Las imágenes que evoca Baudelaire en El albatros se consagran con aquello que tanto aborrecemos del ser humano y que, a su vez, parece estar pintado en su frente cual si llevara una marca que las generaciones venideras no pueden borrar. Y es que se cuestiona, el poeta de Las flores del mal, sobre la acción del humano dañar lo que nos rodea, acción que supera la bondad, pues parecen más los despiadados que aquellos misericordiosos, tal como los clasificara Arthur Shopenhauer (5) cuando refiere que Dios desde su hacer primario, parece odiar su propia invención:

El hombre vino con el germen de la maldad partiendo de su concepción, por tanto, Dios es objeto de que se le tenga compasión en virtud de parecer indiferente ante lo mismo que creó, dejando obrar al humano en medio de un irreverente albedrío.

La esfera, Pastor De Moya (Álgebra de peces, pag.31)

La esfera

La primera imagen rueda en el cristal
Un búho resacado por la noche
denuncia el sacrificio de Narciso frente al río
ese tú mío discurre en corazones como ostras
maroma de la vida
sospecha del espía que homicida la sombra de su otro
segundo sacrificio de la imagen
de los árboles tan altos cuando crece gris ese pensar
de las cosas orinadas al amor
una llovizna quema el fuego de su fea belleza
el hombre reconoce en el sueño
su otro sueño de mujer.

-Ese tú mío- encierra esa visión del mundo dividido por el mismo tiempo, cohesionado por una realidad partida, la de allá y la de aquí, la coherencia de la visión que sostiene este poema y su autor, supone la dualidad fundadora del ser sin desintegrarse en su fluir.

La búsqueda de lo indispensable obligatoriamente modifica la entonación del signo y la palabra en su doble naturaleza: significado, significante, se convierten en una porción de la realidad perceptual. Las líneas de los sentidos y las de los procedimientos retóricos que constituyen simbolizaciones-forma o instrumento provienen de la literatura del siglo XX y la del siglo XXI que, sentada en lo que motivó a Platón dejar fuera de La República a un grupo de alumnos porque desatendieron la disciplina académica y se inclinaron al aprendizaje descuidado, marcó un antes y un después a la hora de hablar del uso de la palabra. De ahí la base de la experimentación con la misma.Y la experimentación anduvo paralela a la obra, una desatención que condujo a una nueva forma de expresión.

Nota: El filósofo español, Emilio Lledó, El silencio de la escritura, 1992, que fue galardonado con el Premio Nacional de Ensayo por el Estado español, el gran poeta el gran filósofo hace una revisión de por qué Platón en La República expulsa a los alumnos:  Platón echó de la República a los poetas no porque fueran vagos, sino porque no tenían doctrinas, y por tanto no le servían a La República en virtud de la falta de formación.

Pastor de Moya.

Circularidad de la locura

Del rojo al verde todo el amarillo se mueve
Guillermo Apollinaire
Del rojo al blanco
hay un vacío obstinado
de nubes de pájaros
de espirales mundos que blasfeman soledades
es voraz el reloj
si la moneda retorna a sus inicios
del rojo al blanco
hay un vacío de los signos entre cepos
en el loco del pueblo se repite
la historia de mis locos
anteriores.
En este poema de Pastor De Moya, el rojo es infierno, pasa hacia el blanco del ámbito infinito y del infinito, Dios. El rojo, en rayas cruzadas, entrelazadas, procede de texturas de Francisco de Goya en la desfiguración de personajes retorcidos: llantos y ladridos, esperpentos humanos, rojos grises y negros con formación del mundo en un estado que existe, y donde también se mora. Línea que toca el blancor de Dios, el aire serenado de San Juan, la limpia brisa, pájaros con abiertas alas atravesando plenitudes.
Del rojo al blanco, las experiencias, la singular del poeta y también encarnada en esos locos del pueblo que en su visión de vida asume con espanto, donde el poema recoge diseminados espacios de experiencia.

4 B. Dante Alighieri: precursor maldito

Mucho antes de que el nombre de poetas malditos apareciera en la historia universal del siglo XX, vertiendo rupturas dentro del modernismo, en la Edad Media( siglo V) , un hombre se convierte en precursor de tal denominación, su nombre: Dante Alighieri, Florencia, Italia (1265-1321), cuyo legado permanece vigoroso y latente en las postrimerías del siglo XXI al introducir un tema que ni los altos clérigos de la iglesia apostólica romana, si hablamos de la etapa inquisidora, pudieron ocultar: la existencia del infierno y sus tránsitos en La divina comedia, una de las obras más complejas hecha poesía. Compleja porque introduce, cual si fuera la Ilíada u Odisea (Homero), el paso hasta cierto punto épico de tres personajes glaciales dentro del algoritmo de lo sub-real.
De igual modo, ese sub-realismo mítico- místico se ve arrollado por una sistematización verdadera al recurrir, Alighieri, a tres personajes que dejaron atrás el cuerpo físico para vivir otra forma energética, donde pervive la conciencia. Virgilio, creador de La Eneida (año 29 a C), Beatriz, la mujer que en vida amó Dante, y la configuración de un joven poeta, retrato del mismo autor, a quien llama El peregrino, nos dan toda la información necesaria que sugiere un tránsito de vida fuera de la misma vida material.
Son estos personajes símbolos que resuelven un crucigrama tempestuoso, donde cada uno nos remonta a un portal: mundos cuánticos para alcanzar el paraíso dentro de las catatumbas del inframundo. En la superficie, plano intermedio, deambulan los que están aceptando que físicamente murieron, al centro de la tierra, la hoguera y almas expiando dentro del purgatorio nos recrea el juicio celestial donde se cuestiona, a flor de piel, las acciones en vida, y finalmente el ascenso a la altura luego del juicio expiatorio, anteceden y suceden a la poesía ambivalente de los poetas malditos para recordarnos que nada, siendo la nada un punto, es absoluto y que la verdad descansa en la individual percepción de lo externo, que ya traspone rebaños donde hay inadaptados para referir a quienes han sido rechazados por considerárseles diferentes.
Desde nuestro punto de vista, La divina comedia lleva en su morfología, además de dar apertura a los distintos grados del sufrimiento, experimentamos la secuencia de la fraternidad, solidaridad a través de la hermandad que el autor establece en los personajes citados, sin que con ello dejemos a un lado al ser humano dependiente de su actos, y esos actos, buenos y relativamente malos, los conducirán a un desenlace que mucho tiene que ver con aquello que el espacio del credo y la fe entiende por purificación del alma y del espíritu.
Dante Alighieri creó, en los espacios de la tortuosa edad del esplendor o del Renacimiento, un sistema que aún prevalece. Y, más aún, forjó otra realidad dentro de su percepción subjetiva: la monstruosidad que entrevé la vida y la muerte en manos de la divinidad a través de la intertextualidad, usando la metáfora para llevar al espectador a los extremos de aquello que nace y se hace dependiendo de cuánto sabemos, a propósito de la obra escolástica de Pastor De Moya.

José Enrique García

Poeta y novelista

Nacido en 1948, Licenciado en Educación y Letras de la Universidad Católica Madre y Maestra, Doctor en Filología por la Universidad Complutense de Madrid y Miembro de número de la Academia Dominicana de Lengua. Ganador de premios como Siboney de poesía con su obra El Fabulador, Premio Nacional de Novela con Una vez un Hombre. Escritor del Ritual del tiempo y los espacios, Un pueblo llamado pan y otros cuentos infantiles, ensayos como La palabra en su asiento y El futuro sonriendo nos espera.

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