Entre la rutina diaria, los compromisos laborales y las exigencias de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, encontrar un espacio para la lectura a veces se puede convertir en un reto. Sin embargo, hay libros que logran detener por un momento el ritmo acelerado del día a día y nos invitan a mirar un poco más allá de las páginas. Eso fue exactamente lo que me ocurrió recientemente con la obra que tengo entre manos: Desde un costado de la (des)memoria, de Gustavo Olivo Peña.
Cuando mi maestro me entregó el libro, no pude evitar preguntarme qué traía entre manos. Fue una sorpresa especial para mí encontrarme con una lectura que resultó ser reveladora, donde las historias no buscan ser un escape de la realidad, sino un reflejo fiel de lo que vivimos como sociedad.
En cuanto a la forma de escribir, el autor maneja una narrativa sencilla pero atrapante. Detalla las escenas de una manera fluida y directa que me mantuvo pegada a las páginas de principio a fin. Debo admitir que el libro se lee muy fácil; de no haber sido por la carga de deberes universitarios y el trabajo, me lo habría terminado en un solo día, puede que dos. A pesar de que el autor no te dice explícitamente dónde transcurren los cuentos, se sentía que dejaba pistas para que el lector sea quien arme el rompecabezas. En ocasiones se sintió ese ambiente de dictaduras y regímenes autoritarios que tanto marcaron a nuestro país, con esa tensión donde resalta con mucha fuerza una frase que me impactó del libro: «Los jefes mandan, los chiquitos pagan las consecuencias».
Sentí que esta obra encajaba perfectamente con la asignatura que estoy cursando, Literatura y Sociedad impartida por mi maestro Valentin Amaro. En clase hemos conversado sobre cómo la literatura suele ser censurada por convertirse en la voz de los que critican al sistema. Y justo por eso, el cuento titulado "El legado" me pareció el más potente de todos. En él se retrata de forma directa cómo la justicia suele ser muy conveniente con la gente influyente y allegada al poder, y cómo los sobornos pueden cambiar el rumbo de un juicio; cosas que, lamentablemente, vemos a diario en nuestra realidad aquí en Santo Domingo. Pero el mismo cuento también nos muestra la otra cara de la moneda: un juez que se mantiene firme en sus principios, despreciado por las autoridades por no ceder a la corrupción, y que termina muriendo defendiendo su integridad. Que Gustavo Olivo no se cohibiera al hablar de temas tan delicados y reales dice muchísimo de su valor.
Pero la crítica no se queda solo en las instituciones, juicios y policías, también toca las dinámicas sociales del día a día. El libro cuestiona esa doble moral tan normalizada donde se le pasa todo a un hombre infiel, pero si una mujer con pareja tiene un amigo cercano, la sociedad la juzga sin pensarlo. Además, los relatos están llenos de giros inesperados y personajes muy humanos, llenos de matices: hombres que callaron durante años y solo hablaron cuando ya era demasiado tarde, como Don Ovidio tras la muerte de su exesposa Venus; mujeres valientes dispuestas a apretar el gatillo por la persona que aman, como Julia defendiendo al teniente Hidalgo; o la lección de que está bien alejarse un momento cuando la vida pesa mucho, como lo hizo Raúl al perder a su Nínive. También me encontré con situaciones moralmente grises, donde el amor, el odio, la envidia y la admiración terminan cruzándose.
Un detalle que me tuvo dando vueltas durante toda la lectura fue la portada y el título. El mismo lunes que me entregaron el libro, tras una jornada laboral larguísima, me senté en la cama y me quedé mirando la portada: Desde un costado de la (des)memoria junto a la ilustración de dos hombres tocando trompetas. Mientras leía, no dejaba de preguntarme qué relación tenía esa imagen con el contenido. Puede que la respuesta me llegó al leer "Homenaje", el cuento que más rápido asocié con la portada: dos músicos, uno de piel clara y otro de piel oscura, unidos y a la vez separados por el arte. El relato no da nombres ni pistas claras, pero sí me dejó con la duda de cuál de los dos actuó por envidia y cuál terminó siendo la víctima. Simplemente te deja con esa dualidad donde la música es lo único que los conecta y que también los separa.
En conclusión, para mí, Gustavo Olivo es un cuentista que logró retratar realidades muy nuestras de una forma fresca y moderna, sin pretensiones y sin necesidad de presumir un lenguaje rebuscado. Noté que su intención era contar y compartir lo que ve y piensa de la forma más clara posible. Y cuando un escritor logra que el lector conecte con sus historias de una forma tan directa, la literatura deja de ser ficción para convertirse en una conversación sobre nuestra propia historia e identidad.
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