La madurez sintáctica consiste en la ‘habilidad de construir oraciones de estructura compleja’.

Una respuesta espontánea a la pregunta de qué es la madurez sintáctica puede ser inferida a partir de la observación de los textos siguientes:

Texto 1:

Este fue el mejor día de mi vida. Fue en Semana Santa, que la pasé muy bien con mi familia y mis hermanos, mi tía y mi tío. Fuimos para la playa y disfrutamos mucho. La pasamos muy bien con mi familia. Comimos mucha habichuela con dulce y jalea. Vimos muchas cosas más.”

Texto 2:

Aunque resulta difícil demostrar la huella precisa de la influencia foránea en los procesos de creación de las formas hipocorísticas terminadas en -i en el país, la apariencia diferente de su estructura fonológica y el prestigio que se asocia a lo extranjero podrían encontrarse entre las múltiples causas de la tendencia que se observa hacia el uso de nombres similares o iguales a los ingleses, como Anthony, Charlie, Stephany, Nicky.”

Sin tener que entrar a analizar los detalles de las estructuras sintácticas y sin considerar su contenido semántico, un simple reconocimiento superficial de ambos textos permite concluir de forma intuitiva y automática que el segundo es formalmente más complejo y luce más elaborado que el primero. Aparenta ser el resultado de un mayor número de combinaciones para obtener una oración mucho más larga que las que forman el primero. Este, por su parte, es más sencillo y está integrado principalmente por estructuras oracionales simples y breves. El promedio de palabras por oración se sitúa por debajo de 10, en tanto que, en el segundo caso, la oración está compuesta por unas 70 palabras. Se podría decir, entonces, que el último se percibe de inmediato con un grado mayor de retoque, de desarrollo o de perfeccionamiento. En otras palabras, exhibe un grado mayor de lo que cualquier lector común, sin formación profesional y sin conocimientos lingüísticos, instintivamente podría llamar ‘madurez sintáctica’.

La descripción anterior no se aleja demasiado de la noción técnica y académica de lo que se considera madurez sintáctica en la literatura científica. Desde el inicio de las investigaciones sobre este tema, de acuerdo con la concepción de Hunt, la madurez sintáctica se entiende como la habilidad de construir oraciones de estructura compleja. Dicha complejidad se manifiesta a través de las transformaciones y las combinaciones que el hablante debe realizar en el proceso de producir las oraciones de un texto.

Para estudiar ese proceso de elaboración y construcción de las estructuras oracionales, es decir, para medir la complejidad sintáctica, se han propuesto tres índices: longitud de la ‘unidad terminal’, longitud de la cláusula y número de cláusulas por unidad terminal.

Según esto, el análisis supone trabajar con dos unidades sintácticas básicas: a. las cláusulas (CL) y b. las unidades terminales (UT). Una cláusula se define como ‘una construcción libre o dependiente, articulada en sujeto y predicado, regularmente con el verbo en forma personal’. Por su parte, una unidad terminal es descrita como ‘la unidad más corta en que puede dividirse una pieza del discurso sin dejar ningún fragmento de oración como residuo’ (Hunt 1970). En la práctica, consiste en ‘una construcción constituida por una cláusula principal más las cláusulas subordinadas que puedan ir añadidas o incrustadas en ellas’.

Los dos conceptos anteriores pueden ser perfectamente ilustrados con la siguiente oración, escrita por una niña dominicana de 11 años de edad: ‘Yo me asusto cuando estoy sola’. El conjunto total de la oración constituye una ‘unidad terminal’ que, a su vez, contiene 2 ‘cláusulas’: la principal [Yo me asusto] y la subordinada [cuando estoy sola].

Las oraciones simples y las compuestas de principal y subordinadas constituyen ejemplos de unidades terminales. En cambio, las oraciones coordinadas y las yuxtapuestas se consideran como dos o más unidades terminales diferentes. De acuerdo con lo anterior, constituye una unidad terminal la oración simple ‘Yo me sentí avergonzada’, con una cláusula. Pero también es una sola UT la estructura compuesta ‘Cuando regresábamos por El Conde, había unos magos que hacían trucos’, integrada por tres cláusulas: [Cuando regresábamos por El Conde] / [había unos magos] / [que hacían trucos].

Por su parte, la oración coordinada ‘Un día yo fui a un río de Manoguayabo y me bañé’ está compuesta de dos unidades terminales: [Un día yo fui a un río de Manoguayabo], y [me bañé].

En cuanto a la determinación de las cláusulas, se incluyen en esta categoría, como han hecho otros investigadores, unidades compuestas por verbos en forma no personal, con tal de que no se trate de perífrasis verbales. Algunos ejemplos de este tipo son los siguientes:

Yo me fui a la calle / a jugar con mis amigos. (2 cláusulas)

Les dije / que me quería / bañar. (3 cláusulas)

Algunos investigadores incluyen también como cláusulas las estructuras con verbo elidido. En muchos casos, resulta evidente que hay verbos que, aunque no aparecen superficialmente, forman parte de la estructura oracional. Varios ejemplos de este caso son:

Los demás se quedaron en el río; yo no, porque me asusté mucho.

(Yo no es una cláusula con verbo omitido: yo nome quedé’.)

Y fuimos / a donde mi primo. (a dondevivemi primo)

Una de las tareas más importantes en el análisis es determinar el número de cláusulas por unidad terminal. Obviamente, una oración que contiene cinco cláusulas tiene una complejidad estructural mayor que otra con apenas una o dos cláusulas. Por ejemplo, en tanto en la unidad terminal citada anteriormente aparecen dos cláusulas (‘Yo me asusto / cuando estoy sola’), la siguiente, producida por otro de los niños de la muestra, es sintácticamente bastante más compleja y contiene cuatro cláusulas: ‘Y yo le dije que no, porque yo sabía dónde estaba’ [y yo le dije] / [que no] / [porque yo sabía] / [dónde estaba].

Como es lógico, para medir la longitud de las unidades de análisis, se cuenta el número de palabras por unidad terminal y por cláusula. La primera unidad terminal citada contiene apenas 6 palabras: ‘Yo me asusto cuando estoy sola’. Sin embargo, la siguiente es más larga, con 12 palabras: ‘Y cuando íbamos, había un espectáculo en la calle por donde pasábamos.’

Hace unos años, la Fundación Comillas y el Instituto Cervantes patrocinaron el proyecto internacional ‘La enseñanza del español en el mundo hispánico', que se proponía estudiar varios aspectos, como la riqueza léxica, la madurez sintáctica y el léxico disponible. En la ciudad capital de cada país, fueron escogidas 4 escuelas públicas. En cada una de las escuelas se seleccionó un grupo de 20 alumnos. En Santo Domingo, igual que en el resto de las capitales hispanohablantes, la muestra quedó constituida por 80 estudiantes: 40 niños del quinto curso del nivel primario y 40 jóvenes del tercer año de secundaria.

Los índices de madurez sintáctica de la República Dominicana resultan bastante positivos y equiparables con los datos de otros países hispánicos. En el cuadro se recogen los resultados en los diferentes indicadores en diez de los países partícipes del proyecto. Los promedios fueron calculados utilizando las cifras contenidas en los materiales inéditos que la Dra. González Mafud, representante de Cuba, y coordinadora del área de madurez sintáctica del proyecto, tuvo la amabilidad de compartir.

Comparación de los índices primarios de madurez sintáctica en la República Dominicana con los de otros países hispanoamericanos. (Fuente externa).

De acuerdo con las cifras del cuadro, en el nivel escolar de primaria, solo los alumnos de Argentina, Chile y El Salvador construyen unidades terminales más largas que los de la República Dominicana. Los países con el índice más bajo en esta categoría son Bolivia y Panamá, con apenas 6.7 y 6.72 palabras por unidad terminal, respectivamente. La longitud de las cláusulas de los niños dominicanos también es relativamente alta, superada por los de Colombia, Argentina, Chile, El Salvador y, muy ligeramente, por los de Costa Rica. Y en cuanto al número de cláusulas por unidad terminal, solamente Chile aventaja a la República Dominicana. En este renglón, los índices más bajos corresponden a Bolivia y a Colombia.

En el nivel de secundaria, los estudiantes dominicanos compiten asimismo favorablemente con los de la mayoría de los países hispanoamericanos. La longitud de las unidades terminales de los jóvenes de la capital dominicana (13.49 palabras por UT) solo es superada por la de los chilenos (16.9), y seguida de cerca por la de los colombianos (13.04). Las cifras más bajas son las de Perú, Argentina y Panamá. En el número de palabras por cláusula, el país es sobrepasado únicamente por Chile. Y, respecto a la complejidad de las unidades terminales, Santo Domingo ocupa el sexto lugar, superado por Colombia, Chile, Bolivia, El Salvador y Costa Rica. En este caso, los índices inferiores corresponden a Argentina, México, Perú y Venezuela.

Información más detallada se encuentra en el trabajo Datos para un diagnóstico de la enseñanza del español en las escuelas públicas de Santo Domingo, de 2021, que puede leerse en Internet siguiendo este enlace.

Orlando Alba

Linguista

Orlando Alba es un lingüista dominicano, socio de Honor de la Asociación de Lingüística y Filología de América Latina, ALFAL, miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana y académico correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua. Fue condecorado por el Estado dominicano con la Orden de Duarte, Sánchez y Mella, en el grado de Comendador. Ha sido catedrático de la PUCMM y de Brigham Young University. Su bibliografía incluye numerosos artículos en revistas especializadas y más de una docena de libros que analizan, principalmente, temas relativos al español dominicano. Con motivo de su jubilación, un grupo de colegas reconoció su carrera académica de más de 40 años con la publicación del libro ‘Estudios de lengua y lingüística españolas – Homenaje a Orlando Alba’ (Ed. Peter Lang SA).

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