"La culpa es de mi madre, 70 poemas sin mala intención"», de Juan de los Santos González (Sevilla, España, 1961, quien ha residido en República Dominicana), es un libro que, si partimos únicamente del título y sin leer la “Aclaración” que el sujeto-autor nos ofrece (ver págs. 11-12) ni el prólogo escrito por él mismo (ver págs. 13-14), podríamos caer en el error de pensar que se trata de un desahogo contra su madre, cuando en realidad es todo lo contrario: una expresión simbólica de profundo agradecimiento hacia ella.

Esta obra, editada por Círculo Rojo Editorial en 2025, consta de 173 páginas y está dedicada con agradecimiento a Coral, “por darme el apoyo necesario para hacer realidad este libro” (pág. 7). A primera vista, parece un libro de crecimiento espiritual; sin embargo, no es un manual de consejos espirituales. Cuando el lector o la lectora entra en su cuerpo expresivo y estético, se encuentra con un soporte poético sostenido por un fluir de metáforas que se despliegan desde el uso rítmico y musical de la palabra.

Una cosa es lo que el autor piensa que es su obra y otra muy distinta es lo que la obra, en su esencia discursiva, le revela al lector. Digo esto porque la descripción que el propio sujeto-autor hace de su libro es la siguiente: “El libro que tienen en sus manos (sobre la mesa) es un poemario sobre hechos cotidianos, sobre el amor, la naturaleza y algunas consideraciones sobre lo que realmente somos, el ser interior, al final algunas reflexiones a las que me llevó la vida”. Eso es lo que dice el autor sobre su obra (ver pág. 9, obra citada).

Y va más allá. En una “Aclaración”, nos cuenta que cuando era niño su madre le mencionó un proverbio de la antigüedad que dice que “todo hombre de provecho debe tener un hijo, también vale una hija, plantar un árbol y escribir un libro” (ver pág. 11, obra citada).

Como ya había plantado un árbol y tenía un hijo, solo le faltaba escribir un libro, algo que le resultó muy difícil. Pero, según él, cumplió el reto. En este sentido, se trata de un libro escrito para responder al desafío que le planteó su madre; por eso ella es la “culpable” de que hoy él sea escritor.

En el prólogo del libro, también escrito por el sujeto-autor, nos invita a atrevernos a descubrir el ser interior que todos tenemos y que tanta gente desconoce: lo que realmente somos, el autoconocimiento. “El ser interior es la esencia de lo que cada uno verdaderamente es” (ver pág. 13, obra citada).Sin embargo, el discurso poético del libro desdice en parte “la verdad” del sujeto-autor. Los motivos esenciales que dieron origen a esta obra están enmarcados en una profunda expresión de agradecimiento a quienes se preocuparon por su salud en aquellos momentos de cercanía con la muerte.

El libro mismo y su discurso nos revelan su verdadero origen. Veamos:
«Mi salud quebrada / me hizo danzar con la muerte / al son de una macabra melodía / que me envolvía de trágico modo / y engañaba a mi voluntad de vivir / pero una música de amor sonó más fuerte / y me arrastró al lado de la vida / Cuando pude despertar / allí estabais todos / cantando a coro / tan bella canción».
(ver pág. 17, poema “Lo que el amor puede”, obra citada).

El amor materno, el afecto a la amistad y el cariño hacia su hija son motivos que encajan perfectamente en la organización temática de estos poemas.

Debo observar, no obstante, que se trata de un discurso bastante directo. Por ello sería necesario que el sujeto-autor hiciera un mayor uso de la metáfora y del dominio de las imágenes poéticas para consolidar su discurso estético. Desde la poesía no basta con decir, hay que saber decir. Eso implica tener verdadero dominio del decir estético dentro del poema.

Se puede notar que en la mayoría de los poemas recogidos en esta obra, el sujeto-autor hace uso frecuente de la rima interna.

En este cantar directo hay una emotiva manifestación de lo percibido y lo vivido por el sujeto-autor, convirtiendo el texto en un testimonio de intimidades y vivencias referenciales muy personales.

Los recuerdos y el transcurrir de la vida del sujeto-autor quedan registrados en este decir sentimental, como quien quiere dejar constancia de lo vivido a través del tiempo.

Quiero resaltar aquel apartado del libro dedicado a la “Pasión dominicana, son, baile y ron”, que responde a una manifestación poético-referencial sobre la concepción que tiene el sujeto-autor de este pueblo en el que ha vivido parte de su existencia. Veamos:

«Haz sonreír tu cara morena / que le da vida a mi vida / y me hace olvidar mi pena / Baila dando vueltas con alegría / y no pares ese cuerpo / hasta que alumbre el día».
(ver pág. 44, obra citada).

Su canto también se dirige a España, en especial a “Andalucía cantada por un patio”. Veamos:

«En un patio de Andalucía / discutían el clavel y la rosa / sobre cuál era más hermosa / mientras la tarde caía».
(ver pág. 46, obra citada). Y, como es natural, no podía faltar un canto a su tierra natal, Sevilla (ver pág. 50), ni, a su manera, algunos versos dedicados al pueblo de Cuba (ver pág. 52).

Como les decía al principio de este trabajo, esta obra parece un manual de crecimiento espiritual, y, a medida que avanzamos en la lectura, nos encontramos con la voz intimista y lírica de alguien que ha elegido dejar constancia escrita de su existir, como testimonio de que su vivir pueda servir también a los demás.

Es suficiente con ponernos frente a las “Conclusiones a las que me llevó la vida” (ver pág. 168, obra citada). Veamos:
«-Comparte tu vida con alguien / pero no se la entregues a nadie.
-Intuye el futuro para encontrar la oportunidad / prevé el futuro para afrontarlo.
En un escaparate podrás encontrar todo para satisfacer tu vanidad / pero nada para encontrar tu felicidad.
-En la adultez / el ímpetu de la juventud va dando paso a la inercia.
Con más tiempo vivido / que por vivir, / más temo a la vida que a morir».

Es que esta obra, como testimonio del vivir del sujeto-autor, con la mirada interior vuelta hacia el otro, se convierte en una posibilidad de regeneración del Ser. Por eso aquí estamos frente a un hecho material y espiritual donde la culpa realmente fue de la madre… para bien de los lectores, en este tiempo de dudas e incertidumbres.

Julio Cuevas

Poeta

Poeta, ensayista y crítico literario. Licenciatura en Educación, mención Filosofía y Letras-UASD. Maestria en Lingüística Aplicada-INTEC. Doctor en Derecho-O&M, con Maestria en Relaciones Internacionales, para el Área del Caribe-FLACSO-INTEC. Administración Cultural en Venezuela-OEA-CLACDEC. Fue Embajador, Encargado de Asuntos Culturales de la Cancillería dominicana. Ex-Secretario General de la Comisión Dominicana para la UNESCO. Es egresado de la Escuela Diplomática y Consular del Ministerio de Relaciones Exteriores. Actual Embajador Adscrito. Doctorado en Filosofía para un Mundo Global, Universidad País Vasco. OBRAS: ¨Epistolario del Crepúsculo¨, (poemas, 1974), ¨Visión Critica en Torno a la Poesía de Víctor Villegas¨, (Ensayo, 1975), ¨Testimonio del Tiempo¨ (poemas, 1986), ¨Homenaje en Tono Oblicuo¨ (poemas, 1992), ¨Los Cantos del Hierofante¨ (poemas, 1997),¨Poemas Tierra Adentro¨ (poema, 2008) y Literatura Infantil para el Desarrollo de la Creatividad y el Pensamiento Crítico (Ensayo,2013). Profesor Escuela de Letras UASD.

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