Vargas Llosa leería, no sin asombro, las obras de José Ortega y Gasset.
Influido, en gran medida, por el perspectivismo, apelaría a la razón vital para valorar el sentido del hacer, vivir y pensar.
Sin la razón vital, no habría motivo alguno para hablar del significado radical de la realidad, ni del "yo", que podría permanecer ofuscado en la soledación, sin perspectiva, ni sendero claro.
De ahí que no tuviese, probablemente, visiones certeras de la historia y el entramado de circunstancias (engorrosas) que pudiesen condicionar, en cierto modo, el oír, ver, sentir y pensar.
Sin perder eso de vista, Vargas Llosa (de manera explícita y consciente), supo conjugar, muy bien, su percepción de la realidad a la luz de la ficción y la razón vital, estrechamente relacionada con el ser y los avatares de la vida.
Quizás, estimulado por la fuerza motivadora de la esperanza, se apegaría, con radical empeño, a la libertad y razón vital, siempre atenta al sentido de la historia y pormenores de vivir haciendo.
En su narrativa, elegante y magistral, Vargas Llosa deja sentir, ya sea de manera visible o invisible, el peso reflexivo de la razón vital y el perspectivismo orteguiano reflejado en los puntos de mira de los personajes de sus cuentos, novelas y piezas teatrales.
Cabría decir, sin más, que su discurso narrativo no es sino espejo límpido de ficciones, realidades y experiencias de la razón vital, entretejida con el perspectivismo y la herencia filosófica de José Ortega y Gasset.
Sería atinado recordar que el gran pensador español habría dicho alguna vez que "la claridad es la cortesía del filósofo". Justamente por eso, Ortega escribiría obras para ser leídas y, sobre todo, entendidas.
Al respecto, Vargas Llosa tiene sobrada razón cuando expresa:
"Leer a Ortega es siempre un placer, un goce estético, por la belleza y desenvoltura de su estilo, claro, plástico, inteligente, culto, de un vocabulario inagotable, salpicado de ironías y al alcance de cualquier lector" (…)".
Además de tan justas y merecidas palabras, sostiene, no sin razón:
"Si hubiera sido francés, Ortega sería hoy tan conocido y leído como lo fue Sartre, cuya filosofía existencialista del 'hombre en situación' anticipó y expuso con mejor prosa en sus tesis sobre el hombre y su circunstancia. Si hubiera sido inglés, sería otro Bertrand Russell, como él un gran pensador y al mismo tiempo un notable divulgador (…)".
Vargas Llosa está en lo cierto, ya que Ortega fue gran pensador y admirable escritor.
Por tal razón, sus obras deberían ser leídas con pasión y entusiasmo, tal y como lo habría hecho Vargas Llosa, quien comprendió la razón vital, el perspectivismo, el concepto de libertad y las ideas liberales de tan notable filósofo.
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