Celebrar la cultura equivale a reivindicar nuestra verdadera esencia. Se trata de una herencia viva que se transmite, se renueva y reinterpreta de generación en generación en un proceso dinámico y profundamente enriquecedor. La cultura es, sobre todo, el baluarte de nuestra identidad. Cuando la cultura se debilita, la identidad se diluye, dejando a las sociedades vulnerables a la asimilación con otras culturas, al desarraigo.

Vicepresidenta Raquel Peña y el viceministro de Cultura, Pastor de Moya.

Sabemos que la identidad no se construye desde la abstracción de los escritorios, sino que se forja en el territorio, en cada comunidad y en cada rincón del país. Con esa convicción, el Ministerio de Cultura promueve una descentralización real, organizando encuentros como este Festival Cultural de la Región Enriquillo 2026, una demarcación que posee una riqueza material e inmaterial que debemos valorar en toda su dimensión y salvaguardar.

Las cuatro provincias que conforman la región —Barahona, Pedernales, Independencia y Bahoruco— custodian un folclore singular que simboliza la fuerza y la resistencia de nuestra cultura. Podemos apreciarlo en las cachúas de Cabral, emblemática tradición barahonera. Es oportuno resaltar que el primer número de la nueva revista institucional del Ministerio de Cultura, Aída, dedicado al Carnaval y puesto a circular el pasado mes de noviembre, abre con dos magníficas fotografías de las cachúas.

La región Enriquillo es rica en manifestaciones danzarias y musicales: el baile del carabiné, las salves, las bandas de música, los grupos de palos… Abundan aquí los músicos populares, esos intérpretes anónimos que han sabido mantener vivos los ritmos que nos definen. De las laderas de la sierra de Bahoruco nos llegan los llamados cantos de hacha y de faena, que acompañan las labores del campo.

Y qué decir de la artesanía del larimar, ese mineral símbolo de la República al que dan forma nuestros artesanos. Además, este suelo posee un sabor singular: el plátano de Barahona, el café de Polo y los vinos de Neiba.

La cultura tiene rostro, tiene nombre y tiene voz. Esta es la tierra de Enriquillo, el valiente cacique que pactó una negociación con el rey de España tras protagonizar la primera guerra de guerrillas de América, al batirse en la sierra de Bahoruco contra el imperio español. Una sierra que simboliza el ansia de libertad. En sus cumbres y valles encontraron refugio los taínos perseguidos y también los cimarrones, quienes desafiaron el sistema esclavista y fundaron aquí comunidades de resistencia, espacios de libertad que están entre las raíces de nuestra identidad.

Es también la región Enriquillo la cuna de dos mujeres únicas que proyectaron nuestro país en el mundo: la célebre actriz María Montez, la llamada “Reina del Tecnicolor”, la primera dominicana en conquistar Hollywood con su magnetismo; y Casandra Damirón, “la Soberana”, la gran embajadora del folclore dominicano, el cual llevó a los escenarios internacionales con su saber hacer.

Al recorrer esta demarcación, nos vienen a la memoria los poemas del neybano Apolinar Perdomo, uno de los grandes poetas de finales del siglo XIX y principios del XX, y la prosa de Sócrates Nolasco, cuya pluma rescató del olvido las tradiciones y convirtió en literatura la memoria heroica de los cimarrones. Ambos supieron plasmar en sus obras la impronta y el latido de esta geografía.

Recorrer el sur supone, asimismo, evocar los trazos del pintor Ramón Oviedo, nativo de Barahona, que revolucionó el arte nacional con su expresionismo abstracto; y la música patriótica de Aníbal de Peña, extraordinario cantautor que compuso el Himno de la Revolución de Abril de 1965.

La cultura es también el terreno propicio donde se siembra y se cosecha la ciudadanía. En el Ministerio de Cultura estamos plenamente conscientes de que trabajar por las tradiciones, por la memoria y por el arte equivale a dotar a los ciudadanos de las herramientas que les permitan ejercer su libertad con criterio y con conciencia histórica. Reconocer, asumir y atesorar nuestra cultura nos convierte, sin duda, en mejores ciudadanos.

En un mundo cada vez más globalizado y tendente a la uniformidad, la defensa de nuestra propia expresión —de nuestras tradiciones y nuestros valores— se convierte en un acto de soberanía.

Promover la cultura es el acto más profundo de amor a la patria. Seguiremos abriendo espacios para la promoción cultural y, de esta manera, seguiremos construyendo identidad y forjando patria.

Pastor De Moya

Escritor

Pastor de Moya (La Vega, 7 de febrero de 1965). Narrador, poeta y artista visual. Su obra ha sido galardonada con numerosos premios: Premio Nacional de Cuentos 2002. Buffet para caníbales; libro más hermoso y más valioso 1996 El alfabeto de la noche; premio especial del jurado, 2.º Festival Latinoamericano de Cine y Video, Buenos Aires 2004 por su obra Acrílica y sopa de hongos; premio Internacional de Artes Visuales "Miniaturas en Portada 2006", categoría arte-objeto, obra "El libro del paladar viscoso".

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