Cuando Francisco Moscoso Puello se observa a través de sus experiencias, sobre todo de infancia, se sufre negro, pero, cuando intelectualiza “el alma del dominicano” o algún rasgo de su realidad social, se siente blanco, como se evidencia en esta escena donde describe las fiestas del Espíritu Santo vistas desde su entorno residencial en la hoy Zona Colonial:
«Eran esos negros, llamados Minas, de alta estatura, de piel de ébano, de nariz ancha y aplastada con ventanas muy abiertas, frente estrecha y cabellos oscuros y ensortijados…. Los Minas traían a la ciudad el recuerdo de los primeros tiempos coloniales, cuando la trata de esclavos africanos fué un lucrativo negocio más que una imperiosa necesidad. Las gentes obsequiaban a estos negros en los días de Pascuas, en Año Nuevo y el Día de Reyes con dulces y bebidas. Y también les daban dinero. En las fiestas del Espíritu Santo, por el cual sentían estos negros una gran devoción, también llegaban a la ciudad. Eran los Minas negros delicados, sencillos, impresionables, cobardes para la enfermedad. Procedían sus antepasados de la Costa de los Esclavos, al suroeste del Dahomey».1
Su abuela Marta, sus tíos abuelos ─Martín Puello Carmona, Juana Evangelista Puello Carmona, Luisa Carmona, Ramón Carmona, Nicolás Puello Marcano, Tomás Puello Marcano y María de Jesús Puello Marcano− pudieron perfectamente haber sido «negros y negras mina» o en todo caso, su situación no pudo haber sido muy diferente a la de ellos. A pesar de esto, Moscoso Puello parece sentirse muy distanciado de ellos.
Este fenómeno contradictorio lo observó y describió él mismo, refiriéndose a la relación de su tía Mariquita Puello con su padre Juan Elías Moscoso:
«Las relaciones de la tía Mariquita con mi padre eran de naturaleza especial. Nunca fueron muy cordiales. Se trataban con evidentes reservas mentales…Sin embargo, a veces, la tía Mariquita, que era muy ladina y audaz, se le acercaba a mi padre y le tiraba de la lengua. Hablaban entonces de cosas pasadas, relatos, historias anécdotas y hasta chascarrillos. Mi padre, con el cabello blanco ya, su nariz perfilada y sus ojos claros, azules, su blancura de cera, sonreía amablemente. La tía mariquita almidonada, luciendo chancletas nuevas, la nariz ancha, abierta y redonda, la cabeza cubierta con un pañuelo de madrás, la manta caída sobre los hombros y los dientes amarillos.
Cuando Mercedes veía a la tía Mariquita conversando cordialmente con mi padre recordaba el odio que él le tenía a los haitianos y pensaba que quizás por el grado de parentesco que a ella lo unía, la encontraba tan blanca como él».2
Cabe resaltar que, al menos en esta afirmación, Moscoso Puello iguala negro a haitiano. Y como si se tratase de una proyección agrega que: «La tía Mariquita tomaba muy en cuenta las cuestiones de color. La parentela con mi padre la había hecho considerarse como perteneciente a la raza de los Conquistadores».3
De igual manera describe a su madre: «Como mi abuela mi madre era mulata, de facciones ordinarias, de pelo crespo y de ojos más bien oscuros que claros. De estatura mediana, era más bien delgada que gruesa».4
Cabe resaltar que su madre parece ser la única de la parentela Puello -que él conoció- descrita como mulata, mientras los demás miembros son descritos como negros:
«Yo conocía solamente dos tíos maternos. El tío Genaro, un negro alto y fuerte que vivía en San Cristóbal y al cual vi solamente por dos veces en mi casa y a la tía Mariquita, negra también que tenía su rancho en la calle Regina».5
Por su parte, su padre es descrito como: “…. alto, delgado, blanco, de pelo lacio, de nariz perfilada, de ojos azules. La cara de mi padre era perfecta”.6
Y así toda su familia paterna: «Cuando volvimos al comedor yo aproveché la ocasión para hacer algunas preguntas (a su tío Francisco Moscoso) y con una precisión que me llamó la atención me habló de sus ascendientes de tres generaciones atrás. Eran gentes inteligentes, buenas y decentes, todos blancos puros, de buena cepa. Sus abuelos y sus padres habían sido pintores y escultores. Eran gentes de gusto».7
Le llama la atención la reserva que mantiene su tío Francisco frente a su padre Juan Elías e infiere:
«Yo no vi a mi tío en mi casa. Tampoco se me ocurrió preguntar si había estado en ella alguna vez…tampoco vi a mi padre en casa de mi tío pancho…yo he pensado muchas veces que, como mi tío pancho privaba en aristócrata, se sentía tan orgulloso de sus ascendientes, debió haber visto con malos ojos la unión de mi padre con mi madre. Yo he sospechado siempre que mi tío sentía en extremo el orgullo de su raza…. Sin embargo, no tengo pruebas de ningún disgusto, ni de la más leve alusión. Mi tío hablaba de mi madre con cariño y muchas veces aludía a la tía mariquita sin que yo pudiera adivinar la más ligera reticencia».8
Después reflexiona, al parecer, en un esfuerzo por justificar el trato de su tío blanco hacia su madre negra:
«Los españoles nos habían enseñado a ser tolerantes. Nunca fue en Santo Domingo la lucha de raza tan cruel y persistente como lo fue en Haití».9
- MOSCOSO PUELLO, Francisco Eugenio: Navarijo: Memorias de Santo Domingo, 3.ª ed., Santo Domingo, Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 2015. Págs. 86-87.
- Moscoso, ídem, p. 366.
- Moscoso, ídem, p 96.
- Moscoso, ídem, p 45.
- Moscoso, ídem, p.363.
- Moscoso, ídem, p. 46.
- Moscoso, ídem, p.381.
- Moscoso, ídem, pp.377- 378.
- Moscoso, ídem, p. 378.
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