Es curioso, incluso extraño, que en ninguno de los estudios sobre el tema de la riqueza léxica se registre una definición o descripción explícita y directa del concepto. Muchos investigadores lo utilizan como sinónimo de densidad léxica y, al mismo tiempo, hacen referencia a la densidad léxica del texto como una medida estadística que revela la riqueza léxica. Lo que sí está claro es que de las numerosas investigaciones sobre esta materia puede extraerse la conclusión de que la riqueza léxica es una destreza compleja que involucra la variedad, la cantidad y la densidad léxicas.

La relevancia de la riqueza léxica como un valor lingüístico reconocido universalmente resulta innegable. Nadie se atrevería a cuestionar la importancia que tiene para cualquier persona la habilidad de usar un vocabulario variado y apropiado a las circunstancias, es decir, la capacidad de mostrar que posee lo que cualquier hablante entiende intuitivamente como ‘riqueza léxica’.

De forma específica, el concepto podría definirse como el caudal de vocabulario nocional que se actualiza según el tema del discurso y las circunstancias comunicativas. En otras palabras, la riqueza léxica representa el grado de madurez y dominio léxico general de un hablante.

A este propósito, es pertinente y esclarecedora la descripción que ofrece el Centro Virtual Cervantes en su ‘Diccionario de términos clave de ELE’:

La densidad léxica de un texto es la relación que existe entre su extensión (número total de palabras) y el número de palabras distintas que contiene. Se trata de una medida estadística que da cuenta de la riqueza léxica de un texto: a mayor densidad léxica, mayor número de palabras distintas. En otros términos, un texto con una alta densidad léxica posee muchas palabras distintas que se repiten pocas veces, mientras que un texto con una densidad léxica baja contiene pocas palabras que se repiten muchas veces.”

Algunos autores describen la diversidad léxica como el uso de un vocabulario variado, con poca repetición de las palabras utilizadas. Indican que es la proporción de palabras de contenido semántico (nombres, verbos, adjetivos, y adverbios) con respecto al número total de palabras de un texto.

En el ámbito hispánico son ampliamente conocidos dos métodos o pruebas que permiten medir la riqueza a través de la densidad léxica: uno elaborado por Ávila y otro por López Morales. En el estudio de Raúl Ávila, el autor declara: “La densidad léxica es una medida que se basa en determinar cuántas palabras diferentes o tipos léxicos aparecen en un segmento determinado de un texto. Por ejemplo, si el segmento es de 100 palabras gráficas u ocurrencias y hay 59 tipos léxicos, el coeficiente de densidad es el mismo que el de los tipos”. Para ser más claro y explícito, en la nota 10 se añade: “el coeficiente de densidad D se obtiene dividiendo los tipos T entre el número de palabras gráficas N. Es decir, D = T / N. En el ejemplo, si N = 100 y T = 59, D = 0.59”. Y para mayor simplicidad, sugiere presentar la cifra como el entero 59.

Según la propuesta de López Morales, se debe tomar en cuenta ‘el porcentaje de vocablos (PV) del total de palabras de un texto (N)’ y también ‘se mide el intervalo de aparición en el texto de las palabras de contenido semántico nocional (IAT)’. Estas unidades de contenido semántico (verbos, sustantivos, adjetivos y adverbios) son llamadas palabras nocionales (PN). López Morales explica: “La riqueza léxica se obtiene al considerar la cantidad de vocablos o unidades léxicas diferentes y el total de palabras de contenido nocional (PN). El primer cálculo que se realiza es el que determina el porcentaje de vocablos (PV). El procedimiento requiere que se divida el total de vocablos (V) entre el total de las unidades léxicas comprendidas en el texto (N) y luego se multipliquen por 100.” Añade que para cuantificar el intervalo de aparición de palabras de contenido nocional (IAT), se divide el total de palabras (N) entre el total de las palabras nocionales (PN). Según el resultado de esta operación se puede concluir que “a mayor número de palabras nocionales, menor es el intervalo, lo que se interpreta como mejor índice de riqueza léxica”.

A continuación, se ofrece una muestra del cómputo de la riqueza léxica del texto de un estudiante de nivel secundario de Santo Domingo. Se destacan con fondo sombreado los vocablos de contenido semántico.

Un texto de secundaria muestra la riqueza léxica de este nivel. (Archivos del autor).

¿Cómo se puede promover el desarrollo de la riqueza léxica?

En este terreno, el primer recurso disponible para cualquier persona es la lectura. Por medio de la lectura constante, preferiblemente supervisada, el estudiante se va familiarizando con un vocabulario nuevo utilizado en contextos específicos. Y, naturalmente, el enriquecimiento léxico puede reforzarse también mediante la realización frecuente de ejercicios, como algunos de los que se muestran a continuación a manera de sugerencia.

  1. Sustituir el verbo PONER por otro más apropiado al contexto sin repetir ninguno:
  2. Pusieron el pájaro en la jaula.             Encerraron
  3. La enfermera le puso pomada en la herida. untó
  4. ¿Por qué no le pones un poco más de sal? echas
  5. Por favor, pongan un poco de atención. presten
  6. Pon la sábana de forma que cubra bien el colchón. Tiende
  7. En las siguientes oraciones, sustituir el verbo por el antónimo que le corresponda:
  8. Yo la respuesta. Yo ignoro la respuesta.
  9. Tiene medios de fortuna. Carece de medios de fortuna.
  10. La ley ha sido promulgada. La ley ha sido derogada.
  11. Conseguí persuadirlo de que viniera. Conseguí disuadirlo de que viniera.
  12. Los cuerpos se dilatan con el calor. Los cuerpos se contraen con el frío.

III.      En estos enunciados, sustituir la subordinada de relativo por el adjetivo equivalente:

Ej.: El descanso /que tiene lugar por la noche/       nocturno

  1. Un estilo /que utiliza pocas palabras/ conciso
  2. Adornos, cosas o rasgos /que sobran/             superfluos
  3. Una manera de hablar /que no es natural/ afectada
  4. Un pueblo /que no vive en un territorio fijo/ nómada
  5. Una luz /que se enciende y se apaga/             intermitente

Información más detallada sobre este tema se encuentra en el trabajo Datos para un diagnóstico de la enseñanza del español en las escuelas públicas de Santo Domingo, de 2021, que puede leerse en Internet siguiendo este enlace https://scholarsarchive.byu.edu/books/27/.

Orlando Alba

Linguista

Orlando Alba es un lingüista dominicano, socio de Honor de la Asociación de Lingüística y Filología de América Latina, ALFAL, miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana y académico correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua. Fue condecorado por el Estado dominicano con la Orden de Duarte, Sánchez y Mella, en el grado de Comendador. Ha sido catedrático de la PUCMM y de Brigham Young University. Su bibliografía incluye numerosos artículos en revistas especializadas y más de una docena de libros que analizan, principalmente, temas relativos al español dominicano. Con motivo de su jubilación, un grupo de colegas reconoció su carrera académica de más de 40 años con la publicación del libro ‘Estudios de lengua y lingüística españolas – Homenaje a Orlando Alba’ (Ed. Peter Lang SA).

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