Para entender mejor lo que es el acento en la lengua, conviene comenzar explicando lo que no es el acento. Con frecuencia se escuchan en el habla corriente afirmaciones como las siguientes: ‘Esa persona habla con acento cubano’. ‘Antonio habla muy bien inglés, completamente sin acento’. En ambos casos, la palabra acento se está empleando en un sentido que no tiene nada que ver con lo que es, en realidad, el acento en el campo del vocabulario técnico de la lingüística. Al decir que alguien habla con acento cubano, generalmente se quiere expresar que tiene una entonación, unas curvas melódicas o modulación de la voz típicas de un hablante cubano, o que, por ejemplo, asimila la /r/ y la /l/ a la consonante siguiente, y pronuncia [pátte], por ‘parte’, o [ággo], en vez de ‘algo’, un fenómeno fonético muy generalizado en Cuba. Pero los cubanos, igual que el resto de los hablantes de español, coinciden en pronunciar, por ejemplo, las palabras ‘agua’, ‘cabeza’, ‘jugar’, ‘zapato’, ‘inteligente’, con el mismo acento, destacando exactamente la sílaba que corresponde.
Del mismo modo, la afirmación de que un hispanohablante habla inglés sin acento se refiere normalmente a que articula los sonidos del inglés con la adecuación, el dominio y la fluidez propias de un anglohablante. Pero, al pronunciar, por ejemplo, las palabras ‘father’ o ‘tomorrow’, tanto el que habla como nativo como el que no, ponen el énfasis, el acento, en el mismo lugar. En sentido estricto, es imposible ‘hablar sin acento’ el inglés ni ninguna otra lengua.
Por otra parte, está ampliamente generalizado el empleo del término acento para referirse a la señal gráfica, a la rayita oblicua que se coloca sobre algunas vocales: ‘árbol’, ‘décimo’. Este es, por cierto, el sentido número 2 que registra el diccionario académico para el citado término. Se dice, entonces, que ‘árbol’ tiene acento, pero que ‘casa’ no. Pero, como es obvio, la rayita sobre la vocal no es el acento. Es simplemente una marca gráfica que señala en la escritura la vocal que se pronuncia con acento en una palabra. Así como tiene acento la /a/ de ‘árbol’, también lo tiene la primera /a/ de ‘casa’, porque el acento no es una realidad gráfica, sino acústica, fonética. A propósito de este tema, vale la pena apuntar que la mayoría de las vocales que se pronuncian con acento no llevan la señal gráfica en la escritura, es decir, aparecen sin tilde.
El estudio del acento real, el acento fonético, supone la delimitación dentro de la cadena hablada de dos tipos de segmentos, ambos normalmente más extensos que el fonema.
En primer lugar, se identifica la unidad acentuable, compuesta por los sonidos sobre los que se realiza o se puede realizar el énfasis, el acento. En español, como en muchas otras lenguas, esta unidad es la sílaba. En segundo lugar, se descubre la unidad acentual, que consiste en la secuencia de segmentos en el interior de la cual se realiza el contraste entre sílaba acentuada y sílabas sin acento. En español, esta unidad coincide a veces con la palabra. Por ejemplo, en la oración ‘Quiero beber agua’ hay tres acentos y tres palabras. Sin embargo, en otros casos la unidad acentual rebasa los límites de la palabra. Así, en la oración ‘Los hijos de mi vecino se fueron de vacaciones’, a nueve palabras corresponden solo cuatro sílabas acentuadas, distribuidas en sus respectivas unidades acentuales: [losíhos] – [demibesíno] – [sefwéron] – [debakasjónes]. La unidad acentual equivale al grupo tónico, que se compone de un conjunto de sílabas que se pronuncian subordinadas al mismo acento. En ‘los hijos’ o en ‘se fueron’, por ejemplo, el primer componente (‘los’, ‘se’) es inacentuado y necesita unirse, en una misma unidad de pronunciación, a la palabra acentuada siguiente, ‘hijos’ y ‘fueron’, respectivamente. Esta unidad de pronunciación, o acentual, es tan compacta que ‘impide’ la intercalación de pausa en su interior. No es ni suena natural, hacer pausa, por ejemplo, entre ‘los’ e ‘hijos’, o en medio de ‘se’ y ‘fueron’.
Toda palabra de dos o más sílabas, pronunciada de manera aislada, presenta una sílaba con una carga acentual superior a la de las demás. Sin embargo, dentro de la oración existen palabras carentes de sílaba tónica que, consecuentemente, solo pueden constituir una unidad acentual enlazadas a otras palabras portadoras de acento. Esas palabras inacentuadas o átonas se llaman proclíticas si se apoyan sobre la palabra siguiente (‘me lo dijo’, ‘de aquí’) y enclíticas cuando se agrupan con la precedente (‘escríbeme’, ‘contándoselo’).
El acento se puede definir como el elemento fonético que destaca o pone de relieve una sílaba (unidad acentuable), por medio de un aumento de tono y de intensidad, en el interior de una palabra o construcción mayor (unidad acentual). En este sentido, tiene pleno fundamento el empleo metafórico del término cuando se dice, por ejemplo, “Debes poner el acento en la disciplina dentro de la clase” (…enfatizar, darle mayor importancia a la disciplina).
La función del acento es, esencialmente, contrastiva. Consiste en resaltar una sílaba frente a otras que necesariamente carecen de ese incremento en la misma unidad acentual. Es decir, el acento supone la presencia de su opuesto en la misma secuencia. Por esta razón, para percibir que la sílaba pe de ‘pelo’ es acentuada, hay que escucharla junto a la sílaba siguiente lo, inacentuada. Igualmente, la pe de ‘peló’ se oye sin acento solo mediante la confrontación con la sílaba adyacente ló, acentuada. Si se escucha la sílaba (también ‘palabra’) ‘lo’ aislada o suelta, no es posible saber o percibir si tiene o no tiene acento.
El contraste entre sílaba acentuada y sílabas inacentuadas se produce y se percibe por medio de los parámetros fonéticos de la duración, el tono y la intensidad, combinados de modo especial en cada lengua. Tradicionalmente, muchos consideraban que, de esos factores, el responsable del acento español era, en primer lugar, la intensidad. Pero distintas investigaciones instrumentales realizadas de forma separada por varios autores han demostrado que el tono es la clave o el factor principal del acento español. La duración desempeña un papel secundario, aunque más importante que el de la intensidad.
Existen lenguas en las que el acento recae siempre sobre una determinada sílaba de la palabra o unidad acentual. Se trata de las lenguas de acento fijo. En otras lenguas, llamadas de acento libre, este puede situarse en distintas posiciones dentro de la unidad acentual.
Lenguas de ACENTO FIJO:
Acento sobre la última sílaba: francés y turco
Acento sobre la penúltima sílaba: polaco
Acento sobre la antepenúltima sílaba: macedonio
Acento sobre la primera sílaba: checo, finés, islandés
Lenguas de ACENTO LIBRE:
alemán, ruso, inglés, italiano, español, portugués, etc.
Lógicamente, una lengua de acento libre debería ofrecer tantas posibilidades de colocación del acento cuantas sílabas tenga la palabra: dos posibilidades en los bisílabos, tres en los trisílabos y así sucesivamente. De acuerdo con esto, es necesario precisar que el español es más bien una lengua con acento de libertad limitada. Es decir, la posición del acento español solo es libre dentro de una zona acentuable que se circunscribe a las tres últimas sílabas de la palabra.
Pueden contrastar las palabras ‘depósito’, ‘deposito’, ‘depositó’; ‘estímulo’, ‘estimulo’, ‘estimuló’. Pero no es posible un contraste entre ‘depósito’ y una hipotética palabra *‘déposito’, con acento sobre la cuarta sílaba contando a partir del final de la palabra. Dicha palabra no solo resultaría difícil de pronunciar, sino que sonaría anormal, desviada, a los oídos de un hablante nativo. Cuando una palabra contiene más de tres sílabas, las anteriores a la antepenúltima son forzosamente inacentuadas. El español no admite, por tanto, las llamadas palabras sobreesdrújulas, salvo en casos especiales de palabras compuestas que, por lo demás, regularmente contienen dos sílabas acentuadas (como los adverbios en -mente: fácilmente), o constituyen unidades sintácticas superiores a la palabra (como ‘mándaselo’, que es una oración). Resulta revelador en este sentido el hecho de que las palabras esdrújulas ‘régimen’ y ‘espécimen’, al pasar a plural, desplazan su acento un lugar hacia el final: ‘regímenes’ y ‘especímenes’. De no ser así, el acento caería fuera de la zona acentuable y se crearía una ‘palabra’ aberrante, anormal, prohibida.
Otro ejemplo que confirma la inexistencia del esquema acentual sobresdrújulo es el de asíndeton (‘el omitir las conjunciones en un texto’). El plural tiene que mantener la misma forma del singular (los asíndeton), porque de lo contrario, surgiría una secuencia ilícita, sobresdrújula: *asíndetones. Según esto, en español solo hay tres tipos de palabras de acuerdo con la posición del acento: agudas, llanas y esdrújulas. Y vale la pena puntualizar que, de las tres posibilidades, el español muestra una evidente predilección por las llanas, que representan alrededor del 80% de las palabras de la lengua. Sobre estas y muchas otras cuestiones fonéticas relativas al español, puede consultarse mi libro siguiendo este enlace: https://scholarsarchive.byu.edu/books/9/.
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