Recordando el natalicio de su autor, quien cumplió 113 años el pasado 13 de febrero de este año.
Santiago vuelve a retomar las tradiciones santiagueras, como lo hiciera Pedro Francisco Bonó, Ramón Emilio Jiménez, así como la poesía popular iniciada en los primeros libros de Tomás Hernández Franco y Manuel del Cabral. Con su libro Del llano y de la loma (1937), Tomás Morel revolucionó la poesía popular dominicana con su dialectología lexical. No hay otro poemario en la literatura nacional que mejor describa y refleje, en su atmósfera poética, el sentir de la gente sencilla del Cibao. Es una obra escrita con el corazón revelado, desde su título mismo, que refleja la idiosincrasia popular. Del llano y de la loma posee un incalculable valor por su riqueza lexicológica, que pone de manifiesto la pronunciación vocálica de la «i», característica lingüística y fonética que se destaca entre los hablantes de la zona norte del país:
Me llamó/ − donde un jobo seco,/ onde primavera jiso eimilagro de frutificai −,/ ei camino andariego que se va a lo campo. / Seguí poi la trilla de su vereíta,/ me metí en’ ei monte, siempre campo aentro,/ bebí agua freca en’ un arroyito,/ me la vé mi cueipo, tuibé su agua clara,/ corrí por’ ei llano,/ comí fruta ajena,/ i siempre pa entro, pa entro dei monte,/ me trepé en la loma…/ Me volví a bajai…/ I agora me truje paí pueblo,/ una lucesita diamoi entre’ ei pecho,/ lo’ sojo cansao de vei tanta cosa/ ¡ i en’ elaima un canto que no pueo cantai ¡ (Pág. 9, Camino. A mi libro).
Con ese poema comienza el libro que, de inmediato, penetra en el alma de los decires y haceres nuestros, exponiendo nuestras costumbres y tradiciones culturales. Intencionalmente, el autor clasifica en Leyendas y fantasías, La cara-bina de Vale Juan, Los poemas del retorno y Tonadas, cantares y co-plas. Al final, coloca un anexo con los modismos cibaeños, utilizados alfabéticamente. En Antología de la poesía dominicana (1947), Contín Aybar dice:
Cultiva preferentemente lo criollo en poemas campesinos escritos con el habla popular, dialectal casi, del Cibao. Por esto, su poesía está circunscrita a los límites nacionales y hasta los regionalistas. Representa, en la poesía, el mismo movimiento de dominicanidad que su hermano Yoryi, gran pintor, expresa en sus cuadros y que por un instante pareció ser la más acertada, si no la única, expresión dominicanista, según proclamaban algunos sobre-salientes escritores jóvenes desde el cuento y la novela (ob. cit., pág. 234).
En nuestro entorno, la poesía de raíz eminentemente popular es rechazada y marginada por los poetas intelectualistas y filosóficos. La mayoría de ellos olvida la altísima tradición de la poesía popular en la historia de la lengua española, al igual que ocurre con la poesía romántica. Los grandes poetas de la literatura del siglo XX, primero, fueron poetas populares y románticos, para luego construir y enhebrar su universo poético hacia la modernidad y la renovación de la poesía contemporánea.
Tomás Morel, a través de la poesía popular, ofrece una panorámica temática y fonética de la región, en la que revalorizan los rasgos lexicales del habla de la identidad local, como parte distintiva de su cultura lingüística. La biblioteca Colón, de la Unión Panamericana de Washington, calificó la obra como «la mejor obra, en su género, publicada este año (1937) en toda América». Del llano y de la loma, como libro de poesía popular, con-movió a un selecto grupo de escritores e intelectuales dominica-nos e hispanoamericanos. Entre ellos, se encuentran Juana de Ibarbourou, Alfonso Reyes, Ramón Menéndez Pidal, Héctor Miri, Juan Ramón Jiménez, Juan Bosch y Concha Romero. Hasta ese mo-mento, ningún poeta popular dominicano había recibido tanto respaldo y reconocimiento inter-nacional, solo comparable al que obtuvo Manuel del Cabral con Compadre Mon y Chinchina busca el tiempo.
La poetisa uruguaya Juana de Ibarbourou, en una carta enviada a nuestro poeta y utilizada por él como parte de una de las solapas del libro, escribió:
Señor Tomás Morel. Santo Domingo. Amigo mío: gracias por este cocuyo de trópico que Ud. Me prende en el pecho, al darme este poema ´´Camino´´ tan lleno de color y gracia popular. Siempre he creído que en el pueblo está la poesía más pura, sin adorno literario ni abalorio importado. Por eso, la regional tiene para mí el encanto de esa agua fresquísima y eterna de los arroyitos serranos, en cuyo cauce nada tuvo que ver la ingeniería ni ninguna matemática de los hombres. Ese aire del Cibao, que nos da en la cara al volver las páginas del libro; esa cosa de luz verdadera y viento auténtico y alma arcaica, para mi gozo ¡como tengo que agradecérselas! Es así como todos los poetas y escritores de América han de hacer belleza de América. Con su propia arcilla, su propio aliento y sus propias manos. Gracias y gracias, amigo dominicano. Lo quiero mucho su amiga de estas tierras copiadoras de Europa. Juana de Ibarbourou.
Es un análisis breve, brillante y agudo que proviene de una de las poetas fundamentales de América. Además, en la parte final de la despedida de la misiva, se reconoce la independencia poética de nuestro vate cuando se despide: «de estas tierras copiadoras de Europa». Es decir, la poesía de Tomás Morel, por su autenticidad con su terruño nativo, no siguió los modelos expresivos y poéticos de Europa. Igualmente, la cita de la poeta uruguaya Ibarbourou (1892-1979), cuyo nombre real fue Juan Fernández Morales, aparece reseñada en el libro Tomás Morel. Primer tomo, obras completas (1994). La obra en cuestión trae otras citas que sería importante referir para este trabajo, Bruno Rosario Candelier:
Autores que han descollado en la poesía y el ensayo, en la narración y en la oratoria, en la docencia y en la historia, pero entre sus poetas ninguno como Tomás Morel ha posado sus ojos y oídos, su inteligencia y su corazón en el manadero de lo popular, en el rico filón del folklore criollo, en la copiosa veta del lenguaje y las vividuras campesinas, en el corazón límpido y prístino de nuestro pueblo humilde con esa amorosa atención, con ese entrañable fervor, con esa apasionada entrega como lo ha hecho el destacado autor del Del llano y de la loma (pág. V). [Sábado 18 de julio de 1987. Isla Abierta, suplemento de HOY].
José Enrique Gaviria:
«Lo curiosos es que la gente aquí, cuando he hablado de él, me ha preguntado: Pero, ¿quién es y qué ha hecho este Morel? Pues, poca cosa, diría yo, parafraseando a Renan: ha hecho la lengua dominicana. Pero, ¿y Juan Antonio Alix…? »Juan Antonio Alix –dice Morel- fué sin saberlo el auténtico creador de nuestro romancero popular. Yo –lo digo por necesidad –no he hecho otra cosa –por cierto muy diferente a la suya–que trabajar con las voces de la conversación del pueblo. Labor es distinta´´. Distinta, pero no inferior, como ya le veremos. Lo que ocurre es que Morel es toda modestia y discreción, y la discreción –como decía Cervantes- es la gramática del buen lenguaje. La diferencia entre esos dos creadores del romancero popular dominicano, es que el uno lo fue «sin saberlo», y el otro lo es a sabiendas, a conciencia, deliberadamente» (pág. ibídem).
Ramón Meléndez Pidal:
«Me interesa mucho por el lenguaje dialectal en que está escrita y que pienso aprovechar. También me ha interesado por la sinceridad de su poesía folclórica, evocadora, sencilla e impregnada de emoción popular. (Ibídem).
Otro de sus libros, de una exquisita versificación popular, tanto en el tema como en el ritmo tonal, fue publicado bajo el título Camino. En este libro, don Tomás Morel pone de manifiesto su búsqueda y preocupación: la identidad del hombre de campo adentro, su folklore, sus costumbres, su léxico, su sentimiento amoroso, su desesperación y su hábitat social. Su último libro, Mi pueblo y otros poemas, también pasa a formar parte de la historia de la poesía popular. La obra posee una plenitud creadora donde el poeta se reafirma y se renueva en sus ansias poéticas:
¡Gritoooo…!
De mi remonta isla de otros tiempos/ vengo a cantar el lirio de tu voz/ primavera en sazón de tu trópico verde… / Por ti creo en el mundo/ de los vacíos que se alargan/ en la infinita comba de los cielos! / Primavera tú misma de belleza! / Te presentí en el alba de los amaneceres luminosos, / en los días grises de lenta lluvia mansa, / en la claridad vacilante de los luceros que tiemblan en la noche. / Y te sentí llegar en el canto de las campanas/ que despiertan la quietud de mi silencio! (Pág. 7).
Tomás Morel anda por los fueros primaverales de nuestro trópico, vinculando la naturaleza a su fin poético, sin ningún tipo de atadura, ya sea del tiempo o de alguna escuela poética:
Ahora que no soy aquel que entonces era/ es que quiero cantar/ la albahaca y el lirio, la rosa y el clavel/ que norman la gracia de tu gracia! / Poesía sin tiempo, sin escuela./ Simple, pura y eterna/ sobre le discurrir perenne de los días…/ Yo te saludo/ y quiero la fuerza del torrente/ el milagro del grito que rebota en la montaña para decirte:/ Hermana, hija y nodriza de mi vida,/ de la primavera de mi sueño,/ ¿no sientes cómo te rozan mis palabras/ y te olfatea mi deseo? ¡Oh! déjame decirte como un susurro apenas: Madre de los amaneceres, / de los días y de los noches,/ del eco de las caracolas/ y de la música del mar,/ del rumor de los ríos/ y del aprieta soledad de la montaña…/ Todo lo grande que hay sobre la tierra/ es el eco milagroso y profundo de tu gracia! Llegaste de grandeza la palabra del viejo testamento/ e hiciste ingenua y candorosa la leyenda del Gólgota./ Por ti hay un Quijote y un Sancho,/ un Hamlet y una Ofelia,/ aun ateo empedernido en las tabernas/ y un creyente fervoroso en la paz de los templos!/ Poesía, profunda, celeste, pura y simple,/ madre y nodriza de todo lo grande de la tierra,/ en ti saludo a Dios! (Págs. 7-8).
Reconcilia la naturaleza como madre de su poesía, desde una visión exterior que va interiorizándose en los aposentos de su alma, para convertir: «aun ateo empedernido en las tabernas / y un creyente fervoroso en la paz de los templos». Luego, de manera irrebatible y perentoria, lo lleva a su búsqueda suprema:
«Poesía, profunda, celeste, pura y simple, / madre y nodriza de todo lo grande de la tierra, / en ti saludo a Dios». En este poema, Morel moldea su poética desde un ámbito natural, lector y divino, para contextualizar «el eco milagroso y profundo de tu gracia», desde «la grandeza del viejo testamento», «la leyenda del Gólgota», «un Quijote y un Sancho», «un Hamlet y una Ofelia». Cada cita, ya sea de una obra o de un autor, está impregnada de la lectoría y la cultura de nuestro aeda.
El Antiguo Testamento, como un gran libro de los libros, es un texto de diversidad religiosa y cultural, donde abundan los recursos poéticos. El poeta vuelve a lo religioso-católico con Gólgota, que es el lugar donde los cuatro evangelistas fijan la crucifixión de Jesús. Igualmente, aparece un texto registrado con el nombre de Los Secretos de Gólgota.
Gólgota es el nombre con que Mateo, Marcos y Juan designan el lugar de la crucifixión de Jesús (27,33; 15,22; 19,17). Los cuatro evangelistas apuntan el nombre griego del lugar («topos kraniou» o «kranion» en Lucas): Mt 27,33; Mc 15,22; Lc 23,33; Jn 19,17. El nombre viene del arameo «gulgolta», que significa «calavera» o «cabeza». Según los exegetas, este nombre no se refiere al cráneo de Adán que se suponía enterrado allí (Orígenes), ni a ser un lugar de ejecución de los condenados (Jerónimo), sino a la forma topográfica de la colina. Des-de el año 333 (peregrino de Burdeos), comienza a llamarse colina de Gólgota o monte Calvario. Los evangelistas nos transmiten suficientes datos sobre la topografía donde se sitúan tanto el calvario como el sepulcro.
Igualmente, aparece un texto registrado con el nombre de Los Secretos de Gólgota. La historia no manipulada de Jesús y el Cristianismo, por el autor de Jesús o el secreto mortal de los Templarios, con la introducción de Robert Ambelain. El Quijote es reseñado en el poema como obra maestra de nuestra lengua, ya que inserta muchas de las tradiciones refraneras de la cultura popular española; también hizo posible que las aventuras imaginarias de su personaje principal se convirtieran en poemas. Hamlet es una obra de teatro del famoso dramaturgo y poeta del Reino Unido William Shakespeare (1564-1616). Ofelia es una joven que se relaciona sentimentalmente con Hamlet, enfrentándose a muchas circunstancias en su vida que no le son favorables, incluyendo el dominio que ejercía su padre, ya que vivía en su casa.
Con todo esto, lo que queremos acotar es que Tomás Morel fue un poeta culto que, evidentemente, prefirió la cultura popular para hacer de su entorno su propia eternidad literaria. De ahí que tanto en ese libro como en los anteriores, se consagre y se catapulte en las letras nacionales como uno de los poetas más genuinos de la poesía popular dominicana. Y si nos referi-mos al poemario Del llano y de la loma, hay que decir que es el más auténtico de todos. En vez de negarse, en los demás libros, lo que hace es reafirmarse como poeta de su pueblo. Veamos, pues, un fragmento de un poema con el mismo título, contenido en su libro Mi pueblo y otros poemas.
Sobre mi pueblo se levanta un cielo azul/ con aire que viene de los campos…/ Unas noches profundas de silencio/ y unos días tediosos de sol, de sombra y nada./ A veces, tiene una luna grande/ que lo anega de sueño…/ Y un rió fantaseado que lo arrulla/ y lo refresca y sigue su camino…/ Mi pueblo tiene calles polvorientas,/ solitarias, sombrías,/ por donde los coches/ va a los cafetines de turbios dormitorios/ a buscar la muchacha que se vende en la noche…/ Frente a los friquitines de La Joya/ y a la empanada y el café de los Pepines/ ya no conozco a nadie!/ Merodea el hambre de los menesterosos./ El borracho escurre la última gota de ron de la botella/ y se va a Pueblo Nuevo…/ Y el perro enarca el lomo, olfatea/ levanta la pata y sigue su camino…/ En el cementerio/ vidas que son historia/ bajo cruces que ya borró el olvido! (Pág.11). (…) Allí está todo el pueblo,/ el pueblo todo muerto! El rico con el pobre confundido./ Todos duermen igual sueño profundo,/ esperando que vaya a compartir con ellos su morada de igualdad bajo la tierra! (Pág. 12). (…) Otros serán los hombres de mi pueblo…/ Otros caminarán sobre sus calles…/ Pero el pueblo de mis mayores y de mi sangre,/ duerme bajo las cruces renegridas/ del cementerio,/¡Donde viven los muertos que dan vida/ a los vivos que viven de su nombre! (Pág. 14).
En el poema hay una diversidad temática exquisita, desde la contemplación de «un cielo azul» y «con aire que viene de los campos»… Y «unas noches profundas de silencio y unos días tediosos de sol, de sombra y nada». «A veces, tiene una luna grande que lo anega de sueños»… Estos últimos versos no tienen nada que envidiarle a un poema de calidad de la poesía del siglo XX. El poeta Morel prosigue y describe, en una nostalgia que está presente, pero que se postra hacia el recuerdo: de lugares, situaciones y personalidades, donde «todos duemen igual sueño profundo, esperando que vaya a compartir con ellos su morada de igualdad bajo la tierra. ¡Donde viven los muertos que dan vida a los vivos que viven de su nombre!»
En la publicación, como era común en el autor, viene insertado un artículo de Manuel Mora Serrano, quien lo había divulgado en el periódico Listín Diario el 30 de mayo de 1988, con el título «La geografía emocional de Tomás Morel». Es un análisis interesante, como nos tenía acostumbrados el autor, en el cual empieza diciendo:
Ese Tomás Morel, ese Tomás Morel que ha escrito emocionado las pasiones y los decires y sentires de las gentes de Santiago, de la Sierra y de Licey, como él lo confiesa en aquel librillo que, en sus días ( ay, 1937, fija la fecha), singificó tano y fue tan difundido: «Del Llano y de la Loma», que hoy, frente a la muerte de tanta tradición nos cierra de cierto luto interior y nos regocija al mismo tiempo, porque de pronto sabemos que eso fue parte del país, que en esas tonadas y en esos cantares rústicos está la sabía profundad de la patria. Si es que alguna vez tuvimos esa cosa magní-fica. (Pág. 3).
La grandeza de un poeta o de la poesía popular de cualquier país es, precisamente, ser la recolectora de la sabiduría y la sensibilidad de las tradiciones y las costumbres culturales de la gente más sencilla y llana, de una comunidad o de un pueblo determinado. No es en vano que la palabra «folklore», etimológicamente, signifique: «folk» (pueblo) y «lore» (saber o conocimiento). La palabra es de origen inglés, creada por el arqueólogo británico William Thomas (1803-1885), quien la utilizó por primera vez el 28 de agosto de 1846. Es decir, que el poeta popular lo que hace es rescatar el acervo o la sabiduría cultural de un pueblo; eso fue lo que hizo Morel durante toda su vida, de modo magistral. Justa-mente, el propio Morel, en el portón de su obra Del llano y de la loma, nos hace un recorrido extenso de la tradición de la poesía popular a través de cantares, coplas, romanceros y décimas. Luego introduce nuestra propia tradición en los cantores populares, haciendo énfasis en Juan Antonio Alix:
El origen de nuestros cantares está por estudiarse. Esas tonadas anodinas, donde asoman versos de sensibilidades exquisitas, ¿quiénes las componen? ¿Quiénes son los autores de esos versos, que encierran, maravillosamente, toda la sabiduría y cultura de un pueblo? Para quien se haya hecho tal pregunta, respondiéndose a priori: «Todo nos viene de España», me permitiré decir: −Me parece que en la sierra, bien adentro… Más, si quieres, vete allá con tus libros; con «Los Cantares de Ferrán» prologado por Bécquer; con los estudios de Rodríguez Marín; con las coplas de Machado; con el Romancero Gitano; en fin, con todos tus librotes de pergamino dorado, y verás que sí, que en nuestra poesía popular abunda el elemento andaluz… pero que nuestros cantares cibaeños tienen, como elemento suyo, algo etéreo que viene del pretérito; una marcada vocación para sufrir y quejarse; acento propio, quién sabe si heredado de aquella raza aborigen, que padeció y se extinguió en silencios integrales. Sin embargo, con risa escéptica y vagido de triunfador recién, paréceme oír su voz, en mohín despectivo, contestándome por el mero prurito de negar: −Los aires de nuestras tonadas son de genealogía árabe. El elemento que abunda en su obra es de procedencia andaluza… ¿Por qué él no dice que de las coplas trasplantadas por el canturreo de los conquistadores y los areitos de los pobres Caribes, nació la voz quejumbrosa de nuestras tonadas y el verso triste de nuestros decimeros? (Pág. 5).
Después de señalar similitudes, por ser un pueblo por España, establece diferenciaciones en la expresión:
Nuestros cantares no coinciden del todo. Tienen, en veces, la misma idea, siempre la misma inquietud; lloran desgracias iguales, pero no, no tienen idéntica expresión. Lo que nos ha matado a nosotros es esa abulia convertida en menoscabo ridícula por las cosas del patio… Las décimas de Juan Antonio Alix, juzgándolas en total, no son inferiores al «Martín Fierro». Creo de lugar, al mencionar al más ilustre y representativo de nuestros poetas criollos, al genuino cantor de nuestras cosas, esta pequeña observación: Juan Antonio Alix, con sus décimas, fué sin saberlo, el auténtico creador de nuestro romancero popular. Yo − lo digo por la necesidad − no he dicho otra cosa − por cierto muy diferente a la suya − que trabajar con las voces de la conversación del pueblo. La labor es distinta. A propósito de modernismo y de regionalismo, háblase de la originalidad y hasta llega a decirse, como si esto fuera cuestión de moda, que los clásicos han pasado… I (Y) los que tal dicen, se olvidan de que, la verdadera originalidad «consiste en tener talento», decir losa cosas bien dichas y no seguir a nadie. La originalidad es más difícil en la sencillez de la expresión, que en rebuscamiento de una frase cerebral. Se queda lo trabajado con emoción. Lo que, teniendo serenidad de tiempo, se amasó con el todo de la vida. Lo etéreo, cuando no se afinca en el barro, pasa, pasa. La poesía de relumbrón está condenada a vida de minuto. I (Y) el minuto siempre serán el minuto: un elemento insignificante en la plenitud del infinito. La poesía popular tiene, como la clásica y la moderna, tanta belleza y serenidad, y tal vez más emoción, porque se arraiga en la vida. (Págs. 6-7).
Nuestro autor también incursionó en la novela y el cuento, pero es en la poesía donde mejor logró sus condiciones literarias. Sobre la novela, Serrano nos expone:
(…) Pero Tomás Morel incursionó en la novela. Escribió a Rosa Elena. Pedro María Archambault criticando en Bahoruco esta primera producción de Tomás señala: «Morel es un escritor realista, de un estilo claro y elegante, sin rebuscamiento de fraseologías altisonantes… «La sencillez de la dicción, la claridad es una de las virtudes que más aprecio en el estilo de Morel». En relación de obras publicadas o por aparecer, se omite a Rosa Elena en la edición que comentamos del Llano y de la Loma, reimpresa por Pimenca. Sin embargo, se anuncia «La Mulata» otra novela de Morel que nos ha estado prometiendo desde hace tantos años… «Los poemas que componen el libro fueron escritos, en su mayoría, en 1935. En Bahoruco aparecieron muchos: un cuento de amoi, escrito en La Zamarrilla; ei diablo; acordeón, la lluvia… y no era mala; nunca en la vía, etc… con la gracia novedosa entonces, de usar minúsculas tanto para el epígrafe de «del llano y de la loma» como para la firma y los títulos: tomás e. morel. (…) (Pág. 4).
Como hemos notado, en la historia de la literatura dominicana aparece muy poco de Tomás Morel: el novelista y el cuentista. Incluso, en el párrafo final de la cita, Mora regresa al poeta para indicarnos algunos datos. Como, por ejemplo, que desde 1935, ya Morel estaba utilizando «minúsculas tanto para el epígrafe de Del llano y de la loma como para la firma y los títulos: Tomás E. Morel». Es destacable ese hecho histórico, porque en la década de los 80 fue retomado por la pro-moción de tal período como una innovación.
La trayectoria en el desarrollo cultural de Tomás Morel es sobradamente conocida y reconocida por sus hacedores y trabajadores. Su alma siempre estuvo alumbrada hacia la cultura popular, tanto en su poetización como en su trabajo. Fundó en 1952 el «Museo Folklórico», que llevaba su nombre, aun-que hace unos años desapareció por el descuido y la falta de gerencia de su hijo Tomasito. Durante décadas, fue el único y el más auténtico museo de la cultura popular del país, donde se registraban las costumbres y tradiciones folclóricos de nuestra provincia. En él se creó el Primer Concurso de Caretas y Afiches del Carnaval de Santiago; todavía se organiza el primero, aunque con muchas limitaciones y dejadez por parte de las autoridades culturales actuales de la ciudad, debido a su desconocimiento y falta de visión, gerencia y administración. Es tan así que, cuando el concurso cumplía 50 años, eliminaron el Gran Premio Don Tomás Morel, así como algunas categorías. El segundo concurso, que era de afiches, desapareció.
Desde el principio, Tomás Morel fue un fiel acompañante y tertuliante, conjuntamente con un selecto grupo de intelectuales, escritores y artistas, a quienes llevaba a su residencia familiar para hablar y discutir sobre diversos temas literarios y culturales. En tal sentido, Bruno Rosario Candelier lo explica y lo describe de la siguiente manera, en un certero y justo ensayo titulado Tomás Morel en el corazón del folklore:
A mediados de la década de los ’30 un grupo de artistas y poetas cibaeños se reunían a tertuliar en la casa de la familia Morel en Santiago de los Caballeros. Era una familia de pintores y poetas, como dice Tomás Morel, su casa era también un cenáculo del arte a la que acu-dían, concitados por la pasión esté-tica, escritores y poetas a enhebrar imágenes artísticas al calor de las emociones de aquellos lejanos días en que se forjaba la literatura nacional. Estamos hablando de una generación, que he llamado la Ge-neración Socializante, que tenían un sentido de la patria y una vocación social en su producción artística, bajo la rectoría intelectual del Maestro de esa generación, Juan Bosch, y del apóstol del arte postu-mista, Domingo Moreno Jimenes, pues ambos estuvieron en Santiago inyectando al grupo de escritores santiagueros el ideal de su enseña literaria. En aquella peña literaria que celebraban los Morel en su casa de Santiago participaban, además de Yoryi el pintor y Tomás el poeta, Octavio Guzmán Carretero, Manuel del Cabral, José Bretón y otros contertulios de ocasión, y de tarde en tarde, visitantes ilustres, como Bosch y Pedro y Máx Henríquez Ureña, Emilio Rodríguez Demorizi, Domingo Moreno Jimenes, que instaló su ´´Colina Sacra´´ en la ciudad cibaeña y sembró el ideal postumista por aquel entonces. Surgiría bajo la jefatura emocional de Tomás Morel el ´´Grupo Mino-ritario´´ de Santiago a partir de 1935 y con el fervor de aquella década inmortal este grupo de creadores cibaeños encendía en Santiago la vela del arte literario con la intención de desatar las de la imaginación. Tomás Morel podría sus ojos en el corazón del folklore, como divisa creativa que nutriera su vena poética con la fuerza del aliento popular. De ahí la tendencia social, la expresión de lo autóctono, la atención al paisaje nacional, la presencia de temas y motivos popu-lares y el ahínco en el acento emo-cional de la tierra. (Valores de las letras dominicanas, ob. cit., págs. 77-78).
Tomás Morel puede, muy bien, entrar en la clasificación categorial que realizó Bruno Rosario Candelier de los poetas populares culturizantes, en su encomiable obra Lo popular y lo culto en la poesía dominicana. Nuestro vate debe ser reconocido por su trascendencia en el estudio de las tradiciones folclóricas en la cultura popular dominicana, sin ningún tipo de cortapisas. Asimismo, toda su obra debería ser una lectura obligada en todo el país, sobre todo en la vasta región del Cibao, para que las presentes y futuras generaciones conozcan nuestras auténticas raíces culturales. Es una pena que los jóvenes escritores y no tan jóvenes desconozcan la obra literaria y cultural de don Tomás Morel, quien debe ser preservado, aunque no esté físicamente con nosotros, como un ¡monumento vivo de la cultura popular de Santiago y del país!
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