Hay reconocimientos que premian una actuación memorable, una película exitosa, una obra teatral que conquistó al público o una carrera que permanece bajo los reflectores. Y hay otros que tienen una significación histórica diferente: reconocen una vida completa dedicada a construir una disciplina artística y a formar a quienes vendrán después.
El Premio Nacional de las Artes Escénicas 2026, en la categoría de Teatro, concedido a Lucía Castillo, pertenece a esta segunda categoría. Lucía Castillo pertenece a esa generación que vivió la transformación del teatro desde sus primeras estructuras institucionales. Es probablemente la artista viva de la escena de más amplia trayectoria en el teatro dominicano.
¿Acaba de ser elegida Premio Nacional de Teatro 2026 y mucha gente (joven) se pregunta quién es ella? ¿De dónde ha salido? ¿Por qué no se eligió a Haffe Serulle, Salvador Pérez Martínez, María Castillo, Manuel Chapuseaux, Elvira Taveras, Karina Noble, Lidia Ariza, Augusto Feria o Giovanny Cruz, ¿quiénes en justicia podrían merecerlo? La lista puede ser larga y justa.
Lucía Castillo es la representación viva de la fundación de la escena dominicana. La elección supera toda expectativa de justicia. Es un honor para el teatro que haya sido la elegida. Ella implica un aporte al teatro que no se resume en los personajes interpretados antes o más recientemente en la cartelera de la Sala Ravelo. La distinción no se explica exclusivamente por los personajes que interpretó, por las obras en las que participó ni por su presencia en los escenarios dominicanos.
Su verdadera dimensión se encuentra también en las aulas, en la formación de actores, en la enseñanza de la declamación y en la transmisión de una ética profesional que contribuyó a establecer las bases del teatro dominicano contemporáneo.
Esta es la primera clave para comprender por qué el jurado la seleccionó, convocado el 29 de octubre de 2026 por el Ministerio de Cultura e integrado por las actrices Lidia Ariza y Karina Noble; los actores Augusto Feria y Giovanni Jerez; José Rafael Sosa; el cineasta Guillermo Molina Mueses, y José Emilio Bencosme, presidente del Sindicato de Teatristas Dominicos. Amaury Sánchez, viceministro de Creatividad y Participación Popular, convocó al jurado.
Lucía Castillo nació en Santo Domingo el 13 de diciembre de 1928. Su nacimiento ocurrió en una época en que el teatro dominicano todavía estaba lejos de disponer de la infraestructura, las escuelas, los elencos profesionales y las posibilidades de producción que conocemos actualmente. En 1949 obtuvo su formación como actriz de radio y teatro. Tres años después, en 1952, se graduó como maestra de declamación en el Conservatorio Nacional de Música tras seis años de estudios, según la información biográfica difundida sobre su trayectoria.
Para entonces, la declamación exigía dominio de la respiración, articulación, dicción, memoria, musicalidad, comprensión del texto, intención dramática y capacidad para transmitir emociones mediante la voz. Castillo reunió esas condiciones y las convirtió en herramientas de trabajo. Su formación coincidió con una etapa decisiva para la institucionalización del teatro dominicano.
Ella fue parte de la generación que se integró a la Compañía Nacional de Teatro, la cual tiene su origen en el Teatro Escuela de Arte Nacional, fundado el 19 de mayo de 1946 bajo la dirección del español Emilio Aparicio. En 1961 se separaron las actividades profesionales de las docentes y la agrupación pasó a denominarse Compañía Nacional de Teatro.
La Dirección General de Bellas Artes incluye a Lucía Castillo entre los integrantes históricos de la Compañía Nacional de Teatro. En esa relación aparecen nombres que constituyen auténticos capítulos de la historia escénica nacional:
- Monina Solá
- Freddy Nanita
- Franklin Domínguez
- Marino Hoepelman
- Máximo Avilés Blonda
- Mario Heredia
- Zulema Atala
- Salvador Pérez Martínez
- Iván García
- Miguel Alfonseca
- Pepito Guerra
- Ángel Haché
- Rafael Gil Castro
- Luis José (Niní) Germán
- Flor de Bethania Abreu
- Ángela Herrera
- María Cristina Camilo
- Josefina Gallart
- Ana Hilda García
- Giovanni Cruz
- María Castillo
- Carlotta Carretero
- Amarilis Rodríguez
- Elvira Taveras
- Karina Noble
¿Por qué no se conoce suficientemente a Lucía Castillo?
¿Cómo es posible que una mujer que dedicó más de siete décadas al teatro dominicano sea relativamente desconocida para una parte de la juventud que hoy estudia actuación, dramaturgia, cine y comunicación?
La generación de Lucía Castillo construyó su prestigio en los escenarios, en las escuelas de arte, en las salas de teatro, en la radio y en la televisión. La notoriedad de los artistas actuales se desarrolla, en cambio, mediante plataformas digitales, producciones audiovisuales de circulación internacional, redes sociales y mecanismos de promoción que favorecen la exposición permanente.
Adicionalmente, el teatro tiene una característica particular: una representación sucede y desaparece. Si no existen registros audiovisuales, publicaciones, programas de mano, archivos de prensa y estudios históricos, una actuación extraordinaria puede quedar fuera del conocimiento de quienes no tuvieron oportunidad de presenciarla. La tercera razón es que la docencia teatral suele recibir menos reconocimiento público que la actuación.
Un actor que protagoniza una producción recibe aplausos, críticas, entrevistas y fotografías. Un maestro que forma a veinte, treinta o cien actores puede pasar inadvertido para el público, aunque su influencia termine multiplicándose en decenas de escenarios. Ese es precisamente uno de los fenómenos que explica la trayectoria de Castillo.
En una entrevista publicada por El Caribe en junio de 2025, la actriz Lidia Ariza recordó a Castillo como una figura maternal dentro de la escuela de teatro. Ariza la llamó «su madre» en aquella etapa de formación y reconoció la importancia de sus enseñanzas.
La juventud no necesariamente desconoce a Lucía Castillo porque su obra carezca de importancia, sino porque su trabajo no ha sido prioridad para los medios debido al relativo anonimato que impone la docencia. Castillo pertenece a una generación cuya actividad principal transcurrió en un contexto teatral diferente. Su trayectoria no debe medirse exclusivamente por su presencia en las temporadas actuales.
Hay que distinguir entre dos condiciones profesionales: el actor que mantiene una actividad escénica permanente y el artista que, tras una prolongada carrera, deja una obra cuya influencia continúa mediante sus discípulos. En el caso de Castillo, la segunda dimensión resulta determinante.
Su título de maestra de declamación, obtenido en 1952 en el Conservatorio Nacional de Música, constituye un dato fundamental para comprender su preparación. La declamación no consiste simplemente en memorizar poemas y recitarlos con buena pronunciación; es una interpretación artística de la palabra escrita. El declamador debe descubrir la intención del autor, comprender la emoción del texto, administrar los silencios, manejar la respiración y producir una comunicación que permita al público experimentar el contenido de la obra. En Castillo confluyeron dos disciplinas: la formación teatral y el dominio de la expresión oral.
Una referencia publicada con motivo de su premio en 2026 relata que estudiantes de otras especialidades de Bellas Artes procuraban asistir a sus clases para escucharla declamar textos amorosos, cristianos y sociales. Esa capacidad de atraer espectadores sin necesidad de una representación teatral convencional constituye un indicio significativo de su dominio de la palabra.
El premio reconoce que formar actores también es hacer teatro. La enseñanza no es una actividad periférica, sino una de las condiciones indispensables para que una tradición teatral sobreviva y para la recuperación de la memoria histórica. Castillo representa a una generación que conoció los primeros esfuerzos institucionales por organizar el teatro dominicano y que participó en la construcción de sus estructuras profesionales.
Además, el solo anuncio despierta curiosidad en las nuevas generaciones por conocer a sus maestros. La distinción también plantea una responsabilidad al Ministerio de Cultura y a Bellas Artes: preservar el legado de una artista cuya experiencia puede contribuir a la formación de quienes hoy estudian interpretación.
La elección de Lucía Castillo como Premio Nacional de las Artes Escénicas 2026, categoría Teatro, debe entenderse como algo más que una distinción a una actriz veterana. Es el reconocimiento a una mujer que dedicó su existencia a una disciplina artística, que se preparó profesionalmente cuando las oportunidades de formación eran limitadas y que convirtió sus conocimientos en patrimonio compartido mediante la enseñanza.
Su importancia no se mide solamente por la cantidad de personajes que interpretó, sino también por la cantidad de artistas que ayudó a preparar. Hay actores que dejan personajes memorables. Hay directores que dejan espectáculos memorables. Hay dramaturgos que dejan obras que sobreviven a sus autores. Y hay maestros que dejan algo todavía más difícil de contabilizar: una manera de entender y ejercer una profesión. Lucía Castillo pertenece a esta última categoría.
El reconocimiento a Lucía Castillo es, en definitiva, un reconocimiento a la memoria de los maestros del teatro dominicano. Y esa memoria no debería depender exclusivamente de que sus protagonistas alcancen una edad avanzada para que el país decida celebrarlos, ni de que figuren en la estelaridad de titulares de prensa, ni en la viralidad infinita de las redes sociales.
Hay verdades y realidades que no siempre se encuentran en estos dignos espacios de información sistematizada.
Fuentes
- Acento: Lucía Castillo es Premio Nacional de las Artes Escénicas 2026, categoría Teatro. Información del veredicto y trayectoria.
- El Caribe: Festival de Teatro en honor a Niní Germán y Lucía Castillo. Antecedentes del homenaje de 2017.
- Dirección General de Bellas Artes: Compañía Nacional de Teatro. Historia institucional y relación de integrantes históricos.
- Senado de la República: Acta núm. 0147, del 13 de diciembre de 2022, expediente 01494-2022-PLO-SE. Documentación legislativa de su reconocimiento.
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