “la Cenicienta del deporte dominicano”. Después de ocho décadas de sacrificios y resultados, ha llegado la hora de abandonar definitivamente esa condición. Y aquí queremos ser igualmente justos: el ministro de Deportes, ingeniero Kelvin Cruz, ha sido enfático al expresar su compromiso de atender las necesidades del boxeo olímpico una vez concluidos estos Juegos. Valoramos su palabra y confíamos en ella. Las actuaciones de nuestros atletas han convertido ese compromiso en una magnífica oportunidad para hacer justicia histórica con el boxeo dominicano.

No pretendemos colocar al ministro frente a un reclamo. Preferimos colocarnos junto a él ante una oportunidad: la de que, cuando se recuerde esta extraordinaria generación de campeones, también pueda decirse que durante su gestión terminó una espera de décadas y comenzó una nueva etapa para el boxeo olímpico dominicano. Ese sería también un mérito suyo, y el país sabría reconocérselo.

Construir esa instalación no sería hacerle un favor a FEDOBOXA ni a quienes circunstancialmente la dirigimos. Sería invertir en la juventud dominicana, en muchachos que encuentran en un gimnasio disciplina, educación, valores y una alternativa de vida, y garantizar que detrás de Alcántara, Pinales y los campeones de hoy venga otra generación preparándose para Lima 2027 y Los Ángeles 2028.

No pedimos privilegios. Pedimos correspondencia. El boxeo dominicano no quiere vivir de las glorias del pasado: quiere producir las del futuro. Pero para exigir resultados de alto rendimiento también hay que ofrecer condiciones de alto rendimiento. Después de tantas décadas llevando nuestra bandera a los podios, no creemos estar pidiendo demasiado cuando pedimos un lugar digno donde preparar a quienes deberán continuar haciéndolo.

Las medallas quedan para la historia. Las instalaciones quedan para las generaciones. Y las decisiones oportunas también construyen legados. Nuestros atletas ya hicieron su parte, y la han hecho durante ocho décadas. El boxeo dominicano ha cumplido con la República Dominicana. Ha llegado la hora de hacerle justicia.

Rubén García

Presidente

Federación Dominicana de Boxeo Olímpico (FEDOBOXA)

Rubén J. García B.

Abogado y promotor del deporte

Rubén J. García B., oriundo de San Francisco de Macorís, es presidente de la Federación Dominicana de Boxeo Olímpico (Fedoboxa) y ha estado vinculado durante gran parte de su vida al deporte y a la promoción de la juventud. Abogado con más de cuatro décadas de ejercicio profesional, es socio de la firma Guzmán Ariza y desarrolla, además, actividades empresariales vinculadas al sector turístico en el nordeste de la República Dominicana. rgarcia@drlawyer.com

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