El cuerpo, como tal, es ser en movimiento, limitado en su propia mismidad.
Por eso, justamente, Platón, golpeado por los estragos de la vejez, se quejaría de la existencia efímera del cuerpo, el cual dificulta el conocimiento del alma.
Significa, entonces, que el cuerpo está mediado por la finitud, las imperfección y la temporalidad.
De ahí que procure, afanosamente, la aprobación y “ buen apariencia” para impresionar la mirada del Otro.
Como bien se sabe, la vitalidad del cuerpo se debilita en la nostalgia de la vejez.
Por todos los medios, recursos y truculencias del mercado trata de conservar la lozanía de la piel y la hermosura ilusoria.
Isabel Noemí Tejeda Días interpreta, no sin certeza, tan banal pretensión del cuerpo, que a pesar de sus restricciones involuntarias, desea, de alguna manera, permanecer idéntico así.
Tejada Días da cuenta de ello en su novedosa obra “ Culto al cuerpo: las tensiones entre la salud y la apariencia”, la cual habría sido elegida como mejor libro de ensayo por el Ministerio de Cultura de nuestro País en el 2025.
Por su contenido creativo y certeza discursiva, dicha, sin duda alguna, trasciende el ambiente local y cobra relevancia internacional, en tanto enriquece las enjundiosas reflexiones ónticas, epistémicas y fenomenológicas de connotados pensadores que filosofaron la esencia y particularidades del cuerpo.
Entre ellos cabría menciona los siguientes:
Platón, Aristóteles, René Descartes, Baruch Spinoza, Friedrich Nietzsche, Edmund Husserl, Merleau Ponty, Michel Foucault, Jean Paul Sartre, Gilles Deleuze y Lucía Nancy, entre otro no menos importantes intelectuales.
Tejeda Días, habría leído una y otra vez las versiones teoréticas de esos pensadores.
Lo haría con pasión, entusiasmo y, sobre todo, con profundo espíritu crítico y creativo.
No sin razón, Tejeda escribiría:
“El cuidado del cuerpo representa una de las mayores expresiones culturales de nuestros días. Vivimos en una era de la imagen, caracteriza por el culto al cuerpo y la obsesión por el estado físico, lo que conduce a llevar una vida controlada en los ritos para mantener, conseguir o tener un determinado aspecto, casi siempre evocados la juventud, esto es aparentar menos edad de la que se tiene y exhibir una imagen esbelta o delgada (…)”.
Esa explicación, a todas luces, es correcta.
Tejeda Días la amplia y refuerza aún más , cuando dice:
“(…) la publicidad es una herramienta poderosa para difundir los estereotipos relacionados con el culto al cuerpo. Diversas industrias de productos alimenticios y farmacéuticos, especialmente aquellas dedicadas a la producción de suplementos nutriciones, emplean en sus etiquetas y anuncios imágenes que se alinean con el ideal del cuerpo deseado”.
Como se puede apreciar, dichas palabras revela una visualización realista sobre el cuerpo y la necesidad categórica de ser cada vez distinto de sí y rendir culto a la apariencia.
Por eso, Isabel Noemí Tejeda Díaz, conocedora de la génesis y evolución histórica del cuerpo, expresa una verdad visible a ojos vistas:
“ La glorificación de la apariencia física y la idolatría de la belleza tienen un impacto nocivo en las relaciones de género. A las mujeres, en particular, se les imponen estrictos cánones de belleza, a menudos irreales e inalcanzables. Esto da lugar a una sensación de objetivación y despersonalización en la que las mujeres son trivializadas como meros objetos de deseos y no como seres humanos polifacéticos. Esto, a su vez, conduce a la desconfianza y a la falta de respeto entre géneros, y crea un clima de desconfianza que perfora todos los aspectos inherentes al ser humano como portador del ser”.
Lo dicho deja entrever que el cuerpo es desvirtuado. De ahí que sea prisionero de sí y la lógica del mercado que lo manipula y cosifica como objeto banal.
Cada vez extraño de su ser identitario, el cuerpo se desdobla, poco a poco, en su no otro.
Su esencia y rasgos distintivos pierden el encanto de la juventud.
A medida que enferma y envejece puede olvide vivencialidades y experiencias de vida.
Con el paso de los años, su memoria se desmemoriza, toda vez que sucumbe en un manojo de recordaciones borrosas de la imaginación esfumada por los requisitos de la razón desencontrada.
Tejeda Díaz comprende esa drástico y trágica realidad del cuerpo. Por eso la descodifica desde una perspectiva exegética desprejuiciada.
Por esa y otras razones, “Culto al cuerpo: las tensiones entre la salud y la apariencia”, es una magnífica obra, escrita por una gran intelectual, talentosa y bien preparada, con tres doctorados en distintas áreas del saber: Medicina, Filosofía y Educación.
Además, realizó un postdoctorado en Currículo, Discurso y Formación de Investigadores.
También tiene un máster en filosofía y la siguientes maestría:
1-Metodología de la Investigación Científica.
2- Ciencias de la complejidad y pensamiento complejo.
Y 3- Ciencias de la Alimentación y Nutrición.
A tan vastos conocimientos, habría que agregarles varias especialidades: una en Dieta y Nutrición; otra en elaboración de Dietas y Dieta terapia, además, de un Postgrado en Nutrición Clínica.
En todos esos estudios y grados académicos alcanzado, Isabel Noemí Tejada Díaz obtuvo excelentes calificaciones.
Por consiguiente, sus reflexiones discursivas sobre el cuerpo no podía ser mejores.
“El culto al cuerpo: las tensiones entre la salud y la apariencia”, es magistral, sustancioso, novedoso y embellecido con lenguaje sobrio, preciso, conciso claro y fluido.
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