En mi artículo anterior abordé la noción de dignidad humana como fundamento de la encíclica «Magnifica Humanitas» (https://acento.com.do/cultura/magnifica-humanitas-dignidad-humana-e-inteligencia-artificial-9695553.html). Lo expresado en este escrito debe complementarse con un aspecto característico de la condición humana: la vulnerabilidad. En el documento, esta condición es reconocida bajo el concepto de «límite».
La tradición mitológica de la antigua Grecia mostró la importancia de reconocer los límites. Los dioses mismos no estaban exentos de ellos, como expuso el mitólogo Jean Pierre Vernant en su libro Mito y pensamiento en la Grecia antigua. En su lectura, las moiras no constituyen tanto el aciago destino como los límites espaciales y ontológicos que delimitan las acciones.
El desarrollo del pensamiento científico-tecnológico ha sido una empresa consistente en ensanchar los límites humanos —como el dolor, la enfermedad y la vejez—. Hoy en día, las potencialidades de la IA permiten reflexionar sobre la posibilidad de superar dichos límites.
Dicha aspiración une a dos movimientos filosóficos contemporáneos: el transhumanismo y el posthumanismo. El primero sostiene que el ser humano es un proyecto inconcluso, mejorable por la incorporación de las nuevas tecnologías, como la IA, la ingeniería genética o la robótica. Desde esta perspectiva, el resultado del desarrollo tecnológico será la eliminación de los límites humanos, como la vejez, e incluso algunos llegan a postular la posibilidad de la inmortalidad.
Por su parte, el posthumanismo defiende que el ser humano no debe ser visto con una mirada de excepcionalidad y propugna la valoración igualitaria entre seres humanos y máquinas.
No es casual, entonces, el nombre de la encíclica: Magnifica humanitas. Fiel a su tradición, la Iglesia defiende la excepcionalidad de la persona con respecto al resto del cosmos, pero dicha grandeza no implica la exclusión del reconocimiento de su fragilidad.
En este sentido, los límites no deben ser vistos como meros defectos perfectibles; también nos abren hacia el Otro. En la medida en que nos aceptamos vulnerables, también vemos en nuestros conciudadanos su propia vulnerabilidad y desarrollamos la empatía que permite construir redes solidarias que confirman nuestra humanidad.
Compartir esta nota
