El jueves 14 de mayo de 2026, al caer la noche, tuvo lugar la puesta en circulación de mi obra Filosofía política de la inteligencia artificial: poder, técnica y futuro humano, en la Sala Aída Cartagena Portalatín de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña, ubicada en la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte.
Este acto no se puede catalogar como la simple presentación de un libro. Lo vivido esa noche constituyó, más bien, un espacio de pensamiento crítico y de deliberación intelectual sobre una de las cuestiones centrales del siglo XXI: el impacto de la inteligencia artificial sobre la condición humana, las estructuras de poder y el destino de nuestras sociedades.
La actividad contó con los comentarios del filósofo del derecho y de la política Francisco Javier Caballero Harriet, de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU); de la politóloga Olaya Dotel Caraballo; y del filósofo Edwin Santana, estos dos últimos, académicos de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). La moderación estuvo a cargo de la doctora Ibeth Guzmán, cuya conducción permitió articular un diálogo fértil entre filosofía, política, ética, inteligencia artificial, cibermundo y humanidades.
Más allá de los análisis particulares sobre la obra, uno de los elementos más relevantes del encuentro fue constatar que el debate sobre la inteligencia artificial ha dejado de ser exclusivamente tecnológico. Ya no se trata únicamente de algoritmos, automatización o innovación digital. La inteligencia artificial se ha convertido en una cuestión filosófica, política y civilizatoria. La discusión contemporánea sobre la IA remite directamente a problemas históricos relacionados con el poder, la soberanía, la libertad, la vigilancia, el trabajo y el control del conocimiento.
La técnica nunca ha sido neutral. Desde la Revolución Industrial hasta las actuales plataformas algorítmicas, toda gran transformación tecnológica ha reconfigurado las relaciones sociales y las formas de dominación. La inteligencia artificial representa una nueva etapa de ese proceso histórico, caracterizada por la concentración del poder tecnológico en corporaciones transnacionales capaces de influir sobre la economía, la política, la cultura y hasta la subjetividad humana.
Hoy asistimos a una mutación profunda del capitalismo contemporáneo. Los datos se han convertido en el principal recurso estratégico del siglo XXI; los algoritmos operan como mecanismos invisibles de clasificación y control; y las plataformas digitales reorganizan la vida cotidiana mediante sistemas automatizados que condicionan decisiones, deseos y comportamientos.
En este contexto, la pregunta filosófica fundamental ya no es únicamente qué puede hacer la inteligencia artificial, sino quién controla su desarrollo, bajo qué intereses opera y hacia qué proyecto de sociedad se dirige.
Escuchar las observaciones de los comentaristas me permitió confirmar la necesidad urgente de construir un pensamiento crítico sobre la IA desde América Latina y el Caribe. Durante décadas, nuestras sociedades han consumido tecnologías producidas en otros centros de poder, sin participar plenamente en la definición de sus orientaciones éticas, políticas y culturales. Esta dependencia tecnológica es económica, pero también implica una dependencia epistemológica y simbólica.
Pensar la inteligencia artificial desde nuestras propias circunstancias históricas constituye una forma de soberanía intelectual. Significa preguntarnos cómo impactarán estas tecnologías en sociedades marcadas por desigualdades estructurales, economías dependientes y democracias frágiles. Significa también cuestionar si los actuales modelos algorítmicos reproducirán nuevas formas de exclusión social, concentración de riqueza y vigilancia masiva.
Uno de los aspectos más significativos de la jornada fue la amplia presencia de personalidades del mundo académico e intelectual dominicano. Allí se dieron cita Franklin García Fermín, Roberto Reina, Jorge Asjana David, Ramón Desangles, Rosalía Sosa, Genaro Rodríguez Martínez, Juan Francisco Viloria, Juan Pablo Uribe, Juana Encarnación, Rosel Fernández, Ramonina Brea, José Oviedo, Antonio Ciriaco, Maribel Lorenzo, Gerardo Roa, Francisco Acosta, Eulogio Silverio, Pablo Mella, Dawin Muñoz, Manuel Madé, el rev. p. Marco Antonio Pérez Pérez, María Cristina Ortiz Monagas, Alma Mejía, Rafael Morla, William Mejía Chalas, Hidalgo Peña, Marcos Zabala, Juan de la Cruz, Juan González, Alejandro Arvelo, Dioni Rufino, Rodolfo Coiscou, Johnny Santana, Luciano Castillo, Noemí Tejeda, Vianela Pineda, Efraín Peguero, Víctor Tineo, Edikson Minaya, José Antonio Burgos, Xiomara Rodríguez, Raquel Valdez, Luis Tejada, Atilano Pimentel y mi compañera de vida, Yvelisse Melo.
También fueron testigos de la apertura de este espacio de reflexión Isael Pérez, de la editora Santuario, los doctorandos de la actual cohorte de la Universidad del País Vasco (Euskal Herriko Unibertsitatea); así como decenas de profesores universitarios e investigadores que desbordan mi memoria al intentar recordarlos, pero que son parte de mi existencia en el ámbito de pensar y escribir. También participaron numerosos amigos y allegados fuera del ámbito académico, cuyo acompañamiento convirtió la actividad en un espacio de intercambio humano profundamente significativo. Asimismo, honró el acto la presencia de destacados premios nacionales de Literatura, entre ellos Andrés L. Mateo, Diógenes Céspedes y José Mármol.
Esta presencia posee un significado que trasciende lo protocolar: representa el reconocimiento de que el debate sobre la inteligencia artificial no puede quedar limitado a ingenieros o especialistas técnicos. La literatura, la filosofía y las humanidades continúan siendo indispensables para comprender las transformaciones espirituales, culturales y existenciales que acompañan el desarrollo tecnológico.
La inteligencia artificial no solo redefine procesos productivos; también modifica nuestra relación con el lenguaje, la memoria, la creatividad y la experiencia humana. Nos obliga a replantear qué entendemos por pensamiento, autonomía, verdad e incluso conciencia. En ese sentido, la filosofía recupera una función esencial: interrogar críticamente el sentido histórico de la técnica y sus consecuencias sobre la vida colectiva.
Mi nueva obra busca precisamente abrir preguntas antes que clausurar respuestas. ¿Qué tipo de humanidad emergerá en sociedades gobernadas por sistemas algorítmicos? ¿Cómo preservar la dignidad humana frente a mecanismos automatizados de decisión? ¿Qué papel deben desempeñar los Estados, las universidades y las comunidades intelectuales en la gobernanza de la inteligencia artificial? ¿Cómo evitar que la técnica se convierta en una nueva forma de colonialismo digital y dominación global?
Vivimos una época paradójica. Nunca la humanidad había poseído capacidades tecnológicas tan extraordinarias, y al mismo tiempo nunca había enfrentado riesgos tan profundos relacionados con la concentración del poder, la manipulación informacional y la erosión de la autonomía humana. La IA puede contribuir al desarrollo científico, educativo y médico de nuestras sociedades, pero también puede ampliar desigualdades, precarizar el trabajo y fortalecer mecanismos de vigilancia sin precedentes.
Por ello, el gran desafío contemporáneo no consiste únicamente en desarrollar tecnologías más sofisticadas, sino en construir marcos éticos, políticos y culturales capaces de orientar esas tecnologías hacia fines verdaderamente humanos. El problema central de nuestro tiempo no es exclusivamente técnico; es profundamente filosófico y político.
La amplia participación de académicos, intelectuales y estudiantes durante la puesta en circulación de este libro evidenció que en la República Dominicana existe una creciente voluntad de pensar críticamente estos procesos. Ese interés resulta esperanzador. Significa que todavía creemos en la capacidad del pensamiento para intervenir en la historia y disputar el sentido del futuro.
Agradezco profundamente a todos los asistentes, colegas, amigos y académicos que acompañaron este importante momento. La puesta en circulación de esta obra reafirma mi convicción de que la reflexión filosófica sigue siendo indispensable para comprender y orientar el futuro tecnológico de nuestras sociedades.
Porque, en última instancia, el verdadero dilema de la inteligencia artificial no es tecnológico. Es humano. Y precisamente sobre esto es que elaboré mis ideas, que prometí hacer entrega a través de mi columna en Acento las próximas semanas.
Es importante destacar que previamente el libro fue presentado durante la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2026, dentro de la Colección Ciencias Sociales, serie Ética y Sociedad (Bogotá: Editorial Aula de Humanidades SAS, 2026). En esa ocasión, la presentación estuvo a cargo de Germán Vargas Guillén, profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional; magíster en Filosofía Latinoamericana por la Universidad Santo Tomás; doctor en Inteligencia Artificial y Procesos de Razonamiento por esta misma universidad; y posdoctor en Fenomenología por la Universidad de Texas, en Arlington.
En el referido acto participó Guillermo Bustamante, literato, especialista en lingüística y español, y doctor en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional, quien además fue el editor y corrector de la obra. Durante la presentación, este destacado intelectual formuló un conjunto de preguntas puntuales en torno a la relación entre filosofía, política e inteligencia artificial.
Sobre lo acontecido en Colombia, comparto la presentación del libro:
Acento – Presentarán libro Filosofía política de la inteligencia artificial
Y el video de la actividad:
https://www.youtube.com/watch?v=8GSXJy9MhHk
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