«Cero bibliotecas versus mil millones de bancas».

La humanidad atraviesa una profunda transformación impulsada por la inteligencia artificial y las plataformas digitales, cuyos efectos trascienden la tecnología para incidir en el pensamiento, las relaciones humanas y la democracia.

En una entrevista reciente, Aaron Sorkin, guionista de "La red social", advierte sobre el poder de los algoritmos de Facebook para privilegiar contenidos que provocan indignación y polarización. Según explica, la plataforma llegó a valorar los comentarios cinco veces más que los «me gusta», determinadas reacciones quince veces y las publicaciones compartidas treinta veces, favoreciendo la difusión de contenidos emocionalmente conflictivos.

Sorkin relaciona esta dinámica con el asalto al Capitolio estadounidense del 6 de enero de 2021, poniendo de relieve la responsabilidad de las corporaciones tecnológicas en la configuración del debate público.

La manipulación del pensamiento y la crisis de la verdad

Durante siglos, la filosofía ha considerado la búsqueda de la verdad una de las aspiraciones fundamentales del pensamiento humano. Desde Sócrates y Platón hasta Kant, Hegel y los grandes pensadores contemporáneos, el conocimiento ha estado vinculado a la interrogación, la duda, la contradicción y el ejercicio de la razón.

Hoy, una parte considerable de nuestra relación con el conocimiento está mediada por sistemas tecnológicos cuyos procedimientos internos desconocemos y cuyos criterios de selección no necesariamente responden al interés público.

Los algoritmos no se limitan a organizar información. Pueden contribuir a establecer jerarquías de visibilidad, reforzar prejuicios, alimentar determinadas emociones y crear entornos informativos en los cuales los individuos encuentran, reiteradamente, aquello que confirma sus propias creencias.

De esta manera, la pluralidad del conocimiento corre el riesgo de ser sustituida por la repetición de discursos, mientras la confrontación razonada de las ideas cede terreno ante la reacción inmediata.

La verdad deja entonces de ser una construcción crítica sometida a la comprobación, el análisis y el debate para convertirse, con demasiada frecuencia, en aquello que obtiene mayor circulación y capacidad de provocar respuestas.

No significa que las tecnologías hayan inventado la manipulación ideológica. La propaganda, la censura y la fabricación del consentimiento tienen una larga historia. Lo verdaderamente novedoso es la escala, la velocidad y la capacidad de personalización con que estas prácticas pueden desarrollarse.

 Inteligencia artificial y sesgos ideológicos

La inteligencia artificial representa avances extraordinarios en múltiples campos del conocimiento. Sus aplicaciones en la medicina, la investigación científica, la educación, la producción y las comunicaciones abren posibilidades que apenas comenzamos a comprender.

Pero reconocer sus capacidades no significa renunciar a una evaluación crítica de sus limitaciones, de los intereses que intervienen en su desarrollo ni de las relaciones de poder que pueden reproducir sus sistemas.

La inteligencia artificial no surge en un vacío histórico, político o cultural. Es desarrollada por instituciones y corporaciones que operan dentro de sociedades atravesadas por desigualdades económicas, conflictos ideológicos y disputas geopolíticas.

Los datos utilizados para entrenar estos sistemas, los criterios empleados para seleccionar información y las decisiones humanas que orientan su funcionamiento pueden incorporar prejuicios, exclusiones y visiones parciales del mundo.

Por ello, debemos examinar críticamente una inteligencia artificial que puede presentar evidentes sesgos ideológicos y que, por su propia naturaleza, es incapaz de reproducir plenamente la profundidad de la experiencia humana, su complejidad histórica y existencial, sus aciertos y sus abismos.

La condición humana no puede reducirse a patrones estadísticos ni a la reproducción de estructuras lingüísticas. Comprende la conciencia de la finitud, el sufrimiento, la memoria, la imaginación, la contradicción, la sensibilidad estética, los conflictos morales y la capacidad de interrogarse sobre el sentido de la existencia.

Una máquina puede producir discursos sobre el dolor sin haberlo experimentado; describir el amor sin haber amado; elaborar reflexiones sobre la muerte sin enfrentar su propia mortalidad.

Esto no invalida su utilidad intelectual, pero establece una diferencia fundamental entre el procesamiento artificial de información y la experiencia humana de existir.

El peligro comienza cuando confundimos la capacidad de generar respuestas con la posesión de sabiduría, o cuando aceptamos sus resultados como verdades definitivas sin someterlos al examen de nuestra propia razón.

Imagen creada por IA.

Educación, pensamiento crítico y autonomía intelectual

Frente a estos desafíos, la educación adquiere una responsabilidad histórica.

No basta con incorporar dispositivos tecnológicos a las aulas ni con promover el uso de herramientas de inteligencia artificial. Es indispensable formar seres humanos capaces de pensar por sí mismos, comprender la complejidad de los fenómenos y ejercer una ciudadanía consciente.

La educación debe fortalecer el razonamiento lógico, profundo, complejo, creativo y crítico, capaz de enfrentar los preocupantes desafíos del siglo XXI.

Esto exige recuperar la importancia de la filosofía, la historia, la literatura, las ciencias, las artes y las humanidades como componentes esenciales de una formación integral.

Una sociedad que renuncia a enseñar a pensar termina formando individuos técnicamente funcionales, pero intelectualmente vulnerables frente a la manipulación.

El conocimiento no consiste únicamente en disponer de información. Supone comprender sus fundamentos, identificar sus contradicciones, distinguir los hechos de las interpretaciones y desarrollar criterios propios.

La inteligencia artificial puede contribuir extraordinariamente a ese proceso, siempre que permanezca subordinada al ejercicio autónomo del pensamiento y no se convierta en su sustituto.

El verdadero desafío educativo no es competir con las máquinas en velocidad de procesamiento, sino desarrollar aquellas capacidades humanas que permiten comprender, cuestionar, crear y transformar la realidad.

El Banco Mundial, América Latina y las nuevas formas de dependencia tecnológica

Resulta particularmente significativo que el Banco Mundial esté promoviendo activamente la incorporación de la inteligencia artificial en las economías en desarrollo.

En el evento denominado «IA de pequeña escala: más y mejores empleos», representantes y especialistas analizaron las posibilidades de utilizar una inteligencia artificial asequible, adaptada a los contextos locales, para incrementar la productividad y ampliar las oportunidades de agricultores, profesionales de la salud, estudiantes y pequeñas empresas.

La iniciativa identifica cuatro condiciones fundamentales para su expansión: infraestructura, competencias, confianza y alianzas.

Este planteamiento reconoce posibilidades reales para democratizar el acceso a tecnologías avanzadas. Sin embargo, desde una perspectiva económica, filosófica y geopolítica, también obliga a formular interrogantes sobre el papel de los organismos financieros internacionales en la transformación tecnológica de los países latinoamericanos.

¿Estamos ante una oportunidad histórica para reducir las desigualdades tecnológicas o frente al riesgo de consolidar nuevas relaciones de dependencia entre los países productores de tecnología y aquellos que se limitan a consumirla?

La cuestión no consiste solamente en determinar quién financia la incorporación de estas herramientas, sino quién controla su desarrollo, sus infraestructuras, sus datos y los beneficios económicos derivados de su utilización.

Es necesario distinguir entre el financiamiento destinado a facilitar la adopción tecnológica y aquel orientado a desarrollar capacidades nacionales de investigación, innovación y producción científica. La celebración de un encuentro internacional, por sí sola, no demuestra la existencia de compromisos financieros específicos para América Latina.

El problema de fondo es la posición que ocuparán nuestros países en la nueva división internacional del conocimiento.

Si las principales plataformas, los modelos de inteligencia artificial y las infraestructuras de procesamiento permanecen concentrados en un reducido número de corporaciones y potencias tecnológicas, las economías latinoamericanas podrían profundizar su dependencia, incluso mientras modernizan determinados procesos productivos.

Esta situación adquiere una dimensión especialmente delicada cuando consideramos que los datos generados por nuestras sociedades constituyen recursos de creciente valor económico, científico y estratégico.

¿Quién se apropia de ese conocimiento? ¿Quién establece las condiciones para su utilización? ¿Qué garantías existen para proteger la privacidad, la diversidad cultural y la autonomía de nuestras instituciones?

América Latina necesita participar activamente en la producción del conocimiento tecnológico y no resignarse a ser un mercado consumidor de soluciones diseñadas desde realidades ajenas.

La cooperación internacional puede contribuir a este propósito, pero debe acompañarse de transferencia efectiva de conocimientos, formación científica, fortalecimiento institucional y condiciones que permitan construir capacidades propias.

República Dominicana ante un nuevo orden mundial: soberanía nacional, transformación estructural y desarrollo

La República Dominicana enfrenta los desafíos del siglo XXI en un escenario geopolítico caracterizado por profundas incertidumbres, disputas entre las grandes potencias, transformaciones de los centros del poder económico, creciente endeudamiento global y una acelerada revolución científica y tecnológica que está redefiniendo las relaciones internacionales.

Este panorama obliga a reflexionar sobre la soberanía nacional y nuestra capacidad para construir un modelo de desarrollo económico, social, científico, industrial y cultural que responda a los intereses y necesidades de la sociedad dominicana.

La soberanía no puede reducirse a una declaración jurídica de independencia ni al ejercicio formal de la autoridad del Estado sobre su territorio. También comprende la capacidad efectiva de una nación para decidir sobre sus recursos estratégicos, orientar sus políticas económicas, garantizar su seguridad alimentaria, proteger su patrimonio natural y desarrollar sus propias capacidades productivas e intelectuales.

Uno de nuestros mayores desafíos consiste en superar las limitaciones estructurales de una economía que, pese a sus períodos de crecimiento, mantiene importantes dependencias externas y desigualdades sociales.

El desarrollo exige fortalecer la producción nacional, impulsar la industrialización, diversificar las exportaciones y generar mayor valor agregado mediante el conocimiento científico, la innovación tecnológica y el aprovechamiento responsable de nuestros recursos.

No podemos resignarnos a una economía que dependa fundamentalmente de la prestación de servicios, las importaciones y la comercialización de materias primas, sin desarrollar suficientemente las capacidades industriales y tecnológicas necesarias para transformar nuestros propios recursos y ampliar las oportunidades de empleo productivo.

La industrialización del siglo XXI no puede reproducir mecánicamente los modelos del pasado. Debe incorporar investigación, tecnología, eficiencia energética, sostenibilidad ambiental, formación de recursos humanos y cadenas productivas capaces de generar riqueza y distribuir más equitativamente sus beneficios.

En este escenario, nuestros recursos naturales adquieren una importancia estratégica extraordinaria.

El agua, el oro, los minerales críticos, las potenciales tierras raras, los suelos agrícolas, los bosques, los recursos marinos y la biodiversidad forman parte de un patrimonio cuya protección y aprovechamiento deben responder a una visión de largo plazo.

La creciente competencia internacional por minerales estratégicos, indispensables para determinadas tecnologías avanzadas, la transición energética y diversas industrias, plantea interrogantes fundamentales sobre las condiciones de explotación, transformación y comercialización de esas riquezas.

La República Dominicana necesita conocer rigurosamente el potencial real de sus recursos minerales y las consecuencias económicas, sociales y ambientales de su aprovechamiento. En el caso de las tierras raras, resulta indispensable distinguir entre la identificación de indicios geológicos y la existencia de reservas económicamente explotables.

Pero la discusión no puede limitarse a cuánto oro o cuántos minerales poseemos, ni al volumen de ingresos que eventualmente pueda recibir el Estado.

"La cuestión fundamental es quién controla esos recursos, bajo qué condiciones se explotan, cuánto valor agregado permanece en el país, cómo se distribuyen sus beneficios y qué consecuencias tendrá su aprovechamiento para las generaciones futuras."

Particular atención merece el agua, recurso esencial para la vida, la agricultura, la salud pública, los ecosistemas y la seguridad nacional. Su protección no puede subordinarse exclusivamente a criterios de rentabilidad económica ni a intereses particulares.

Asimismo, la soberanía alimentaria constituye una dimensión imprescindible de la independencia nacional. Una sociedad que no fortalece su capacidad para producir alimentos, proteger sus tierras agrícolas, apoyar a sus productores y garantizar el acceso de su población a una alimentación suficiente y saludable permanece expuesta a las fluctuaciones de los mercados internacionales, las crisis climáticas y las interrupciones de las cadenas globales de suministro.

Esto exige políticas sostenidas de desarrollo rural, investigación agropecuaria, infraestructura hidráulica, innovación productiva, protección de los suelos y fortalecimiento de los pequeños y medianos productores.

La soberanía alimentaria no implica necesariamente producir absolutamente todo lo que consumimos, sino construir capacidades nacionales que reduzcan vulnerabilidades y permitan tomar decisiones estratégicas sin dependencias excesivas.

A estas preocupaciones se añade el problema del endeudamiento público y de la deuda global, que condiciona las posibilidades de inversión y los márgenes de decisión de los Estados. La sostenibilidad de las finanzas públicas debe examinarse junto con la calidad del gasto, la estructura productiva y la capacidad de generar riqueza nacional.

Por consiguiente, la República Dominicana necesita un proyecto nacional de desarrollo que articule soberanía política, económica, alimentaria, energética, tecnológica, científica y cultural.

La cooperación y la inversión internacionales pueden desempeñar un papel importante en este proceso, siempre que se desarrollen dentro de un marco de transparencia, seguridad jurídica, protección de los intereses nacionales y beneficios verificables para la población.

No se trata de promover el aislamiento económico ni de desconocer la interdependencia entre las naciones, sino de participar en ella desde una posición de mayores capacidades propias y con una visión estratégica de nuestros intereses.

"El verdadero desafío de la República Dominicana no consiste solamente en incorporarse a las transformaciones del mundo contemporáneo, sino en decidir qué nación queremos construir, qué modelo de desarrollo aspiramos a alcanzar y qué patrimonio económico, natural, cultural y humano dejaremos a las próximas generaciones."

Educación, desarrollo y soberanía tecnológica en la República Dominicana

La construcción de ese proyecto nacional exige reconocer que ninguna transformación económica, industrial o tecnológica será sostenible sin una profunda transformación del sistema educativo.

En la República Dominicana, este debate adquiere particular importancia ante las debilidades estructurales de la educación, las desigualdades sociales y las limitaciones de nuestra capacidad nacional de investigación científica.

No podemos hablar seriamente de transformación tecnológica sin examinar las condiciones de formación de nuestros docentes, la calidad de los aprendizajes, las competencias de nuestros estudiantes y las posibilidades reales de acceso al conocimiento.

La incorporación de inteligencia artificial a las actividades educativas y productivas no resolverá automáticamente las deficiencias acumuladas durante décadas. Por el contrario, sin políticas públicas coherentes, podría ampliar la distancia entre quienes poseen los recursos materiales y culturales para aprovechar estas tecnologías y quienes permanecen excluidos de sus beneficios.

La República Dominicana necesita una estrategia nacional que articule educación, investigación científica, innovación, desarrollo productivo y protección de los derechos digitales.

La soberanía tecnológica, como parte de la soberanía nacional, significa desarrollar capacidades para comprender, evaluar, regular y participar en la creación de las tecnologías que transforman nuestra sociedad.

Exige también preservar nuestra identidad cultural, nuestra memoria histórica y nuestra capacidad de producir pensamiento propio.

La dependencia tecnológica puede convertirse en dependencia intelectual cuando una sociedad renuncia a interrogar críticamente los sistemas que utiliza y acepta sus respuestas como criterios incuestionables de verdad.

El desarrollo, por tanto, no puede medirse exclusivamente por el crecimiento del producto interno bruto, la expansión de las inversiones o la incorporación de tecnologías avanzadas. Debe expresarse también en la calidad de la educación, la reducción de las desigualdades, la dignidad del trabajo, el fortalecimiento de las instituciones democráticas y las oportunidades reales de realización humana.

La dimensión ética y filosófica del desafío

La expansión de la inteligencia artificial y las transformaciones del orden mundial nos obligan a recuperar una interrogante esencial: ¿qué clase de humanidad estamos construyendo?

El progreso técnico no equivale necesariamente al progreso moral.

La historia demuestra que sociedades capaces de alcanzar extraordinarios niveles de desarrollo científico también han producido guerras, sistemas de dominación, mecanismos de exterminio y profundas formas de deshumanización.

Por consiguiente, la cuestión no consiste solamente en determinar hasta dónde pueden llegar las máquinas, sino en preguntarnos hacia dónde queremos conducir nuestras sociedades.

Una civilización que multiplica sus capacidades tecnológicas mientras debilita la reflexión ética, la solidaridad, la sensibilidad humana y el pensamiento crítico corre el riesgo de convertir sus propios avances en instrumentos de subordinación.

La tecnología debe estar al servicio de la libertad, la dignidad humana, la justicia social y la ampliación del conocimiento.

No podemos permitir que los mecanismos de manipulación de la atención sustituyan el diálogo, que la velocidad de las respuestas desplace la profundidad de las preguntas ni que la aparente neutralidad de los algoritmos oculte los intereses y las relaciones de poder que intervienen en su construcción.

Tampoco podemos aceptar que la promesa de modernización tecnológica se convierta en una justificación para perpetuar modelos de desarrollo que concentran la riqueza, reproducen desigualdades y subordinan el patrimonio natural y humano de las naciones a intereses que no necesariamente coinciden con el bienestar de sus pueblos.

El desafío ético es también político y económico. Consiste en preguntarnos no solamente qué tecnologías necesitamos, sino para quiénes se desarrollan, quiénes controlan sus beneficios y qué consecuencias tendrán sobre las generaciones presentes y futuras.

Reflexión final

La inteligencia artificial constituye uno de los mayores acontecimientos científicos y tecnológicos de nuestro tiempo. Sería absurdo desconocer sus posibilidades o rechazar sus aportes.

Pero sería igualmente irresponsable asumir que todo avance tecnológico representa, por sí mismo, una conquista de la humanidad.

El desafío fundamental consiste en preservar la autonomía del pensamiento, la capacidad de disentir, la libertad de conciencia y el derecho de los pueblos a construir su propio destino, mediante instituciones democráticas que garanticen el Estado de derecho, el respeto a la voluntad popular, la justicia social, política y económica, así como la protección del medioambiente.

Para América Latina y particularmente para la República Dominicana, esto significa asumir la transformación tecnológica dentro de una concepción integral de la soberanía nacional, capaz de responder a las incertidumbres geopolíticas y de impulsar los cambios estructurales que demanda nuestro desarrollo.

Necesitamos una ciudadanía que no confunda información con conocimiento, popularidad con verdad ni inteligencia artificial con conciencia humana.

"El desafío consiste en una educación capaz de superar la lógica exclusiva de la competitividad, generar valor agregado y producir riqueza integral, científica y humana."

Porque el porvenir de nuestra civilización no dependerá únicamente de la sofisticación de sus máquinas ni del volumen de las riquezas materiales que logremos acumular, sino de nuestra capacidad para construir sociedades más justas, democráticas y soberanas, preservar el patrimonio natural y cultural de nuestros pueblos y colocar el conocimiento al servicio de la dignidad humana.

Y, sobre todo, dependerá de la profundidad de nuestro pensamiento, de la calidad de nuestros valores y de nuestra capacidad para preservar aquello que ninguna tecnología puede sustituir plenamente: "la compleja, contradictoria y extraordinaria condición humana, con todos sus aciertos, sus incertidumbres y sus abismos."

Desirée Domínguez Fiallo

De octubre de 2026

Desiree Domínguez Fiallo

Economista. Ingeniera. Artista Plástica. Gestora Cultural. Escritora

Desiree Domínguez Fiallo. Economista, Ingeniera Civil, INTEC. Artista Plástica, Gestora Cultural, Escritora. Publicaciones por varios años sobre Economía y Crítica de Arte. Revista Sobre El Caribe, dirigida por Rubén Silié, Conductora programa TV: Economía al Día y Foro Empresarial producción Víctor Grimaldi; Conductora programa de Radio: Con Los 5 Sentidos producción Socorro Castellanos. desireedominguez04@gmail.com

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