La lectura de un libro de cuentos plantea un ejercicio de selección tan legítimo como el que ejerció el propio autor al ordenar su libro. No se trata de agotar el volumen en su totalidad. Más bien, se trata de detenerse donde el oficio narrativo alcanza una densidad particular, donde la estructura del relato y su sustancia temática se funden en una unidad que trasciende la anécdota.
Entre los cuentos del libro, "La muerte del poeta" ocupa un lugar singular, no solo por su factura sino por el episodio editorial que lo acompaña. Según refiere el texto complementario incluido al final del relato, el manuscrito llegó a manos de Juan Bosch, quien ―al escucharlo leído en voz alta— reconoció en la historia de Manuel, el joven poeta en formación, un eco de su propia biografía intelectual. Ese dato extratextual no debe eclipsar el logro autónomo del cuento que reside en su capacidad para narrar el proceso de una vocación desde dentro. Como la iniciación en la lectura, el descubrimiento progresivo de una tradición poética, la construcción de una voz propia y finalmente un acontecimiento que obliga al protagonista a interrogarse sobre el sentido último de escribir.
El cuento no necesita subrayar su propia importancia; la deja emerger de la sucesión de escenas cotidianas que configuran un itinerario creíble. Al llegar el giro que da título al relato, el lector ya ha sido preparado sin percibirlo del todo, esta crisis de identidad artística que el autor resuelve con una imagen sobria.
Es, en suma, un cuento sobre el precio simbólico de la creación. Un tema que la literatura hispanoamericana ha tratado con frecuencia, pero que aquí adquiere una textura distinta gracias al anclaje en un ambiente universitario y libresco descrito con verosimilitud y cariño.
En cambio, si "La muerte del poeta" trabaja el tiempo interior de una vocación, el "Viaje a la nada" opera en el registro de lo alegórico y lo fantástico, sin dejar de lado el rigor narrativo. Este cuento parte desde la perdida de Nínive y de la decisión de este de abandonar toda rutina para emprender una peregrinación sin rumbo, "sin plan, sin prisa", como reza el propio texto.
Lo notable de este texto es la manera en que Olivo Peña sostiene un estado de suspensión temporal en la que el protagonista transita ciudades, montañas y estaciones climáticas enteras sin que el lector pueda anclar con precisión cuánto tiempo ha transcurrido en uno u otro. Esa ambigüedad es el mecanismo central del relato preparando con habilidad el reconocimiento final al que se somete tanto al protagonista como el propio lector.
La prosa aquí se permite un lirismo mesurado, en las lluvias, en los animales, en la vida a la intemperie que a su vez contrasta deliberadamente con la aspereza urbana y política de otros cuentos del volumen y que demuestra la versatilidad de registro del autor.
Hay en este relato una reflexión implícita sobre la posibilidad de una existencia despojada de posesiones y de ansiedad, que Olivo Peña no resuelve con un discurso explícito sino con la observación del cambio interior del personaje.
De los tres relatos que he elegido resaltar, "La fotografía" es quizás el que exhibe con mayor nitidez las cualidades que lo emparentan con la escritura teatral. Su estructura, una pareja confinada en el espacio cerrado de una habitación de motel, un afuera amenazante que se anuncia mediante sonidos estridentes de sirenas, un altavoz, voces, antes de siquiera manifestarse visualmente, un diálogo que alterna la intimidad erótica con el suspenso de lo inminente, respondiendo casi punto por punto a las exigencias de una puesta en escena.
Sale entre líneas en la unidad de espacio, la tensión entre lo que los personajes saben y lo que el espectador intuye, y sobre todo el objeto simbólico que da título al cuento y que opera como bisagra dramática en el cuerpo de lo escrito, son elementos que un dramaturgo reconocería de inmediato como material aprovechable.
El relato retrocede y avanza sin perder claridad, ágilmente alternando la presente amenaza con el pasado de la relación entre los amantes, un procedimiento característico en el teatro y el cine contemporáneo, pensando en recursos como el flashback dentro de un mismo cuadro escénico. La revelación final, condensada en una frase breve escrita al dorso de una fotografía, posee la fuerza de una didascalia teatral. "La fotografía" se perfila, en mi opinión, como el cuento del volumen con mayor potencial de adaptación escénica.
Cada uno de los relatos mencionados lleva la atención del lector hacia una revelación que reconfigura lo leído. En "La muerte del poeta", esa revelación es interior y simbólica; en "Viaje a la nada", temporal y casi metafísica y en "La fotografía" drama de más. Todos constituyen una muestra elocuente de las posibilidades narrativas que Gustavo Olivo Peña despliega en Desde un costado de la (des)memoria, y confirman que, más allá de la diversidad temática del volumen hay en su escritura un universo de ficción disfrutable para nuevos y consagrados lectores del cuento breve.
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Perla Castillo Rodríguez es oriunda de San Ignacio de Sabaneta, Santiago Rodríguez, República Dominicana. Actualmente cursa la carrera de Filosofía en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) donde compagina sus estudios con la creación literaria. perlicecastillor@gmail.com
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