Hablar de Genaro Antonio Reyes Mercedes, «Cayuco», es hablar de una obra construida con las manos, con ingenio y con una profunda pertenencia a su territorio. Desde sus primeros pasos en la ebanistería hasta su desarrollo como escultor, artesano y artista visual, Cayuco ha recorrido un camino de búsqueda permanente, experimentando con la madera, el metal, la talla, la soldadura, el reciclaje y el ensamblaje, en una labor que le ha valido importantes reconocimientos dentro y fuera del país.
Cayuco ha sido elegido como artista homenajeado del Este Festival porque su trayectoria representa, de manera singular, una parte esencial del espíritu cultural del Este dominicano. Es un artista que no se ha separado de su territorio para encontrar su lenguaje: lo ha encontrado en él.

Su obra nace de la observación de una tierra donde el río encuentra al mar, donde la madera puede llegar arrastrada por el agua y donde los objetos, después de cumplir una primera función, reciben una nueva oportunidad. Cayuco aprendió a mirar aquello que otros pasan por alto. Encuentra, recoge, colecciona, ensambla y transforma esos fragmentos inicialmente inconexos en propuestas únicas.
Precisamente, su capacidad de transformar es una de las razones más profundas por las que hoy lo reconocemos. Porque en su obra existe una poderosa metáfora de la cultura misma: recoger lo que somos, lo que hemos heredado y aquello que encontramos en el camino; transformarlo, unirlo y devolverlo convertido en algo nuevo.
Hoy elegimos que la manera de nombrar a Cayuco sea esta: un habitante del mar, un recolector de memorias y un artista capaz de convertir los fragmentos en viajes de ida que siempre encuentran el regreso.
Cayuco es un habitante del mar, no solamente porque Miches sea su territorio de origen, sino porque el mar atraviesa su imaginario como paisaje, sustento, frontera, camino, memoria y destino. Un cayuco es una embarcación hecha para sostenerse sobre el agua; es también la posibilidad de avanzar, de buscar otro horizonte, de partir y regresar. Esa dimensión del viaje está presente en su obra cuando aborda la migración, las yolas, las partidas y las muchas historias de quienes se lanzan al mar en busca de una vida distinta. Allí, el mar deja de ser paisaje para convertirse en metáfora de la condición humana: de quienes parten, de quienes permanecen y de quienes llevan consigo, aún lejos, la memoria de su tierra. Su obra es un registro de vida.
El título de la exposición que presentamos en el Este Festival, «Cayuco: de Miches a Punta Cana», alude al recorrido de una vida, de una trayectoria artística que nace en Miches, atraviesa aprendizajes, experiencias y escenarios, y vuelve una y otra vez al territorio que alimentó su imaginación.
De Miches a Punta Cana se traza también una línea que conecta dos realidades fundamentales del Este dominicano: el territorio de origen, de raíces profundas y memoria comunitaria, y un espacio que se ha convertido en una de las grandes ventanas de nuestra región hacia el mundo. En medio de ese recorrido está Cayuco: con su oficio, sus hallazgos, sus historias y esa capacidad de llevar consigo el territorio sin necesidad de representarlo literalmente. Cayuco es el artista que ha mirado durante décadas su tierra, sus aguas, sus gentes, sus objetos, sus maderas, sus metales y sus viajes. De todo ello ha construido una obra que pertenece profundamente a Miches, pero que también forma parte de la cultura dominicana. Hoy homenajeamos al artista que entendió que el territorio también puede ser materia artística; al hombre que hizo del oficio una identidad creadora, del ensamblaje una poética y de aquello que parecía haber llegado al final de su camino, una nueva posibilidad.
Celebramos a Cayuco porque su obra habla de perseverancia, de la dignidad del oficio, de la riqueza cultural de nuestros territorios y de la posibilidad de crear desde la propia comunidad y dialogar con el mundo sin renunciar a las raíces. Porque su historia contiene algo que queremos celebrar profundamente en Este Festival: la esperanza que nace de la capacidad de crear. Para transformar hay que imaginar. Para ensamblar hay que encontrar posibilidades donde solo se ven partes. Para recoger aquello que ha sido abandonado hay que creer que todavía tiene valor. Y para dedicar una vida al arte hay que conservar la voluntad de seguir mirando y de encontrar nuevas formas en lo conocido.
Celebramos, en definitiva, la travesía de Cayuco y su obra, que nació del territorio y aprendió a navegar.
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