En relación con la obra titulada Llamas de fantasías (2026), del académico Santiago de la Cruz Mieses, los conceptos de onirismo, lirismo y fantasía quedan planteados como tres dimensiones vinculadas con el soporte expresivo y estético de su universo poético.

Aquí encontramos el onirismo como espacio del sueño, porque en esta obra el onirismo constituye una de las vías mediante las cuales la poesía transforma la realidad objetiva en una realidad interior.

El sueño permite que el poeta abandone las coordenadas estrictamente racionales para penetrar en un territorio donde se mezclan la memoria, el deseo, la imaginación, los símbolos y las emociones.

En Llamas de fantasías (Poemas, 2026), el campo semántico sugerido por “fantasías” conduce a una lectura onírica, donde la imaginación puede convertirse en un espacio en el que lo real y lo irreal dejan de funcionar como categorías opuestas o disímiles.

El procedimiento onírico puede entenderse aquí como transformación de la realidad cotidiana y/o asociaciones inesperadas entre imágenes; desplazamiento de los límites entre la realidad y el sueño; aparición de símbolos; evocación de espacios imaginarios o subjetivación de la naturaleza y de los objetos.

Así, el sueño no necesariamente aparece como sueño literal, sino como una manera de mirar y reconstruir el mundo del poeta.

En ese sentido, el onirismo cumple una función estética, ya que permite que la realidad exterior sea recreada desde la conciencia del sujeto-autor.

Aquí prevalece el lirismo como predominio de la subjetividad. El lirismo constituye en esta obra la dimensión afectiva del texto. Mientras el onirismo modifica la percepción de la realidad, el lirismo introduce en esa realidad la voz íntima del sujeto poético, porque el autor aquí deja fluir su fantasía. En este caso, su fantasía metafórica.

El texto lírico se caracteriza por la expresión de sentimientos, estados de ánimo, recuerdos, deseos, esperanzas, inquietudes y experiencias interiores del sujeto-autor. Por ello, Llamas de fantasías puede ser abordada a partir de una interrogante en relación con el funcionamiento interno del poetizar del autor en esta obra.

¿Cuáles sentimientos se transforman en imágenes y fantasías dentro de la voz poética en esta obra?

La respuesta puede permitir identificar el centro emocional de la obra, porque el lirismo puede manifestarse a partir de la subjetividad: por lo que el mundo aparece aquí filtrado por la sensibilidad del hablante lírico, desde la voz del poeta.

O desde la emoción. Esto es así porque la imagen poética no solamente describe, sino que transmite una experiencia afectiva.

Además, desde el ritmo o la musicalidad de los textos que integran esta obra poética.
El ritmo, la repetición, la sonoridad y la selección léxica contribuyen a producir una atmósfera emocional en esta obra.

También se puede explicar desde la memoria, ya que el pasado puede convertirse aquí en materia poética.
Además, desde el deseo, porque la imaginación del sujeto autor proyecta lo que se desea, se vincula con los recuerdos y con sus búsquedas, desde su tiempo y su vivir.

La fantasía del decir poético nos induce hacia la imaginación creadora del poeta. Aquí la fantasía se constituye en un eje que conlleva a una visión poética simbólica que nos aproxima a la posibilidad del surgimiento del título de este libro.

El poeta toma elementos del mundo tangible y los reorganiza mediante un proceso imaginativo, y es por eso que toma lo tangible y lo intangible y lo reconvierte en una nueva realidad poética desde la metáfora.

Desde la fantasía, el poeta puede crear imágenes imposibles; combinar elementos de distintas realidades; personificar objetos y fenómenos naturales; alterar las dimensiones del espacio y del tiempo, y convertir emociones en imágenes poéticas.

El sustantivo “llamas” resulta especialmente significativo.

El fuego posee una doble condición simbólica: destruye, pero también ilumina; consume, pero también transforma; arde, pero también genera luz, y, desde esa aparente dicotomía, el poeta se desliza para hacer del poema su tarima de confesiones.

Si relacionamos esta imagen con “fantasías”, puede proponerse una lectura simbólica: las “llamas” representan la energía creadora de la imaginación. Desde esta perspectiva, las fantasías no serían imágenes pasivas, sino fuerzas interiores que arden en la conciencia creadora del poeta.

Santiago de la Cruz Mieses.

En esta obra, desde el poema, la imaginación aparece entonces vinculada al fuego poético. Desde aquí, la relación entre onirismo, lirismo y fantasía queda registrada a partir de los rejuegos que hace el poeta para construir el poema.

Fantasía, onirismo y lirismo son marcas simbólicas y expresivas que, en el universo poético de esta obra, se registran como un referente central en el discurso poético.

No se trata de afirmar que esas sean necesariamente las metáforas empleadas por Santiago de la Cruz Mieses, sino de señalar el procedimiento interpretativo mediante el cual podría estudiarse su discurso poético.

Desde esta perspectiva transcrítica, en Llamas de fantasías el onirismo, el lirismo y la fantasía pueden ser entendidos como tres procedimientos complementarios mediante los cuales el sujeto poético transforma la experiencia interior en una realidad imaginaria.

El onirismo desestabiliza las fronteras entre sueño y realidad; el lirismo incorpora la emoción y la subjetividad, y la fantasía expande las posibilidades de representación del mundo. La imagen de las “llamas” puede leerse simbólicamente como expresión de la energía creadora que impulsa el proceso de transformación poética del sujeto-creador.

La importancia de estos tres componentes radica, por tanto, en que no representan simplemente tres temas de la obra, sino tres formas desde las cuales el poeta ha construido su discurso poético.

El onirismo sueña la realidad.
El lirismo la siente.
La fantasía la transforma y el poeta, aquí, la hace suya.
Y en ese proceso, la palabra poética se convierte en llama, porque ilumina aquello que la realidad cotidiana no siempre permite ver por parte del sujeto-lector.

Yo no puedo terminar este enfoque sin hacer una observación pertinente, ya que, desde la página 64/95, hay más de cuatro prólogos sobre esta obra. Entendamos que la obra no adquiere valor literario por la cantidad de opiniones o prólogos que reúna. La obra nos habla desde su propio universo interno, desde su propia discursividad estética y/o literaria. He dicho.

Julio Cuevas

Poeta

Poeta, ensayista y crítico literario. Licenciatura en Educación, mención Filosofía y Letras-UASD. Maestria en Lingüística Aplicada-INTEC. Doctor en Derecho-O&M, con Maestria en Relaciones Internacionales, para el Área del Caribe-FLACSO-INTEC. Administración Cultural en Venezuela-OEA-CLACDEC. Fue Embajador, Encargado de Asuntos Culturales de la Cancillería dominicana. Ex-Secretario General de la Comisión Dominicana para la UNESCO. Es egresado de la Escuela Diplomática y Consular del Ministerio de Relaciones Exteriores. Actual Embajador Adscrito. Doctorado en Filosofía para un Mundo Global, Universidad País Vasco. OBRAS: ¨Epistolario del Crepúsculo¨, (poemas, 1974), ¨Visión Critica en Torno a la Poesía de Víctor Villegas¨, (Ensayo, 1975), ¨Testimonio del Tiempo¨ (poemas, 1986), ¨Homenaje en Tono Oblicuo¨ (poemas, 1992), ¨Los Cantos del Hierofante¨ (poemas, 1997),¨Poemas Tierra Adentro¨ (poema, 2008) y Literatura Infantil para el Desarrollo de la Creatividad y el Pensamiento Crítico (Ensayo,2013). Profesor Escuela de Letras UASD.

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