Soy un abanderado Soy un abanderado de los encuentros poéticos en esta era de deconstrucción indiscriminada, ocaso de Troya o arribo a Ítaca, Ananké declarará. El Festival de Poesía de la Montaña, sin desmeritar antecedentes, ha propulsado encuentros homólogos que robustecen la literatura de nuestro Gran Bohío; para muestra, los cenáculos dedicados al Mousagetes, cuyos integrantes también asisten a Jarabacoa, caso de mis queridos poetas Papo Fernández, Sandra Fernández y Racson Morejón, de Santiago Rodríguez, este último cubano aplatanado en Sabaneta, quienes participan en el exitoso Voces en Vuelo sobre Melopea del Riachuelo, organizado por el poeta Diógenes Díaz en su provincia. Concomitantemente, Luis Arzeno Romero, Carmen Aracelis Penson, Adela Chía Arzeno, Julio César Paulino, Ariel Francisco, Freddy Duarte, Ernestina Duarte, Solhanlle Bonilla, Dellanira Herasme, Carlos Paulino, Noelia Paulino, Cristina Estrella y mi apreciado poeta Francisco Henríquez, de la Tertulia de Orlando, con 28 años de fundada, vienen de la Florida tras las hijas de Mnemósine.
Desde San Francisco de Macorís ascienden Ramón Antonio Jiménez, Noé Zayas y José Martín Paulino, también presentes en los Congresos de Poesía Taocuántica; y han mostrado la fuerza de sus versos las formidables Kalia Báez y Bileisy Reyes, de la Fundación Espacios Culturales, dirigida por el Premio Nacional de Literatura Mateo Morrison, a quien tuve el placer de verle recibir un merecidísimo reconocimiento en Pinar Quemado. De Letras Veganas han escalado Ramón Cordero, que no es el bachatero; William Acevedo Fernández, fervoroso en el interiorismo y en la amistad; Miguel Ángel Lugo De La Rosa, Verónica Guzmán Bautista; Luis Ramón Lora Sánchez, Zuly De Jesús Taveras, Dionisio Concepción Quiroz, Sonia Jiménez y Adelis Contreras. Y puedes sorprender en un ámbito de confraternidad al distinguido escritor y gestor cultural Alejandro Arvelo, lo mismo que al formidable ser humano y poeta Juan Ernesto Silva, a María Silva y a Ramón Perdomo, desde Estados Unidos.
Mi empatía por los que comparten mi arte es amplia, por eso valoro cada asistente a los eventos que asisto, entre ellos las bellas Deidamia Galán, Yolanda Ramírez, Rosa Francia Esquea y, de manera superspecial, mi adorada Analie Trinidad. De las Mujeres de Roka y Tinta, dignas sacerdotisas de Safo, reconocidas en el Olimpo jarabacoeño en el 2023, han asistido de manera recurrente Máxima Hernández, Leiby Ng, Niurca Herrera, Karina Castillo, Solangel Román, Rosa María Rodríguez Santos y las exintegrantes Gladys Almonte (fundadora del grupo), Ninoska Velázquez, Francisca Hernández y Rosa Esther Lamarche, dolorosamente fallecida.
Entre los poetas valverdenses enamorados del festival, fuera de un servidor, Carlos Reyes y Augusto Bueno, han asistido Ibeth Guzmán, de poesía exquisita y promotora de las Letras en general; el ya veterano Bartolo Cabrera y Juan Nicolás Tineo, que recibió un homenaje el pasado año, promotor de una Feria del Libro en N. Y. No les sorprenda encontrar a Héctor Santana, poeta y centrado gestor cultural; a Francis Santos; Vicente Arturo Pichardo, Ricardo Cabrera y Elena Ramos, del Taller de Narradores de Santo Domingo; o recibir desde Santiago a Daniela Cruz Gil, Evelyn Taveras, Reyna Mendoza, Carlos Núñez, Ana Karina Castillo, Martiel Núñez, Gregorio Espinal, José D Laura, Yohanna Díaz y Ayleen Núñez, poetas y gestores culturales todos de variados talentos.
Pero hay quienes voluntariamente imparten charlas y talleres que impactan a jóvenes de la localidad y merecen una mención particular: son ellos Leiby Ng, Luis Carvajal, Rosa Francia Esquea, el muy querido gestor cultural y poeta Ramón Saba, Alexei Tellerías, Valentín Amaro, Rosa Silverio, Pedro Antonio Valdez, Miriam Mireles de Venezuela, Rafelito Mirabal; los de la Fundación Aníbal Montaña, Juan Bravo y Yi-Yoh Robles. Por encomienda de Taty, al autor de este artículo le correspondió impartir un taller de poesía, axioma de la seriedad con que los organizadores acogen la propagación del arte.
En cierta oportunidad entrevisté al dilecto amigo, narrador y poeta Nan Chevalier en el Parque Clima de Eternidad de Pinar Quemado. Abordábamos la importancia del encuentro anual, dada su trascendencia, cuando caí en cuenta de que el parque había sido donado a la comunidad por el festival, evidencia del alcance de una actividad conceptuada desde su génesis como retablo a disposición de los que no solo esperan, sino que buscan dejar una huella significativa en su cultura.
Ciertamente, la sumatoria de nombres que convergen en mi Laguna de Cristal excede la disponibilidad de tiempo y espacio en este artículo, lo que desde Einstein incide en la gravedad. Oro al Dios de Spinoza y Nietzsche que perdonen la ausencia de un vate, taller o cónclave poético; jamás he obrado con mezquindad o haraganería. Sí, aclaro que resta un chance para reconocer la participación de otros buenos poetas asiduos a los Festivales de la Montaña. Nos vemos en Jarabacoa del veinte al veintidós de noviembre. Ahora concluyo, no sin abrazar a los queridos Mercedes de la Cruz, Carmen Aracelis Penson, Solangel Román, Manuel García, Rosa Lien, Alicia del Carmen, Rosa M. Rodríguez, Luis Arzeno, Adela Chía, Maritza Leonardo Marichal, un poeta al que recuerdo solo por el nombre de Wilson; a Rafael Concepción Brito, Sonia Jiménez Arias, Luis Lora Sánchez y Yoel, el poeta joven.
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