Ya no recuerdo escribir a maquinilla. La última vez , si mal no recuerdo, fue en el Instituto ¡Ansias Juveniles! en el Mirador, en los años donde te apuntaba a la cabeza la pistola de un gordo grasoso desde el asiento delantero de un carrito gris de la Policía.

Claro, ahora no pasa así tan Balaguer es La Paz, pero si pasan los intercambios de plomazos en los callejones de agua sucia y perico cortao.

El sábado estuve en el Cielo Naranja 🍊 de Miguelín, en la acera de la librería Mamey.  Se  escribieron al tlin tlin de las máquinas, algunos versos derivados de una palabra, una imagen, la propia  calle Las Mercedes – ahora con un aire de novia  nácar salida de la Iglesia- brisita fresca, regalo de brownies y paletas rojas por San Valentín, pocos amigos por no ser un Cielo Naranja oficial. Marcos Blonda andaba por ahí.

Escribir callejero. El colombiano Edwar Guillén  y otros lo hacen apelando a la rapidez y a las  emociones random, inspirando así  conexión y emociones  con sus “clientes” más fan y con quienes les pasan por el frente.

De mi fenecido  padre -Fermín Arias Belliard- heredé  una antigua Olivetti. Voy a ver si logro escribir aunque sea un párrafo. Dos líneas con el sonido tlin tlin vintage que provocan al pasar el carro una y otra vez.

Me hará recordar al viejo cuando escribía  sus columnas,  a pesar de la silla de ruedas y  su larga enfermedad.

José Arias

Periodista y escritor

Periodista y escritor

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