En un reciente viaje a Colombia me recomendaron la lectura de “La ceiba de la memoria” (1) de Roberto Burgos Cantor (1948-2018), ganadora del Premio Literario, Casa de las Américas en la categoría de novela (2009) y finalista del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos (2010), así como de otros autores contemporáneos entre los cuales Lorena Salazar (“Esta herida llena de Peces”) y Pilar Santana (“La Perra”). La lectura de la literatura colombiana actual tiene gran relación con el proceso de la violencia y el horror cotidiano vividos por la población desde hace décadas y que nos impone una reflexión como lectores sobre la supervivencia en una sociedad marcada por lo nefasto y el miedo.

La novela antes citada de Burgos Cantor, sin embargo, va más allá de las descripciones de situaciones y vivencias en el presente, induciendo una reflexión sobre los hechos fundadores que han dado lugar al desbarajuste social y político en la sociedad colombiana actual que igualmente podríamos constatar en la nuestra y en los demás países herederos de una historia colonial común. Del mismo modo nos incita a la necesidad de preservar el pasado a través de la memoria, enfrentándonos igualmente a las derivas y consecuencias del horror, secuelas de la guerra y de regímenes totalitarios en lo que podríamos llamar el “Occidente referencial” lo que implica el cuestionamiento ético y moral de la Historia.

Son muchos los elementos estructurales que la incluyen en la definición de novela total posmoderna ya que haciendo uso de una polifonía que fragmenta la obra y una temporalidad que engloba los siglos XVII y XX entre América y Europa, el texto cuestiona la ideología cristiana y desmenuza las posibilidades de escritura del mismo.

La novela está dividida en cuatro partes y 49 capítulos, en los que cinco personajes principales, históricos (Benkos Biohó, San Pedro Claver y Alonso de Sandoval) o personajes de ficción, con sus voces introspectivas, conforman un relato global que traduce la Historia invisible, la que les concierne como individuos y que nos implica en una reflexión personal sobre lo que usualmente resulta inimaginable.

El núcleo de la trama es la Cartagena de Indias del siglo XVII, lugar de llegada y venta de esclavos y del establecimiento del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición. Pero paralelamente, con la utilización de anacronismos, nos presenta el museo de Auschwitz, símbolo del horror, en un ir y venir temporal, instaurando de manera queda, un sistema especular entre esclavitud y holocausto.

La voz del personaje histórico Benkos Biohó, líder de la rebelión de esclavos cimarrones en el Nuevo Reino de Granada  y fundador del primer  pueblo de esclavos libres  en América (Palenque de San Basilio) así como la voz de Analia Tu-Bari personaje ficcional nos hablan del horror de la esclavitud que se ha callado, de esa deshumanización inherente a la caza de esclavos, a la travesía, a los corrales de negros marcados al fierro y a la negación de su identidad cultural. Esta negación implica personajes históricos como el hoy santo Pedro Claver y su correligionario Alonso de Sandoval quienes aún luchando contra la esclavitud, intentan borrar sus identidades primeras, negando la otredad en base a una noción cristiana de la salvación.

Frente al dolor, la voz encarna la única vía de libertad posible que define los personajes en situaciones diversas frente al drama y la soledad. Esta última concierne igualmente al personaje metaficcional Thomas Bledsoe (2) quien escribe una novela sobre la esclavitud y al fictivo Dominica de Orellana, esposa melancólica de  funcionario quien cuestiona su permanencia en la colonia y manifiesta su espanto frente a las moral imperante en esta.

Una vez establecido este marco de lectura, es bueno insistir sobre su aporte a nivel de lo que consideramos esencial para la comprensión del presente: la memoria. Esto nos lleva a cuestionar la ausencia del relato necesario sobre la esclavitud en nuestra formación escolar y por ende del desconocimiento del horror vivido por los esclavos, producto de una negación oficial tanto del maltrato que les fue infligido como del precio social a posteriori que esta implica.

Roberto Burgos Cantor es un autor esencial, un prodigioso de la lengua, cuya obra es ya un referente de la literatura latinoamericana.

Para terminar, vuelvo a mi reciente viaje a Colombia y en particular a Cartagena de Indias, para expresar mi sorpresa frente al visible folclorismo con el que se trata la herencia del palenque.

Nelson Ricart Guerrero

Artista visual, escritor.

artista visual, escritor.
 Dominicano residente en Francia.

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