El mundo cibernético infoxicado, en estos tiempos convulsos, se encuentra marcado por la saturación de estímulos, notificaciones constantes y un flujo incesante de contenidos que roba el pensamiento reflexivo para que pongamos atención a la ciberbasura que brota de este cibermundo. Sin un pensamiento crítico, la mente queda atrapada en la dispersión, saltando de un estímulo a otro sin profundidad ni sentido, lo que debilita tanto la comprensión como la toma de decisiones.

La estrategia del sujeto cibernético es saber pensar para no quedar enredado en ciertas dinámicas de atención dentro de las redes sociales, que priorizan lo inmediato y lo superficial por encima de lo relevante. No se trata de pretender huir de este sistema cibernético, ya que esto es difícil, aun después de la muerte, pues se permanece como bits en el cibercamposanto de lo virtual, donde cada cierto tiempo se nos recuerda.

El problema no es escapar, más bien es saber navegar por los confines del ciberespacio y reflexionar, lo que implica detenerse, comparar ideas, evaluar fuentes y construir criterios propios como piloto de esas navegaciones. Esto requiere una actitud activa frente a la información, donde no todo vale lo mismo ni merece el mismo tiempo. En medio del ruido y miedo al cibermundo, aprender a enfocar la atención es un recurso fundamental para no naufragar en esa Fosa de las Marianas del ciberespacio y lograr mantener la autonomía intelectual y la producción de nuevo conocimiento.

Es por ello que pensar constituye una condición indispensable de la inteligencia humana para vivir de forma consciente. Como afirma Antonio Damasio (2021), la inteligencia humana no solo implica el procesamiento de datos, sino que integra emociones, experiencia y conciencia en la resolución de los problemas vitales. Sin embargo, esta capacidad se ve tensionada por la infoxicación: el bombardeo continuo de estímulos provenientes de redes sociales, noticias, publicidad y opiniones que compiten por la atención. Como resultado, emergen tres efectos fundamentales que intoxican al sujeto cibernético: la superficialidad del conocimiento, la desinformación y la fatiga mental.

De acuerdo con Rot (2023), la "infoxicación" describe un estado de sobrecarga informativa que paraliza la capacidad de pensar, sentir y actuar. La información deja de ser un medio para comprender la realidad y se convierte en un flujo incesante que dificulta la reflexión y donde la IA es un dispositivo ambivalente. Por un lado, promete organizar, sintetizar y facilitar el acceso al conocimiento. Por otro, puede intensificar la saturación al generar aún más contenido y al ofrecer respuestas inmediatas que sustituyen el esfuerzo reflexivo y crítico.

La IA, lejos de ser neutra, participa activamente en las dinámicas de sostenibilidad global.

La IA es un fenómeno cognitivo y también material. Su desarrollo en el cibermundo se inscribe en una infraestructura que requiere recursos energéticos e hídricos significativos. La relación entre tecnología, energía y agua se convierte así en un punto crítico que exige ser pensado como parte del oficio de pensar en estos tiempos transidos y cibernéticos.

El reciente informe del Stanford Institute for Human-Centered Artificial Intelligence (Instituto de Inteligencia Artificial Centrada en el Ser Humano de Stanford, 2026), El progreso de la IA continúa acelerándose y, además, intensifica la competencia geopolítica, con Estados Unidos y China liderando el desarrollo global.

Este avance tiene costos materiales relevantes: los centros de datos de IA alcanzan ya una capacidad energética cercana a 29,6 gigavatios, equivalente al consumo del estado de Nueva York en momentos de máxima demanda. Asimismo, el uso anual de agua asociado a modelos avanzados como GPT-4o podría superar las necesidades de agua potable de aproximadamente 12 millones de personas.

Estos datos evidencian una tensión fundamental: el progreso tecnológico es profundamente dependiente de recursos naturales. La IA, lejos de ser neutra, participa activamente en las dinámicas de sostenibilidad global.

En un mundo infoxicado, incluso las cifras más alarmantes pueden convertirse en información efímera que no transforma la conciencia. Según la neurocientífica Vivienne Ming, el uso excesivo de chatbots de IA puede reducir el esfuerzo cognitivo, ya que muchas personas tienden a copiar respuestas sin procesarlas ni analizarlas.

Esto limita la activación mental necesaria para desarrollar habilidades como el pensamiento crítico, la memoria y la creatividad, lo que podría tener consecuencias negativas a largo plazo. En este sentido, Ming advierte que, si esta forma de interacción se vuelve habitual, podría incluso contribuir al deterioro cognitivo, por lo que es fundamental utilizar estas herramientas de manera activa y reflexiva (Hogenboom, 2026).

Sabemos más, pero pensamos menos sobre lo que sabemos. Es una condición transida de estos tiempos. Cuando renunciamos a pensar críticamente, nos convertimos en consumidores pasivos de información. Aceptamos sin cuestionar, repetimos sin analizar y decidimos sin comprender. La velocidad sustituye a la reflexión, y la facilidad desplaza al pensamiento.

Sucumbir, en tal sentido, es perder la capacidad de pensar autónomamente. Es delegar el juicio, la interpretación y la decisión en sistemas externos. Es vivir en la ilusión de conocimiento sin comprensión real del mundo.

En el cibermundo, pensar se convierte en un acto de resistencia. Como actividad intelectual se articula con la práctica vital que permite recuperar la autonomía en un entorno saturado. Pensar implica filtrar, cuestionar, interpretar y construir sentido. En virtud de esto, hay que abogar por un pensamiento crítico para evaluar la información, pensamiento sistémico para comprender la complejidad y pensamiento reflexivo para transformar la duda en conocimiento. En un cibermundo donde las respuestas son inmediatas, el filosofar ancla en la formulación de preguntas significativas (Merejo, 2025).

Lo cibernético, lo digital y la IA pueden ser aliados, si se utilizan de manera consciente. Pueden ampliar perspectivas, organizar información y enriquecer el diálogo. Pero sin pensamiento, se convierten en tan solo un mecanismo de automatización que debilita la capacidad humana.

De ahí que pensar lo cognitivo es comprender que el nuevo analfabetismo es no saber pensar en medio de la abundancia informativa. Sobrevivir en el cibermundo no depende de cuánto consumimos, sino de cómo pensamos lo que consumimos. Pensar o sucumbir no es una metáfora, sino una condición real. En un mundo cibernético infoxicado, quien no filtra, se satura; quien no cuestiona, se equivoca; quien no piensa, sucumbe.


Referencias

Agamben, G. (2014). Qué es un dispositivo. Seguido de El amigo y la iglesia y el Reino. Trad.

Damasio, A. (2021). Sentir y saber: El camino de la consciencia. Editorial Planeta.

Dewey, J. (2007). Cómo pensamos: La relación entre pensamiento y proceso reflexivo. Paidós.

Heidegger, M. (2010). ¿Qué significa pensar? Trotta.

Kahneman, D. (2018). Pensar rápido, pensar despacio. Penguin Random House.

Merejo, A. (2025). El oficio de pensar. Diálogos filosóficos (T. 1 y 2). Editora Corripio.

Merejo, A. (2026). Filosofía política de la inteligencia artificial: poder, técnica y futuro humano. Aula de Humanidades.

Rot, M. (2023). Infoxicación: Identidad, afectos y memoria; o sobre la mutación tecnocultural. Paidós.

Cibergrafía

Hogenboom, M. (2026, abril 30). Por qué los chatbots de IA pueden estar volviéndote más tonto. BBC News Mundo.

La Vanguardia. (2026, marzo 20). Falsos médicos hechos con IA inundan YouTube: desinformación dirigida a personas mayores.

Stanford Institute for Human-Centered Artificial Intelligence. (2026). AI Index Report 2026. Stanford University.

Andrés Merejo

Filósofo

Profesor e investigador de la escuela de filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD): PhD en Filosofía. Coordinador del Master Filosofía en un mundo global UASD-UPV/EHU (País Vasco). Especialista en Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS). Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Premio Nacional de ensayo científico (2014). Profesor del Año (UASD). Fundador del Instituto Dominicano de Investigación de la Ciberesfera (INDOIC). Fundador del Observatorio de las Humanidades Digitales de la UASD (2015). Miembro de la Sociedad Dominicana de Inteligencia Artificial (SODIA). Miembro fundador e integrante de la Junta Directiva de la Asociación Iberoamericana de Filosofía de las ciencias y las técnicas (AIFCYT). Director de fomento y difusión de la Ciencia y la Tecnología, del Ministerio de Educación Superior Ciencia y Tecnología (MESCyT). Autor de varias obras: La vida americana en el siglo XXI (1998), Cuentos en NY (2002), Conversaciones en el Lago (2005), El ciberespacio en la Internet en la República Dominicana (2007), Hackers y Filosofía de la ciberpolítica (2012), La era del cibermundo (2015), La dominicanidad transida: entre lo real y virtual (2017), Filosofía para tiempos transidos y cibernéticos (2023), Cibermundo transido: Enredo gris de pospandemia, guerra y ciberguerra (2023), El oficio de pensar. Diálogos filosóficos (2025), vol. I y II, y Filosofía política de la inteligencia artificial. Poder, técnica y futuro humano (2026). Email: merejoandres@gmail.com

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