(A manera de prólogo)
Para conocimiento de los-as lectores-as, presento estos datos bibliográficos sobre "Memorias del trastatarabuelo" (2026), de Manuel Matos Moquete.
Esta obra fue publicada en la colección editorial de Publicaciones Matos Moquete (PMM) e impresa en los talleres gráficos de Editora Soto Castillo, Santo Domingo, República Dominicana, 2026. Contiene 60 páginas.
El cuidado de la edición y la corrección de "Memorias del trastatarabuelo"-Poema cimarrón-, fue a cargo Lizet Rodríguez Hernández; la diagramación y la portada, fue a cargo de Juan Francisco Domínguez Novas. Mientras que la fotografía histórica fue restaurada con inteligencia artificial-IA, por la Dra. Altagracia Miledys Cuevas Pérez, hija del autor de esta presentación.
Al leer este poema de Manuel Matos Moquete, nos ponemos frente a un poetizar cimarrón cimentado en la memoria filial, desde la cual, el recuerdo de las hondas raíces de la generación familiar, queda registrado desde el discurso poético‒narrativo del sujeto autor.
Se trata de un extenso poema, sostenido por un ritmo interno latente, en el cual el trastatarabuelo y su descendencia conforman el tronco de una historia narrada, para así dejar cimentada y documentada la huella vital de quien, desde el imaginario del poeta, proclama su existencia, a partir del existir de los otros.
He aquí la cimarronía poética, fluyendo de la palabra que levanta una bandera libertaria, ceñida de universalidad; rompiendo las líneas de la insularidad caribeña, para incorporarse desde la lengua, convertida en nota fónica y asumir la voz vital del existir, sobre los grilletes del tiempo.
Hay aquí, en estas "Memorias del trastatarabuelo", de Manuel Matos Moquete, una metanarración que se asume en la infancia de Migue, desde la voz del trastatarabuelo, visualizando el contexto capitalino; aquel punto geográfico, junto al cual durmió, en su mágico hotel "La Fama", en la Avenida Mella, en abierto contraste con la aridez, la sequía, el tabardillo y el olvido del Sur.
Lo que hemos sido y lo que somos más allá de la geografía de los cayucos y las guazábaras, quedan aquí registrados en este poético narrar de nuestros encuentros y desencuentros.
En este extenso poema hay un relicario sobre el vivir de ayer de la gente del suroeste, sin lo cual, es imposible conocer
nuestro presente.
Hay aquí una armoniosa poética de la memoria. Una voz contra el olvido de nuestro existir, desde el convivir cotidiano
de nuestra cultura, de nuestra gente y sus trasiegos.
Desde este decir poético me miro y te miro. Te veo como fueron nuestros antepasados, desde la rutina familiar y el más
precario suspiro de nuestro histórico existir.
Es este un canto a nuestras raíces cimarronas, desde el traslucir evocativo de unos versos sencillos, simples, como es la gente que aquí se evoca.
Se escriben y se presentan, para invocar el valor antropológico y humanístico de unos seres humanos que han sabido defender su sentido de existencia, desde el maniel, en las montañas y la ciudad; desde el rancho, la casa o el bohío, en
nombre del reclamo libertario de vivir con sosiego y dignidad.
Hay en este extenso poema, una voz de la memoria infinita de lo que hemos sido y somos: cimarrones.
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