Solos es un montaje doblemente comprometido, por un lado, con la calidad y el rigor que amerita el arte y por otro, con el cuidado y el respeto que requiere la salud mental. La obra, escrita y dirigida por  Robelitza Pérez, se presentó el fin de semana del 22 de agosto en Casa de Teatro.  El colectivo Otro Teatro tuvo a su cargo la producción general, bajo la coordinación de Karina Valdez y Solanyi Gómez.  Richarson Díaz, Miguel Oniel y Gilberto Hernández encarnaron los personajes. La escenografía y el vestuario fueron responsabilidad de Mary Cruz Paniagua, la música de Oscar Olmo – Concón Quemao y la iluminación de Isaac Núñez.  Además recibió las asesorías de  Génesis Brito en las coreografías y de Wendy Alba en los aspectos de salud mental. 

A partir de los años sesenta se planteó un intenso debate en los ámbitos artísticos a partir de la pregunta: ¿Debe el arte ser socialmente comprometido? Las opiniones se polarizaron y las prácticas se extremaron. Por un lado estaban los que creían que la razón de ser del arte debía ser el compromiso social y llegaron a transformar toda expresión artística en un panfleto o en una clase de historia o de cuidados de la salud, daba igual. Por el otro lado, estaban los esteticistas extremos que entendían que el cuidado detallado de la factura era el compromiso del arte y en muchos casos la mera forma mató no solo al sentido, sino a la creatividad. Con el paso de los últimos años de siglo XX y el acelerado transcurrir de estos casi treinta años del siglo XXI,  la ética y la estética hicieron las paces. La estética y el posicionamiento ético son dos caras de la misma moneda. Incluso para aquellos que pregonan solo hacer arte y no estar interesados en nada más. Ese mismo pregón es su ética.    

No me cabe la menor duda que Solos es un doble dos en este tablero de dominó que funciona en el relato escénico como metáfora del encuentro y del azar. Doble dos porque cuida el rigor del montaje en todos sus aspectos y porque se posiciona claramente con una intención propositiva: cuidar la salud mental de nuestros hombres. Tal es así que en el mismo programa de mano se detallan los mitos y realidades del suicidio y se dejan los números de las líneas de ayuda gratuita. 

El montaje de Solos es una propuesta clara, sencilla y eficaz. La dramaturgia plantea claramente varios conflictos a lo largo de la obra. Conflictos sencillos, comunes, de esos que padecemos más de la mitad de los habitantes de este país.  Conflictos que van moviendo las acciones hacia el gran conflicto, que provocará la tan ansiada catarsis con certeza y eficacia porque, sin duda, salió del escenario. 

Por otro lado, la clave de actuación integra el como si stanislavskiano, la danza contemporánea y la ruptura de la cuarta pared. El como si le da a los personajes esa verdad necesaria: estamos frente a estos hombres hombres absolutamente reconocibles. Las coreografías de danza contemporánea fusiona a estas tres soledades en un todo que necesita cada una de sus partes: crea comunidad.  Y finalmente, la ruptura de la cuarta pared, incluye directamente al público en sus confesiones, invitándolo a reconciliarse con el dolor. 

Es interesante destacar que la dramaturga y directora es una mujer que le da voz a estos hombres tan cercanos: un mecánico, un profesor de liceo, un tecnológico y un suicida, que dice con su ausencia. Su trabajo denota investigación y cuidado, no se escapa ni un reproche, ni una burla. Su mirada es amorosa y compasiva. La puesta en escena juega con la mímesis sin llegar al estereotipo. Las actuaciones comparten la misma línea, no hay folclorismo innecesario, ni autodesprecio. El resto de los elementos del montaje: luces, musicalización y escenografía, ilustran los detalles de esa esquina donde cuatro desconocidos juegan dominó hasta que un balazo cambia la trama de sus vidas. 

Solos no es una obra didáctica, ni un panfleto, ni una fábula con moraleja… es teatro muy bien hecho que mete el dedo en la herida que se pudre en la piel de nuestro tejido social. 

EN ESTA NOTA

Mónica Volonteri

Mónica Volonteri, escritora, editora, docente y crítica de teatro. Argentina de nacimiento y nacionalizada dominicana. Imparte Semiótica en Chavón, la Escuela de Diseño en las carreras de Cine y Bellas Artes. También imparte talleres de escritura creativa de forma independiente.

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