Definir el espacio del mundo natural en el cuadro-cultura significa aceptar la pintura como constelación de signos y significados. El encuadre perceptual que Dionisio Blanco hace con su serie de Sembradores atados a la tierra y al cosmos como metáfora de la vida misma y el testimonio que nos muestra de las raíces en el límite-forma del color y en la figuralidad de los componentes técnicos y estéticos concretiza un cosmos sensible vertido a su vez en el cuadro-cultura o cuadro que se reconoce en la identidad y variedad significante del arte y la cultura. En dicho cuadro, lo pictórico nos deja leer las tramas del palimpsesto, la universalidad de las emociones reflejadas en los sombreros como si fueran máscaras ancestrales, donde aparece también el proceso estético recesivo, esto es, el movimiento que sacraliza y desacraliza lo visible mediante la muestra y el mecanismo que también textualiza las raíces culturales como ecos, interpretantes, formas y fenómenos seculares; memorias que particularizan lo artístico mediante funciones expresivas significantes que nos permiten examinar con claridad la herencia cultural de la tierra, el aire y los sueños.
En Dionisio Blanco, el cuadro-cultura es una totalidad mítica y una función estético-ritual que se apropia de lo olvidado, que reorganiza lo manipulado y saca a flote lo sumergido en la cultura-movimiento, que además tiene su base en la soledad de los elementos, en el sujeto temporal, en la mirada oculta y en la huella que define lo invisible.
En efecto, la tierra y el cuerpo son generadores poéticos del ritual producido por el acto de pintar, de transgredir desde la forma y el color la noción misma de realidad. El sembrador es mundo-sujeto de la temporalidad, pero a la vez, fuente a partir de la cual emerge el tacto, el espesor de la mirada que se oculta proyectando el "otro" desconocido en su silencio.
¿Qué pretende generar el cuadro-cultura en la obra de Dionisio Blanco?
- La pisada
- El eco
- El signo abierto
- Lo invisible
- Lo visible que engendra sus huellas en el pronunciamiento viviente
- El éxtasis natural
- La apertura visual del Caribe en sus símbolos
- El tiempo de la memoria
- El encuadre de las raíces
- El gesto secular del sembrador de noches, días y raíces
- El anclaje de sombras y organismos míticos
Toda una épica del Speculum y el ónoma, del mirar y de la luz testimonial el cuerpo, el dinamismo imaginario de la materia tropical, el marco aglutinante de formas y espacios que, en el orden del contrato semiótico y cultural, alegorizan el relato-pintura, para de esta manera posibilitar la forma en la retórica interna de lo imaginario.
Así las cosas, la pintura de Dionisio Blanco no es una pintura de razones, sino de gestos, raíces y movimientos. En la misma encontramos el intersticio mediante el cual el orden de la lectura se explica en el trazado del rito, el eros de la naturaleza visible y el despliegue de las raíces. El cuadro-cultura es, en este caso, una juntura significante, esto es, un conjunto de órdenes a partir del cual el mundo-sujeto materializa el significado de la visión artística y cultural.
¿Qué podemos entender de la unidad cuadro-cultura?
- La memoria histórica
- El despertar del orden natural
- El cosmos de la visión fundante
- La risa de la naturaleza
- La fuerza mítica de las raíces antillanas
- Los sujetos originarios
Se trata de legitimar desde el trazado la historia insular, sus junturas y desprendimientos. El acto pictórico desoculta un universo del sentido que a su vez se unifica en la historicidad de la imagen. La semántica de cada signo se advierte como un gesto cualificador y estético, a partir del cual se pronuncia el eidos y el ánima de los elementos en un panteísmo, donde lo artístico se expresa como espacio perceptual y mítico provocador de impulsos y reversiones especulares.

La tradición de estos signos artísticos se revela en el modo en que la pintura transforma la otredad y la mirada mítica. Lo otro y lo distante, así como lo visible y lo invisible constituyen estructuras particulares donde lo artístico se revela en cuadros de transformación que generan el pacto al interior mismo del cuadro-cultura; pues para Dionisio Blanco el cuadro-cultura es aquella estructura imaginaria y mítica desde la cual se pronuncia lo social, el sujeto y el orden imaginario.
La ilusión referencial articula y reconoce a su vez el sueño de lo viviente en el acto dinámico y transformativo de lo pictórico. Las huellas, así como todo el vocabulario simbólico de la cultura se pronuncia en Sembradores como cartas del deseo I, II, IV, donde encontramos que el cuadro-cultura es un conjunto mítico e imaginario y el signo-símbolo una función del lenguaje pictórico. El sembrador, la paloma, el sombrero, la cuerda, el surco, la casita, el racimo de plátano y las manos constituyen semantemas articulados en una clase específica de elementos, donde la forma-significado cualifica el cuadro-cultura como continente-contenido.
La carta, la semilla y la tierra producen la figuralidad en el texto de lo visible y cada posicionamiento genera el mundo de un sujeto desconocido y a la vez presentificado en la sintaxis cultural.
Es así como en Sembradores como cartas del deseo II (acrílico sobre tela, 40 x 50, 1994) se enuncia un mundo de textos generadores de otros mundos que adquieren su identidad en el cuadro-cultura y en la forma de la interpretación pictórica. La carta es texto y origen, pero a la vez raíz, huella, designio. La mano y la mirada invisible hacen posible el hechizo, la magia, el cosmos visionario donde el cuerpo del sembrador sitúa la esperanza y el vínculo mítico entre la tierra y el cuerpo real-imaginario.
A través de una estructura espacial y temporal, el cuadro-cultura retiene y a la vez dinamiza los acentos de la diferencia antropológica unificados en un sentido de la eternidad y la mirada distante construida a partir de relaciones oníricas, donde la estructura antropológica articula el relato mítico a partir de las raíces y la ritualidad que transforma el paisaje en clave, huella, topos maravilloso, amuleto, resorte, rompimiento y signo. Entre el horizonte y el cuerpo del sembrador se observa la línea del enclave mágico y mítico generador de contrastes cósmicos y materiales advertidos en la unidad de superficie propia del cuadro-cultura (véase, en este sentido, "Rito de sembradores", acrílico y óleo sobre tela, 90 x 40, 1996 y "Sembradores míticos", acrílico y óleo sobre tela, 40 x 50, 1996).
Compartir esta nota
