La ciencia que estudia la estructura y el funcionamiento de las lenguas en todas sus dimensiones se llama Lingüística. Y como las lenguas son estructuras o sistemas tan complejos, es necesaria una ramificación en varias subdisciplinas encargadas de estudiar aspectos particulares, como sucede, por ejemplo, con la Medicina y sus diversas especialidades: Cardiología, Oftalmología, Urología, etc.

En relación con este tema suele haber cierto grado de desinformación. Por eso, conviene repetir que la Lingüística es una ciencia como cualquier otra, que requiere muchos años de estudio para lograr conocerla y alcanzar los grados académicos de licenciatura, maestría y doctorado. Muchas personas ignoran que, así como un profesional puede ser médico (doctor en Medicina), economista (doctor en Economía), también puede ser lingüista (doctor en Lingüística).

Entre las subdisciplinas lingüísticas se destacan las siguientes: la Morfología, que estudia la estructura y la formación de las palabras; la Sintaxis, que se ocupa de la relación de las palabras dentro de la oración; la Semántica, que analiza el significado de las palabras y de las oraciones; la Pragmática, que explica cómo el sentido de las palabras y de las oraciones depende de la situación en la que son utilizadas; la Sociolingüística, que analiza el funcionamiento de la lengua dentro del contexto social para comprobar la influencia que tienen en el habla de las personas factores como su nivel sociocultural o la edad; la Dialectoloa, que describe la variedad lingüística a lo largo del espacio geográfico, las diferencias existentes entre una región y otra; la Sicolingüística, que analiza las relaciones entre la lengua y las estructuras cognoscitivas, para explicar temas corno la adquisición del lenguaje; la Lingüística histórica, que estudia la evolución, los cambios que experimenta la lengua a través del tiempo; la Lingüística aplicada, que pone los métodos y los resultados de la Lingüística al servicio de áreas como la enseñanza de idiomas y la traducción.

Y como las lenguas son instrumentos orales de comunicación, es indispensable y lógico que algunas subdisciplinas se especialicen en el estudio de los sonidos, que son la materia prima del proceso de comunicación lingüística. Las dos ramas de la Lingüística encargadas de estudiar el aspecto fónico de las lenguas son la Fonética y la Fonoloa.

Aunque aparentemente la Fonética y la Fonología coinciden en estudiar la misma realidad (los sonidos lingüísticos ― phōnḗ = ‘sonido’), se diferencian, sin embargo, porque lo hacen desde puntos de vista diferentes. La Fonética realiza un análisis de los sonidos en cuanto realidades materiales. Analiza, por ejemplo, cómo se pronuncia una ‘ele’ en español. Una breve observación fisiológica revela que en la articulación de la /l/, la punta de la lengua, llamada ápice, se acerca a los alvéolos y toca esa zona anterior del techo de la boca. Un análisis físico, en cambio, descubre que dicho sonido presenta una concentración de sus frecuencias en la zona alta del espectro acústico. Es un sonido agudo. Desde la perspectiva del oyente habría que estudiar el problema envuelto en la percepción de ese sonido, que se inicia con la llegada de la onda sonora al oído pero que implica una serie de procesos muy complejos de orden neuro- y sicolingüístico.

En cualquier caso, es un estudio del sonido en sí mismo, sin atender a su pertenencia y su utilización en una lengua determinada. En síntesis, la Fotica se define como la disciplina lingüística que se ocupa de estudiar las propiedades físicas y los procesos de producción y de percepción de los sonidos del lenguaje. Se puede apreciar, según lo apuntado anteriormente, que esta ciencia está vinculada a la Anatomía, a la Fisiología, a la Física y a la Sicología. La Fonética es, por tanto, una ciencia sintetizadora, interdisciplinaria.

La Fonología, por su parte, adopta un criterio funcional. Su objetivo consiste en estudiar los sonidos desde el punto de vista de su funcionamiento y de su utilización en las lenguas para formar los signos lingüísticos. Así, con respecto a la consonante /l/, por ejemplo, la fonología del

español permite establecer que:

  1. A. Desempeña una función distintiva: su presencia puede variar el sentido de las palabras. Basta comparar lana y cana, pelo y peso, mal y mar, mil y mi.
  2. B. Puede aparecer al principio de palabra (lado), en el interior (palo) y al final (papel); también puede estar al principio y al final de sílaba (malo, alto). Pero, en posición final de sílaba interior de palabra, tiene que ir seguida por otra consonante (alto, alma), y cuando comienza una palabra o una sílaba, debe ir delante de una vocal (luna, mula). Según esto, su comportamiento es diferente al de /f/, que admite combinación con r y l siguientes al principio de palabra o sílaba (fresco, cofre, flauta), pero que casi no funciona en posición final de sílaba (son raros los casos como difteria) y no aparece al fin de Es, por tanto, función de la Fonología explicar que, si bien formas como ‘lfuta’ y ‘fluta’ son ambas inexistentes en español, la primera es imposible (está mal formada ya que viola la regla según la cual la /l/ inicial de palabra debe ir seguida por una vocal); en cambio, la segunda es posible. El hecho de que no exista es una simple laguna accidental en el léxico español.

En consecuencia, la Fonología puede definirse como la disciplina lingüística que estudia el sistema de sonidos de las lenguas. Ese sistema está constituido por tres elementos:

  1. el inventario o el conjunto de los sonidos utilizados por una lengua dada;
  2. las reglas que determinan cuáles combinaciones son permitidas;
  3. los procesos (cambios, adiciones, eliminaciones) que afectan a los sonidos.

Cada lengua tiene su propio sistema de sonidos que incluye semejanzas y diferencias con respecto al de las demás lenguas. Unos rasgos comunes a todas, que pueden ser considerados universales, son la presencia de vocales, como la /a/ y la /i/; de consonantes, como la /p/; o el hecho de que la secuencia de consonante más vocal (CV) constituye un esquema silábico omnipresente.

Sin embargo, frente a esas semejanzas, existen diferencias en los tres aspectos señalados. Por ejemplo, el inventario del español contiene un sonido ausente en inglés, erre /rr/, que se opone a ere /r/ (carro – caro); en cambio, el inglés diferencia el sonido sh, que el español no tiene, de ch (ship: barco – chip: nacho, papa frita). Con relación a las reglas, el inglés permite, y el español no, la combinación de /s/ más consonante al principio de la palabra (stop). En cuanto a los procesos, el español suaviza o fricativiza las sonoras /b/, /d/ y /g/ cuando están, por ejemplo, entre dos vocales (lobo, cada, lago), en tanto que el inglés no lo hace.

En resumen, la Fonética y la Fonología no solo son ciencias afines, sino interdependientes. La primera estudia los sonidos lingüísticos, no cualquier sonido, en el terreno concreto del habla; la segunda se ocupa del funcionamiento de los sonidos, ya descritos según sus rasgos fonéticos, dentro del sistema abstracto de la lengua objeto de estudio.

Orlando Alba

Linguista

Orlando Alba es un lingüista dominicano, socio de Honor de la Asociación de Lingüística y Filología de América Latina, ALFAL, miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana y académico correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua. Fue condecorado por el Estado dominicano con la Orden de Duarte, Sánchez y Mella, en el grado de Comendador. Ha sido catedrático de la PUCMM y de Brigham Young University. Su bibliografía incluye numerosos artículos en revistas especializadas y más de una docena de libros que analizan, principalmente, temas relativos al español dominicano. Con motivo de su jubilación, un grupo de colegas reconoció su carrera académica de más de 40 años con la publicación del libro ‘Estudios de lengua y lingüística españolas – Homenaje a Orlando Alba’ (Ed. Peter Lang SA).

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