El siguiente texto recoge, con ajustes para su publicación, el discurso pronunciado por el autor en el Encuentro interdisciplinario e inauguración del Stand de Literatura Infantil y Juvenil, realizado en la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Qué placer que nos convoque hoy la literatura infantil y juvenil. No como un gesto ornamental, ni como una categoría menor dentro del campo literario, sino como una de las apuestas más profundas que puede hacer una sociedad por su desarrollo humano.

Existe un prejuicio que aún persiste: creer que la literatura infantil y juvenil es una versión simplificada de la gran literatura. Nada más lejos de la realidad. No estamos ante un género menor, sino ante una forma compleja, profunda y determinante en la formación del ser humano.

Y digo formación, no instrucción.

Porque la literatura no educa únicamente desde lo didáctico. Educa desde lo simbólico, desde lo emocional, desde lo ético, desde lo estético y desde lo imaginativo. Forma al sujeto en su integralidad.

Desde esta perspectiva, la literatura infantil y juvenil no suaviza el mundo para la infancia; le ofrece herramientas simbólicas para comprenderlo, cuestionarlo y habitarlo.

Un niño que lee no solo imagina: comienza a pensar.

La literatura ha sido históricamente un campo de producción de conocimiento. La psicología, por ejemplo, ha encontrado en ella una fuente para comprender la condición humana. Conceptos como el complejo de Edipo o el de Electra, derivados de la tragedia clásica, muestran cómo las narrativas literarias han permitido nombrar y teorizar aspectos profundos de la psique.

Del mismo modo, obras como Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, han sido leídas desde el psicoanálisis por su exploración de la identidad, el lenguaje y el absurdo. Personajes como Peter Pan han dado lugar a categorías psicológicas como el llamado “síndrome de Peter Pan”.

La filosofía también encuentra en la literatura un espacio privilegiado para pensar el mundo. Y si ampliamos la mirada, incluso las ciencias encuentran en ella una puerta de entrada al asombro y a la curiosidad.

La literatura no solo narra historias, sino que también configura marcos de interpretación sobre quiénes somos.

Los resultados de evaluaciones internacionales como PISA han evidenciado una realidad preocupante: bajos niveles de comprensión lectora en la República Dominicana.

Pero ante esta situación, cabe una pregunta incómoda:
¿Estamos atendiendo las causas… o solo las consecuencias?

Cuando intervenimos en estudiantes de 15 años, llegamos tarde.

La comprensión lectora no se construye a esa edad. Se construye desde la primera infancia. En el contacto cotidiano con los libros. En ambientes letrados. En la presencia constante de la palabra.

Un niño que crece rodeado de historias no solo aprende a leer: aprende a comprender el mundo.

A esto se suma un desafío contemporáneo, la sobreexposición a las pantallas.

Informes de la UNESCO han advertido sobre los efectos del uso excesivo de dispositivos digitales en los procesos de atención, comprensión y aprendizaje en niños.

No se trata de demonizar la tecnología. Se trata de reconocer que la lectura profunda, sostenida, sin interrupciones, sigue siendo insustituible.

Patricio León.

En ese sentido, presenté la propuesta de creación de un Centro de Estudios e Investigación en Literatura Infantil y Juvenil en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, en el marco del Encuentro interdisciplinario e inauguración del Stand de Literatura Infantil y Juvenil.

No se trata de una biblioteca ni de un espacio accesorio. Se trata de un centro académico especializado en investigación, formación y producción de conocimiento en este campo.

Como parte de esta intervención, se inauguró también un stand que rompe con la idea tradicional de exhibición literaria.

Cuando pensamos en un stand de literatura, imaginamos libros. Este espacio propuso algo distinto: encarnar la literatura.

A través de títeres, recurso fundamental en el teatro y en la educación infantil, los visitantes pudieron encontrarse con personajes como Pinocho, Alicia, Caperucita Roja, Blancanieves, Peter Pan, El Principito, La Sirenita y Harry Potter.

Más que una exposición, fue una experiencia estética, lúdica y formativa que permitió comprender que la literatura infantil y juvenil también se vive, se representa y se interpreta.

Hay algo que no podemos perder de vista.

Nosotros pasaremos. Nuestras voces se apagarán con el tiempo. Nuestras intervenciones se diluirán.

Pero los personajes de la literatura permanecerán.

Don Quijote seguirá cabalgando contra los molinos.

Alicia seguirá preguntándonos quiénes somos.

Pinocho seguirá enfrentando el dilema de la verdad.

Y El Principito seguirá recordándonos que lo esencial es invisible a los ojos.

Tal vez ahí radique la mayor responsabilidad de nuestro tiempo: decidir si queremos una sociedad que solo sepa leer… o una sociedad que sepa comprender.

Patricio León

Educador y artista multidisciplinario

Patricio León. Educador y artista multidisciplinario. Educador, actor, escritor y músico. Doctorando en Ciencias de la Educación en la Universidad Anáhuac (México), con experiencia en formación docente, educación infantil, gestión curricular y literatura infantil. Ha publicado ensayos, ficción, poesía y teatro. En escena, ha interpretado personajes clásicos y contemporáneos en obras de autores como Beckett, Lorca y Sábato. Su trabajo integra arte y pedagogía, fomentando la formación integral a través de la palabra y el escenario. patricioleoncruz@gmail.com

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