Con música de acordeón de fondo y entre aplausos, el cantautor y exministro de Cultura José Antonio Rodríguez recibió el Soberano al Mérito por su trayectoria artística y su aporte a la cultura dominicana, y aprovechó el escenario para ir más allá del agradecimiento formal: planteó un mensaje directo sobre el papel del arte en un mundo atravesado por la guerra.

“Los responsables de esto es Dios… y mi familia, que viene a acompañarme”, dijo al inicio, visiblemente conmovido. Con gratitud, llamó a los suyos a acercarse mientras el público lo ovacionaba. Sin embargo, de inmediato cambió el tono y marcó que el reconocimiento también le llegaba “con conciencia”.

“Pero también lo recibo – el Soberano al Mérito – con conciencia, porque mientras celebramos el arte, el mundo sigue herido por la guerra”.

Rodríguez hiló su reflexión a partir de preguntas que, más que retóricas, funcionaron como un desafío para artistas y audiencias: “¿De qué sirve una canción si no puede abrazar a quien ha perdido todo? ¿De qué sirve la poesía si no logra detener, aunque sea por un instante, el ruido de las armas?”. Desde esa idea, defendió que el arte no debe limitarse a lo ornamental.

“Creo profundamente que el arte no está para adornar la vida, sino para defenderla”, afirmó, al tiempo que llamó a recordar que “antes de cualquier bandera está la humanidad”.
José Antonio Rodríguez, cantautor y exministro de Cultura.

En el tramo central de su discurso, el artista y exfuncionario proyectó un horizonte ético: “Ojalá llegue el día en que los héroes del mundo no sean los que sobreviven a las guerras, sino los que logran evitarlas”. Y lo llevó al terreno generacional, deseando que “nuestros hijos y nuestros nietos” recuerden este tiempo “no por las guerras que vivieron, sino por la paz que fuimos capaces de construirles”.

El mensaje cerró con una frase que sintetizó el sentido de su intervención: “Porque ningún triunfo justifica una lágrima inocente. Ninguna victoria vale más que una vida”. En ese marco, Rodríguez convirtió el Soberano al Mérito en una promesa pública: que el premio sea también “el compromiso de seguir creando para unir, para sanar y para decir una y otra vez que la paz es la única obra que verdaderamente nos hace grandes”.

“Muchas gracias”, concluyó entre aplausos, dejando una idea central: en tiempos difíciles, el arte —más que celebrar— tiene la responsabilidad de acompañar, reparar y defender lo humano.

El discurso de José Antonio Rodríguez

Bueno, los responsables de esto es Dios y mi familia, que viene a acompañarme.

Hoy recibo este reconocimiento con mucha gratitud, pero también con conciencia, porque mientras celebramos el arte, el mundo sigue herido por la guerra.

Y yo me pregunto: ¿de qué sirve una canción si no puede abrazar a quien ha perdido todo? ¿De qué sirve la poesía si no logra detener, aunque sea por un instante, el ruido de las armas?

Creo profundamente que el arte no está para adornar la vida, sino para defenderla, para recordarnos que antes de cualquier bandera está la humanidad.

Ojalá llegue el día en que los héroes del mundo no sean los que sobreviven a las guerras, sino los que logran evitarlas. Que nuestros hijos y nuestros nietos recuerden este tiempo, no por las guerras que vivieron, sino por la paz que fuimos capaces de construirles. Porque ningún triunfo justifica una lágrima inocente. Ninguna victoria vale más que una vida.

Si algo merece este premio es el compromiso de seguir creando para unir, para sanar y para decir una y otra vez que la paz es la única obra que verdaderamente nos hace grandes.

Muchas gracias.