Tras cinco sets, con definición de tie break, cuatro horas y 28 minutos de juego y el reloj marcando las 3:34 de la madrugada de este miércoles, horario inédito para la conclusión de un partido en el US Open con un Arthur Ashe repleto, Calos Alcaraz terminó despidiéndose ante un Ben Shelton que comienza a dejar destellos de madurez al colocar por momentos la razón por encima de la pasión, aún sin renunciar a la inspiración de su saque, su potente saque del cual sigue siendo absoluto dependiente.

Shelton dejó de ser una proyección. Su tenis, aún rústico y tosco, va en constante crecimiento en la misma medida que va entendiendo que vivir solo de la violencia no es un recurso rentable en una época que exige de técnicas variadas para sobrevivir ante las diferentes superficies y estilos de juego. Quizás lo más relevante de este choque de octavos de final no fue la victoria del local. La lupa del tenis ha estado al acecho de Alcaraz tras un retorno luego de más de cuatro meses fuera de acción (139 días para ser más específicos) tras superar una incómoda lesión en su muñeca derecha que en algún momento muchos colocaron en duda la recuperación de su nivel de juego.

Cualquier incertidumbre ha sido eclipsada con la certeza del juego demostrado por Alcaraz, el más versátil, completo e indescifrable tenista de la actualidad. Sí, con Sinner incluido. Visto lo visto en su retorno a canchas de competición, se puede llegar a la conclusión que la lesión sufrida no ha condicionado su forma de jugar. Mismas empuñaduras western y semi western que le permiten variar velocidades y efectos en sus golpes, profundos desplazamientos horizontales y verticales, utilizando todos los ángulos de la cancha, desplegando juego ofensivo, de toma de iniciativas, que a pesar de los altos porcentajes de errores no forzados (muy normal en jugadores que arriesgan) recompensa con los altos porcentajes de puntos ganados tras construcciones que desgastan a sus rivales. No esperaba su equipo de entrenadores que Alcaraz retuviera en Flushing el título conquistado el pasado año.

Lo importante era volver a sentir las sensaciones que lo convirtieron en el tenista que brinda mejor espectáculo por su variedad y contundencia de juego, que a pesar de su prolongada ausencia y pérdida de puntos en el ranking ATP, sigue permaneciendo entre los tres mejores siendo el más joven dentro de los mejores 10. Alcaraz el inagotable, insaciable e inextinguible está de vuelta y el tenis lo agradece.