Capítulo uno
Si los perros no van al cielo, cuando yo muera quiero ir adonde ellos van.
Will Rogers.
Ochocientos años antes de Cristo, en La Odisea, el perro Argos esperó veinte años a que Ulises volviera, y la alegría de ver a su amo lo mató.
En los finales de los años ochenta del siglo veinte, en Cádiz, Canelo esperó durante doce años a que su amo saliera del hospital. Pero Canelo no sabía que su amo había muerto debido a las constantes diálisis a que había sido sometido. Solo cuando Canelo fue atropellado y murió dejó de esperar a su amo en la entrada del hospital.
Tal vez Argos y Canelo se hayan reunido con sus amos, allá arriba o allá abajo, en el cielo; aunque dicen por ahí que los perros no entrarán al reino de los cielos.
Capítulo dos
Manuela tiene tres patas, pero mueve la cola y todo su cuerpo como cualquier perra que tenga cuatro, sobre todo cuando ve que llega a la chacra Pepe.
Dice Lucía Topolansky que en el año 2005 Pepe duró un mes interno en un hospital. Todas las tardes, Manuela, al escuchar el sonido del Volkswagen que regresaba a la chacra, salía moviendo la cola, pero al ver que del vehículo solo se desmontaba Lucía, de repente bajaba las orejas y la cola como que se le moría.
Pero una tarde, además de Lucía, bajó del Volkswagen Pepe, cuando Manuela lo vio “parecía que se le iba a salir la cola de la alegría". Nunca fue tan feliz esta perrita, ni siquiera cuando años después Pepe Mujica se convertía en Presidente de Uruguay.
Manuela -que no tenía raza- murió en 2018. Y fue enterrada alrededor de la secuoya de la chacra de Pepe.
Pepe -que terminó odiando solo el odio- murió en 2025. Y sus cenizas –respetando uno de sus últimos deseos- fueron enterradas pegaditas de Manuela.
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