Es bueno recordar que, cuando el Banco Central se hizo cargo del desarrollo de la infraestructura turística en nuestro país, fue Puerto Plata la provincia elegida para impulsar el primer polo turístico. Con la asesoría de una empresa inglesa, se diseñó el proyecto de Playa Dorada. En esa elección no intervinieron políticos locales y las decisiones fueron tomadas con criterio técnico. Años después, gracias al populismo irresponsable de nuestros políticos y a la miopía de los hoteleros, que no se ocuparon de mantener en óptimas condiciones sus instalaciones, el proyecto terminó en un fracaso y hoy es un área de desarrollo inmobiliario con mínima oferta de habitaciones hoteleras. Por otra parte, el pueblo de Sosúa fue convertido en un centro de prostitución y su hermosa playa fue asaltada por vendedores con la complicidad de munícipes. Hago esas referencias porque hay gente que olvida lo fácil que es arruinar un destino turístico.

Ahora que el turismo de cruceros ha tenido un significativo crecimiento, se habla del renacer de Puerto Plata. No hay dudas de que la actividad económica se ha visto beneficiada por la llegada de los cruceristas, pero la estancia de estos es de apenas horas y las excursiones que compran son organizadas mayormente por las navieras que los traen, y estas se llevan las utilidades. Los visitantes que se distribuyen libremente en la ciudad terminan en manos de guías y medios de transporte que cobran comisiones abusivas a los negocios donde los llevan. Es evidente que el impacto económico de este turismo es menor que el de los hoteles y ya lleva el germen de su descrédito, pues los intermediarios lo encarecen más allá de lo prudente y no siempre su servicio es de alta satisfacción.

La ciudad de Puerto Plata tiene mar, playas, montaña, historia, malecón y aeropuerto. Como si eso fuera poco, contaba, además, con una gran riqueza monumental que le dio mucha belleza en el pasado. Sus edificaciones antiguas y sus casas victorianas fueron minuciosamente inventariadas en los años setenta por el Dr. José Augusto Puig Ortiz y el arquitecto norteamericano Robert S. Gamble. Para protegerlas, se delimitó por ley una zona histórica y se establecieron reglas dentro de ella. La falta de visión de nuestros políticos, el irrespeto que consienten, la corrupción y la indiferencia de nuestros ciudadanos han hecho que se pierdan muchas casas victorianas. Solo basta comparar dicho inventario con la realidad actual para darse cuenta de la magnitud del daño. Falta poco para que Puerto Plata se convierta en la ciudad de las ruinas victorianas. Basta recorrer unas pocas cuadras de la zona histórica para comprobarlo. Es por eso que las únicas edificaciones victorianas que les muestran a los turistas son las que están en la plaza central, donde, por cierto, una de las joyas victorianas de la ciudad, el antiguo Club del Comercio, está a punto de derrumbarse.

Ahora que se van a construir nuevos hoteles en el área de Bergantín y que se va a licitar la Autopista del Ámbar, hay que pensar seriamente en la reconstrucción victoriana de Puerto Plata, como una manera de devolverle a esta su encanto, su alma urbana.

Se requerirán financiamiento, regulaciones y sanciones, pero también incentivos que ayuden al propietario a compensar parcialmente el beneficio no percibido por la prohibición de construir algo distinto. Podemos aprender de experiencias exitosas de conservación en muchos países. Cuando ese plan de reconstrucción se ejecute, podremos hablar con más propiedad del renacer de la ciudad. Mientras tanto, lo que se muestra al turista es un centro histórico abandonado y decadente que constituye una promoción negativa de ese destino.

El Ministerio de Turismo debiera ocuparse de este asunto y promover la creación de un fondo de inversión destinado a rescatar ese patrimonio perdido, incorporando como aportantes a los principales beneficiarios de la actividad turística de la ciudad, tales como las líneas navieras, los hoteles, las empresas de transporte, los supermercados, los concesionarios del aeropuerto, los bancos y otros. También se podrían invitar a unirse a esa iniciativa a las más grandes empresas del país, todos unidos en un gran esfuerzo público y privado de restauración monumental que haría aún más atractiva a esa bella ciudad, centro de una provincia con un gran potencial para el desarrollo del turismo.

Manuel Brugal Kunhardt

Escritor y economista

Escritor puertoplateño. Manuel Andrés Brugal Kunhardt nació en Puerto Plata en 1946. Se graduó de ingeniero civil en Puerto Rico en 1969, para luego trasladarse a Francia, donde obtuvo el título en economía y política, y desarrollo económico. Ha ocupado varios cargos ejecutivos en bancos en la República Dominicana y Chile. Publicó en 2015 la novela Lo que vieron las casas victorianas, cuyo tema principal es el conflicto entre el poder y la dignidad, destacando acontecimientos de la dictadura de Trujillo (1930-61) y período de los 12 años de Joaquín Balaguer (1966-78). A esta le siguió en 2020 la novela Peldaños, en la que se reflejan con humor y agudeza la sociedad dominicana y su cultura en las décadas de los setenta y los ochenta del siglo pasado. Y en el año 2023 publicó la novela Marcado por los sueños, que trata sobre la frustración política de los jóvenes que se ilusionaron con la caída de la dictadura de Trujillo.

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