Boceto para una danza
Una mujer se mete muy dentro de la lluvia
para encontrar su infancia.
Va huyendo de su muerte o de mis ojos,
del olor de los cerezos y las aves,
de la risa acribillada de los días.
Cada beso de agua,
deshoja el girasol de sus cabellos,
mientras sus pies desnudos entonan una música
parecida a los muelles de noviembre.
Hay un ciento de ojos removiendo sus pechos
desde los altos ventanales del miedo,
pero ella solo escucha
la canción a capela de un niño que la hechiza,
y que tiene un mirar de un verde indescifrable,
como las algas muertas a la orilla de Güibia.
El dios de las tormentas ha roto unos cristales,
para ver si despierta sus parpados de nubes,
y ella sale triunfante del trance que la habita.
Ahora, lentamente se ha quitado el vestido,
y hay un ciento de ojos agrandados de sueños
mirándola danzar al centro de la lluvia.
Balada de Safo
Quiero besarte hoy,
en esta hora,
a mitad de este infierno que atravieso,
al final de este túnel que alucina,
a rededor de esta daga que me hiere.
Quiero besarte ahora,
en este hoy,
que quizás no tenga otra cuartada,
ahora que solo yo voy entre clavos,
mientras tú flotas en medio de la duda.
Mañana,
el mundo derribará las torres
que levanta mi sangre iluminada.
Mañana,
el mundo cortará los sauces,
donde refugio mis aves ilusorias.
Mañana,
el mundo anegará mi barca,
en donde hoy solo el placer naufraga.
Quiero besarte hoy,
en esta hora,
de mujer a mujer,
como a mí misma,
antes que el horizonte se llene de cenizas,
antes de que la sombra invente otro pecado.
Toda mujer
Toda mujer amando es un camino,
en donde el tiempo oscurece sus palomas.
Puede que la llovizna la ande de parte a parte,
que andándola el asombro despliegue sus banderas,
que oliéndola la muerte repique sus campanas.
Toda mujer amando es una isla,
rodeada de coleópteros y sombras,
con un rumor de arcilla entre las piernas.
Toda mujer amando es un abismo,
un aullido feroz, es una selva,
una cuerda tensada en la neblina,
atada al eslabón de su locura.
Toda mujer amando es una sed,
que agrieta la vasija del espanto
y en una gota de elíxir se socava.
Toda mujer amando es una horca,
toda mujer amando es una daga,
toda mujer amando es un eclipse,
toda mujer amando es emboscada.
Toda mujer que ama es un puñal,
toda mujer es címbalo si ama,
toda mujer que ama es un espejo,
toda mujer amando es una llaga,
toda mujer amando es un infierno.
Atravesando a tientas la garganta,
toda mujer amando es una sed,
del tamaño de la gota que la embriaga.
Dame tu boca
Dame tu boca
Te voy a amar
en lo que te conviertas.
No importa si después te vuelves pájaro
si a la mañana siguiente de besarte
eres libélula o luciérnaga.
Dame tu boca
ella hará que te ame bajo todas las formas
lo que decidas ser después de amarnos
lo que en tus manos transformes mis temores
lo que en tu cuerpo mi pena se construya.
Dame tu boca
no importará si a mitad de mi desgarre
vuelas o te arrastras
si estás del otro lado del delirio
si te vuelves arrecifes o fantasmas.
Dame tu boca
aunque después te tornes en eclipse
aunque me dejes como cifra de tormentas.
Bolero 23
Nadie tuvo su cuerpo
de desnudez salobre como las caracolas.
Ningún amor se vio en sus ojos de nubes,
ni bebió de su boca
las sílabas terribles con que nace el conjuro.
Nadie besó sus senos.
Ningún fantasma pudo atravesar descalzo
el risco de su espalda quebrándose en la lluvia.
Nadie la vio quitarse
ese viejo vestido de las hojas caídas.
Nadie escuchó sus pasos saliendo del insomnio,
ni vio la nieve roja que alumbraba su sexo.
Sólo yo estuve allí.
Mirando levitar su lúgubre mortaja,
con el ojo perverso con que mira el asombro,
con la muerte impaciente deletreando su nombre.
Su boca era un rumor
Ella amaba la lluvia
y ella era en sí misma
una lluvia indecible de trigos y amapolas.
Cual, si fuera una huida de plenitud y asombro,
su boca era un rumor de gotas sobre el techo
y su sexo un camino poblado de relámpagos.
Nunca se vio dos veces
a sí misma al espejo,
era distinta y única como todos los miedos.
Sé que amaba la lluvia
porque sus manos iban desbocadas al mar
y sus ojos tocaban como beso de incienso.
Ella puso su lengua,
sobre el pájaro acuoso que gravita mis sienes,
ella tenía el delirio triunfal del aguacero,
por eso yo la amé con mi cuerpo de tierra.
Para dibujar la amnesia
Prometo arrancarte de todos mis rincones
desmembrar tu recuerdo como una cosa mustia,
cual la vela raída de un velero incendiado,
como una cicatriz esparcida en el viento.
Prometo que esta noche recogeré tus huellas
llenando de cenizas el hueco de mis ojos
todos los segundos me negarán tu cuerpo
para que no haya tiempo de volver a tu gozo.
Voy a extraviar llorando estas ansias de verte
y esconderé tu nombre debajo de los árboles.
He cortado en pedazos tus últimos quejidos
he quemado en incienso tu mirada más honda
He arrancado de mí
cada miembro besado por tu boca que incendia
me miro y no conozco quien soy en esta hora.
Le he dado cada poro de este infierno que anda
a las pobres abejas que emigran hacia el norte.
Le regalé mi sexo a miles de lechuzas
que desandan sin dueño el balcón de la noche.
He cortado este amor en lúgubres pedazos,
para sí tú decides rearmarme en tu deseo,
se te vaya la vida buscándome en el bosque.
Mulata
Hay una niña en Brooklyn
que la boca le sabe a lluvia de noviembre
en su pecho hay un valle de almizcles y jazmín
en donde alguna vez estuvo el paraíso
ya no tengo el derecho de recordar su rostro
lo fui desdibujando a fuerza de nostalgia
descompuse su cuerpo en las nuevas derrotas
y ahora solo retengo el olor de sus trenzas
ahora solo recuerdo el sabor de su boca
hay una niña en Brooklyn
con un tatuaje rosa que le bosqueja el pubis
yo cincelé sus puntos con sangre de cayenas
y deslindé sus formas con savia de fantasma
pero no la recuerdo
a veces simplemente deambulo por los trenes
y me entran unas ganas enormes de besar
a todas las mulatas que tienen su sonrisa
hay una niña en Brooklyn
detenida por todos mis relojes de asombro
esculpida en la angustia de no encontrar de nuevo
ese valle de almizcle que nacía de sus pechos
la lluvia que en su boca mojaba mis noviembres.
Bolero 54
Tengo una mujer acostada de espaldas
Justo donde comienza el lecho de las uñas.
Allí donde los ojos son rumores de incendio,
donde el búho más antiguo desviste las luciérnagas,
las locas velloneras de los amaneceres.
Quizás alguien la ha visto arrastrando su sombra
bajo el alero inicuo de todos los balcones,
destejiendo sus trenzas llenas de caracolas,
dándome a beber las algas de su río,
para luego dejarme buscándola en la niebla.
Hay una mujer a mitad de la noche
que aguijonea su pecho con un viejo conjuro.
Ningún duende se atreve
a desandar el filo del borde de sus senos,
esa música torpe que despiden las piernas
quitando los cerrojos amarillos del tiempo.
Solo yo entré desnudo,
a repicar el címbalo que aloca sus altares
avivando mi nada con la llama incesante,
de tener en el lecho de las uñas su nombre.
Contrapuntos
Oscúrame.
Méteme debajo de tu lengua
para que el viento pase y no me llame.
Lunízame.
Pon tu lumbre de ámbar prometido
sobre mi piel que en tu sueño se descama.
Llovízname.
Que mis pasos se hermanen a tus huellas,
que se guarezca mi voz en el asombro
de saberte única y posible.
Llovízname.
Lunízame.
Oscúrame.
El deseo de partir dijo tu nombre.
Los primeros amantes
Cuenta la leyenda que cuando aún no llovía,
y las hojas eran máscara del futuro pecado,
hubo alguien que inventó la palabra alegría,
esa rara moneda para comprar lo amado.
Cuenta la leyenda que, en la primera lluvia,
se juntaron las aguas convocando al gran río,
y ella se fue hasta el fondo con su melena rubia,
y él la siguió hasta el fondo con su amor de navío.
Y cuenta la leyenda que encontraron sus cuerpos,
abrazados de mangles, desnudos como puertos,
con un paisaje húmedo en los ojos inertes.
Por eso cuando llueve, la leyenda revive,
y a todos los amantes un torrente en declive,
los arrastra a quererse desafiando la muerte.
Amor a la medida
Bórdame un traje nuevo con tu boca de aguja,
quítame estos hilvanes de tristezas que tengo,
estira con tu piel esta piel que se estruja,
zúrceme a besos puros, ponme un sensual remiendo.
Cóseme un cuello único que tenga tus caricias
y puntada a puntada descóseme este miedo,
abre un ojal inmenso por donde entre tu risa,
deshilacha estas ansias que nacen desde el ruedo.
Dobla, corta, remata mi sueño descosido,
esta pasión maltrecha quiere ser tu vestido,
un escote por donde se fugue la ternura…
Y después que termine este raro diseño,
sobre la piel desnuda colocará el ensueño
el vestido inefable que sueña tu figura.
Dende que te vi lavando
Dende que te vi lavando
en la rivera dei río
no puedo ta’ entre ei bojío
y sólo vivo penando.
La jente me ve aguaitando
dende que va amanecei
a vei si te puedo vei
poi la vera dei conuco
caigando en ei babonuco
ei agua pa tu bebei.
Ei agua pa tu bebei
ei pañuelo que te alisa
y de tu monte la brisa
también yo quisiera sei
yo me quisiera metei
para gozai de lo tuyo
cuai si yo fuera un cucuyo
averao en tu ventana
y nos jalle la mañana
liao cual soga de andullo.
Liao cuai soga de andullo
quisiera pasai la vida
como fiera en su guarida
atesorando lo suyo
y ecuchai como un arrullo
en mi loma encaramao
la música dei Cibao
tocá poi cuaiquiei amigo
pa’ yo borraite ei ombligo
con un Perico Ripiao.
Con un Perico Ripiao
y una mujei como tú
sólo le pido salú
ai tiempo que me ha tocao
ei que nace en ei Cibao
tiene la dicha de vei
una diosa hecha mujei
atravesai su conuco
caigando en su babonuco
ei agua para bebei.
Desnudos
Besándote descubrí
el destino de mi viaje.
Desnudo. Sin equipaje.
Huyendo también de mí.
Amándote fue que vi
el camino de mis pasos.
Y fui dejando pedazos
de sombras mientras besaba
tu boca que me dejaba
sus soles y sus ocasos.
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