Aunque al iniciar la lectura de la novela El violín de la adúltera pensamos que será la típica historia de amor y traición, en el transcurso de las páginas nos damos cuenta de que es mucho más que eso. Dentro de su narrativa se esconde la triste realidad que se vivía bajo la tiranía de Trujillo: la opresión, el miedo, la necesidad de desahogo, los sentimientos reprimidos y, sobre todo, el orgullo destructivo que genera el machismo.

Si bien es cierto que escuchar los relatos de los años de la dictadura de Trujillo nos eriza la piel, pensemos en las condiciones en las que vivía Néstor al pasar el día junto al hermano del tirano. Este personaje, según se aprecia, es tan despótico como el dictador y disfruta sembrando el terror en sus empleados; de esa manera demuestra su poder, alimentando un complejo de superioridad que lo hace sentirse dueño de los demás.

En nuestro entorno siempre ha existido el peso del «qué dirán», esa presión social que se percibe al imaginar que otros inventan calumnias o divulgan nuestras intimidades por simple ocio. Imaginemos la impotencia de Néstor al no poder expresar el dolor que le causó recibir aquel anónimo que delataba la infidelidad de su esposa. Su orgullo lo obligaba a mantener silencio y a no reclamar nada, solo para cuidar su imagen pública. El silencio se hizo eco de su sufrimiento y los celos lo alimentaron a tal punto que no hallaba descanso; para él, cada paso de su esposa estaba marcado por la traición y la mentira.

Nuestra sociedad ha sido educada bajo un estricto machismo. Al hombre se le enseña que no debe llorar, que debe ser fuerte, dominar a su mujer y mandar siempre en el hogar a cualquier costo; debe, ante todo, «ser un hombre». Este mandato social aumentaba el tormento y el hermetismo de Néstor. Al no ser un individuo violento, no ejercía un control estricto sobre su esposa, por lo que temía ser visto ante los demás como un hombre «débil». Bajo esas condiciones, prefería callar y aguantar.

Como bien afirma el personaje: «uno se pasa todo el tiempo observando desgracias ajenas con la más simple naturalidad, clavando con alfileres los calvarios del prójimo en la experiencia, y hasta explayándose en dar consejos, con un catálogo de precauciones que la puta vida se encarga de patear sin piedad». Y es que, hasta que no estamos en los zapatos del otro, somos incapaces de calibrar el dolor ajeno o comprender su postura.

El violín se convierte en un elemento crucial para alimentar la sospecha; para Néstor, la música era la excusa que su esposa utilizaba para encontrarse con su amante. Sin embargo, nunca obtuvo una prueba real que confirmara el hecho, sino simplemente un papel anónimo que le cambió la vida para siempre.

He decidido traer a colación el machismo en esta obra para contrastarlo con la actualidad. Aunque Néstor era un hombre pasivo que no maltrataba físicamente a su mujer, la sociedad misma lo presionaba con la creencia de que el hombre debe ser superior, obligándolo a cumplir ciertos requisitos para no ser menospreciado. Miremos detenidamente las consecuencias que este pensamiento arrastra hasta hoy: la alarmante cantidad de mujeres asesinadas solo porque el hombre se niega al rechazo o considera que ella es de su propiedad. Es urgente que el cambio empiece en la mentalidad colectiva, para comprender que la mujer es una compañera de vida, no una posesión ni un adorno. Néstor, sin más pruebas que un rumor, vivió atormentado por los celos; de igual forma viven hoy muchos hombres que, por una simple sospecha, cometen errores trágicos que destruyen su entorno. 

Albania María Santos

Estudiante de letras

Albania María Santos es estudiante de la Licenciatura en Letras Puras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

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