Borinquense Satin
1
Ya no hay perros como Leal.
Sultán,el perro del vecino,
le sacaba los colmillos.
A pesar del compañerismo
Sultán, el sabueso de Chales Dickens,
mató a Leal, el sato plebeyo.
2
Otros satos son facturados,
los adoptan familias de Boston
y Nueva York. Allá son americanizados,
descolonizados y obedecen
a los nuevos amos en inglés.
Los prefieren andrógenos.
3
En el pueblo de Somerville, Massachusetts,
todos los años hay un desfiles de la raza
nobel “‘Borinquense Satin”.
Le di unas palmaditas a un híbrido
de la isla de Vieques.
La irlandesa cinéfila,
la reverenciaba
con lástima porque era sobreviviente
del desastre.
Oí que le ordenó: “‘María sit”.
Friendly city cat
1
Sobreviven a la caída,
no se despripan,
son huérfanos insufribles
encamados en el asfalto.
Le sirven
secos embutidos
policromados.
2
En la rota muralla
resisten vomitando,
de noche no son pardos,
no tienen párpados,
apenas maullan
y les cuesta mucho
lamerse las rayas.
3
De día esperan invitados,
la excursión se apena
de la postura gelatinosa
como Scarlette.
No son anfitriones
como las mascotas
y no ronronean entre ruinas.
Alguna vez fueron felices
cuando la alcaldesa los mimaba
en un rincón de terciopelo, allí
comieron con tenedores de oro.
4
La degradación comenzó
con las piernas horcajadas
como Bola de Nieve y Tama
Paco y Ta-Mui,
Margara y Cenicienta.
Ya no se engendran en la isla
michos de siete vidas,
ni cazan ratones,
y no extrañan mantas mullidas.
Caen en la trampa,
mueren como zombies
los gatos de la clase turística
del Viejo San Juan.
¡Very cute!
El palenque de gallinas
El gallo arrea primero,
no hay moros en la costa.
Canta para que bajen
de las ramas del árbol,
y no se quedan quietas:
pasean, escarban y picotean.
2
El gallo es polizonte,
las marea y las trepa,
la gallina es una diva
de la cresta al penacho.
pone huevos, cacarea
plegarias y calla.
Es inquieta de ojos
y se cree marquesa.
3
Los polluelos acatan
las lecciones empíricas,
picotean la hierbabuena,
aprenden a separar
la paja del grano.
Si escarban encuentran,
los carajitos la imitan.
Van alzando vuelo,
la madre y maestra
cumple con la custodia.
Cuando no está cerca
la patrona,
los chiquillos gimotean pio-pio-pa.
4
Al medio día, cruzan
la calle en busca
del árbol de sombras.
El gallo inglés está encumbrado,
la bandada sabe que está ahí,
Y los polluelos suben
al cojín de la madre.
A las seis de la tarde
sin ruido ni frenesí
se recojen al buen vivir.
5.
Epílogo,
la bandada de este año
apareció muerta,
se desplomaron del árbol.
En la calle Díez de Andino
arriendan Airbnb,
los trasnochados turistas.
*Son tres poemas de animales que aparecerán en mi próximo poemario que he llamado, La Plaga Urbana.
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