Fermín Ceballos llegó a Estados Unidos desde San Cristóbal cargado de sueños; entonces eran los suyos, los de un joven que dejaba atrás un territorio conocido para empezar a construir una vida en otro. Con los años, aquellos sueños comenzaron a encontrarse con los de otros: mexicanos, centroamericanos, caribeños, hombres y mujeres llegados desde lugares distintos, separados por acentos y circunstancias, pero unidos por una experiencia difícil de explicar a quien nunca ha tenido que reconstruir su relación con el concepto de hogar.

En una conversación reciente en Nueva Orleans, Fermín hablaba de esa experiencia sin separar demasiado la historia del músico de la del inmigrante. Lleva más de una década viviendo en la ciudad y su relación con la comunidad migrante no ha sido la de quien observa desde fuera. Él forma parte de ella. Ha escuchado historias, conocido dificultades y compartido incertidumbres que, poco a poco, terminaron entrando en sus canciones.

De ahí nace Soñando, un álbum de doce temas que Ceballos concibe como una narración musical interconectada. En sus canciones confluyen influencias afrocaribeñas, latin jazz, cumbia, bachata y nueva trova. Las letras, la música, los arreglos y buena parte de la producción corresponden al propio artista. No se trata simplemente de recoger testimonios y vestirlos de música; detrás existe la intención de convertir muchas vidas y procedencias en un relato. La migración suele contarse desde las cifras: cuántos llegan, cuántos trabajan, cuántos regresan, cuántos son deportados. También desde la política, donde el inmigrante corre el riesgo de convertirse en categoría, expediente o argumento electoral. La música presta atención a otra clase de información: la incertidumbre, la nostalgia, el orgullo de haber llegado, el miedo a perder lo conseguido y la necesidad de pertenecer sin borrar la memoria del lugar de donde se viene.

Los títulos de Soñando dejan ver ese recorrido. Frontera, Dale Pa’ Lante, Vivo al Día, This Is My Home, Yo vengo de todos lados, Living in the Shadow, Los hijos de Machepa y Sueños Rotos difícilmente podrían formar parte de una celebración ingenua del viaje. Hay esperanza, pero también precariedad, invisibilidad y fracaso. El inmigrante que sueña, convive con quien vive al día; el que consigue decir “esta es mi casa” puede ser también quien continúa viviendo en la sombra.

Fermín Ceballos.

Una de esas canciones ayuda especialmente a entender el proyecto: Yo vengo de todos lados. La frase adquiere un significado particular en alguien que sabe perfectamente de dónde viene. Fermín Ceballos viene de San Cristóbal. Después de años viviendo fuera, sin embargo, la procedencia deja de ser solamente una coordenada geográfica. A la identidad original se incorporan los lugares recorridos, las personas encontradas, las músicas escuchadas y las historias que terminan habitándonos, aunque no hayan comenzado con nosotros. La canción ha trascendido la experiencia individual de su autor. Yo vengo de todos lados fue adoptada como himno por la Alianza Nacional del TPS y Ceballos la vincula al sentir, el aporte y la dignidad de la comunidad inmigrante en Estados Unidos. Ese tránsito, desde una canción escrita por un compositor hacia una comunidad que comienza a reconocerla como suya, revela algo de la capacidad de la música para poner palabras a una experiencia compartida.

Cantar la migración desde dentro no garantiza, desde luego, una representación verdadera. Siempre existe el riesgo de reducir al inmigrante a víctima, héroe o ejemplo de superación. Soñando evita, al menos en su planteamiento, esa lectura cómoda. Hay sueños y hay Sueños Rotos. Hay un hogar reclamado y una vida en la sombra. Existe el impulso de seguir adelante, pero también una frontera que no siempre termina después de cruzarla. Incluso la diversidad musical del álbum responde a esa lógica. Migrar también es mezclarse. Las músicas viajan con las personas, encuentran otras músicas y regresan, si alguna vez regresan, llevando algo de los lugares por donde pasaron. Nueva Orleans, donde Ceballos ha desarrollado buena parte de su trayectoria, parece un escenario natural para esos cruces.

Tal vez por eso Soñando termina siendo un título más preciso de lo que parece. A Aristóteles se atribuye una vieja definición de la esperanza: “el sueño del hombre despierto”. Pocas imágenes resultan tan apropiadas para pensar la experiencia migratoria. Quien se marcha no lo hace solamente porque abandona algo; también porque imagina algo que todavía no existe y conserva la esperanza de encontrarlo. Soñar, entonces, no es únicamente la ilusión de quien parte; es una manera de permanecer despierto frente a la incertidumbre. Fermín salió de San Cristóbal con sus propios sueños y, muchos años después, canta también los de otros. Algunos se cumplieron, otros cambiaron en el camino, otros terminaron rotos.

Allí se encuentra el sentido de Soñando. Fermín sabe de dónde viene; después de tantos años escuchando las historias de quienes también dejaron alguna parte de sí detrás de una frontera, puede cantar, sin contradicción: Yo vengo de todos lados.

EN ESTA NOTA

Ramón A. Lantigua

Abogado

Abogado, docente y especialista en mercados regulados. Egresado de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña; Postgrado en Derecho Procesal Civil, de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, y Maestría en Derecho de la Universidad de Tulane, en la ciudad de Nueva Orleans.

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