Todo medio o instrumento que permite la comunicación, es decir, la transmisión de información entre dos o más seres recibe el nombre de lenguaje. Según esto, son lenguajes el francés, el español, el inglés, pero también lo son las formas de relación utilizadas por los animales, el conjunto de luces que regula el tránsito urbano de vehículos, el sistema de escritura Braille y otros medios desarrollados por el hombre. Entre todos los sistemas de comunicación, se destaca uno por ser el más universal, el que ha demostrado ser más eficiente y conveniente: el lenguaje natural humano, las lenguas.
El empleo de una lengua constituye una forma de comportamiento social que hace posible el intercambio ilimitado de información entre las personas por medio de un conjunto ordenado de signos verbales. A modo de definición breve, se puede afirmar que una lengua es un instrumento de comunicación social, abstracto, creativo, sistemático y oral.
Tanto por su naturaleza como por su funcionamiento, las lenguas son esencialmente fenómenos sociales, comparables a otros hechos humanos, como los hábitos alimenticios o la vestimenta. Su razón de ser consiste en satisfacer las necesidades y los gustos comunicativos de los hablantes. Y, lógicamente, para cumplir con esa función, una lengua tiene que ser colectiva. Su empleo requiere como condición necesaria que sea conocida por muchos. En ese sentido, plantear la existencia de una lengua individual sería coma hablar de un círculo cuadrado, lo que implicaría una contradicción terminológica.
En tanto medio de comunicación necesariamente compartido por un grupo, la lengua es también abstracta. Solo así es posible que el conjunto de signos y de reglas que la componen resida en la mente de los hablantes. Las lenguas no están contenidas en los libros. En los libros aparecen descripciones y explicaciones sobre las lenguas. Pero el sistema de la lengua y el mecanismo que hace posible la actividad lingüística, se adquiere y ‘almacena’ en la memoria de sus hablantes.
Al decir que el sistema de la lengua es creativo se expresa que permite al usuario producir y entender mensajes completamente nuevos, inéditos, nunca antes dichos ni oídos. Es posible hablar del pasado, del presente, del porvenir; de lo posible y lo imposible, de lo que existe y de lo irreal. Esa creatividad permite expresar la ironía, el insulto, la mentira, pero también, la metáfora, el humor, la súplica, la alabanza, los piropos. Se puede, incluso, hablar sobre la lengua misma.
Al declarar que son sistemáticas se indica que sus unidades se organizan de acuerdo con una serie de reglas, que constituyen un sistema ordenado. Por ejemplo, es aceptable decir ‘la gente habla de todo’, pero no *‘gente la todo de habla’. Del mismo modo, cualquier hablante de español sabe que ‘mucho’ es una palabra de la lengua, pero que una combinación como ‘uomch’ no lo es ni puede serlo porque, a pesar de estar formada por las mismas unidades, se transgreden las reglas de combinación de los sonidos en español. El conocimiento o el dominio que tienen las personas de ese sistema, que las capacita para entender y producir adecuadamente los mensajes, se llama competencia lingüística.
Por otra parte, las lenguas son instrumentos acústico-auditivos de comunicación. Son sistemas orales que utilizan el sonido como su vehículo primario y natural. La oralidad constituye, sin duda, un rasgo esencial de las lenguas. Así lo indica el hecho de que no existe ni ha existido lengua alguna que no se haya manifestado verbalmente y de que, por otra parte, los niños adquieren el dominio de la lengua hablada de manera natural, espontánea, sin necesidad de enseñanza formal.
Indudablemente, existen ventajas prácticas que justifican la selección del sonido y no de la imagen o del color, como medio de transmisión. Una de esas ventajas se manifiesta en el hecho de que los sonidos pueden ser producidos utilizando recursos naturales, como son el aire y los órganos del propio cuerpo, en tanto que el uso de colores o de imágenes requeriría el empleo de medios artificiales, ajenos al organismo humano. Otro beneficio consiste en la posibilidad de comunicarse en la oscuridad.
A la realidad abstracta de la lengua se opone la del habla, que es la puesta en práctica, la realización concreta de la lengua en un momento dado por parte de una persona. Podría decirse que hablar es aplicar concretamente el conocimiento abstracto del sistema lingüístico, es emitir, y comprender, enunciados construidos con los signos de la lengua, las palabras, de acuerdo con las reglas que rigen su ordenamiento. Se trata de un hecho necesariamente individual. Así como nadie puede caminar por otro, ni comer por otro, tampoco es posible sustituir a un hablante en el acto de producir sonidos. Nadie puede hablar por otro. En resumen, el habla es la actividad o la actuación lingüística que realiza la persona que domina la lengua, que tiene competencia lingüística.
Ya se ha dicho que la razón de ser de las lenguas es servir como medio de comunicación entre las personas. Para la ejecución de ese proceso comunicativo son necesarios varios elementos: código, mensaje, canal, emisor, receptor. En el caso de la comunicación oral, un acto de habla se podría explicar así: utilizando un código o sistema de signos (la lengua), el emisor (el hablante) transmite un mensaje (información sobre un referente, real o no), a un receptor (el oyente) a través de un canal (medio físico, el aire).
Efectivamente, la lengua permite que el hablante entre en contacto con el oyente para enviarle informaciones sobre la realidad exterior, sobre el mundo. Es lo que suele llamarse función referencial, la más importante de todas. Sin embargo, existen otras posibilidades según el elemento del proceso comunicativo que tenga mayor importancia en un acto particular de habla: la función emotiva (sirve para expresar la actitud del hablante y se revela por medio de las interjecciones, principalmente); la conativa (se revela a través del imperativo o del vocativo y pretende obtener una reacción, influir sobre el oyente); la fática (su finalidad es reafirmar, parar o mantener la comunicación, verificar si el circuito funciona, usando muletillas o frases como “¿entiendes?”, “sí, sí” , “¿no es verdad?”); la estética (se cumple especialmente en la poesía, donde el referente es el mensaje mismo que deja de ser instrumento para convertirse en objeto de la comunicación); la metalingüística (se pone en práctica al usar la lengua para referirse a ella misma o a alguna de sus unidades, como cuando se aclara el sentido de un término: ‘la palabra efélide significa lo mismo que peca’).
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