La encriptación se puede considerar como una de las prácticas más antiguas vinculadas a la protección de la información. Desde sus formas rudimentarias en la Antigüedad hasta los complejos algoritmos contemporáneos, la encriptación ha desempeñado un papel central en la política, la guerra, la ciencia y la vida digital. (Diffie, W., & Hellman, M. 1976). La doblez de una realidad siempre ha sido materia interesante para los seres humanos de las diferentes épocas, por ello la criptografía ha sido utilizada en la mayoría de los campos en donde el hombre mantiene interacción (diplomacia, guerra, política, religión etc.) pasando del tecnicismo a la cultura del lenguaje.  «Cada época tiene su tecnología y cada tecnología genera su propio lenguaje.» (Vergara & Huidobro, 2016, p. XIII). El cifrado o la codificación, más que una eliminación del texto, consiste en una transformación del sentido del mensaje, aunque su esencia comunicativa se mantiene intacta, se trata de una escritura en capas, ideal para fusionarlo con la metaforía del lenguaje poético, dando la oportunidad de que aparezca eficientemente el ocultamiento de algún significante o significado. De este modo mientras la esteganografía puede ocultar la existencia del mensaje, la criptografía oculta su significado, noción clave para la Criptopoesía.

«La criptografía puede definirse como el conjunto de técnicas empleadas para proteger datos de forma que se establezca una comunicación segura.» (Villalta Cerezo, 2018, p. 6).

Reglas formales y códigos claramente validados resultan determinantes para las transformaciones estructurales en el caso de utilizarse un alfabeto cifrado, no así cuando se trata de ocultar un mensaje en capa en el lenguaje convencional. «Las señales visuales y ópticas requerían un sistema previamente acordado para ser interpretadas.» (Vergara & Huidobro, 2016, p. 7). En el primer caso se puede estar estableciendo un nuevo sistema autónomo que parte de unos conocimientos y estructuras preestablecidas y en el segundo caso se trata de la pericia y creatividad que quien crea la obra poética. «Desde tiempos inmemoriales, los seres humanos han buscado formas de ocultar sus mensajes.» (Trigo Alonso, 2025, p. 3). La poesía experimental, tiene la capacidad de aceptar múltiples variables que permitan dar vida a una nueva forma de expresión, en donde el destinatario debe estar al corriente de las claves ocultas para realizar el criptoanálisis, figura equivalente al lector-descifrador en Criptopoesía.

«El receptor del mensaje debe poseer la clave para revertir las transformaciones del texto cifrado.» (Villalta Cerezo, 2018, p. 10).

Uno de los primeros métodos documentados es el cifrado por sustitución, utilizado en la Antigua Roma. Julio César empleaba un desplazamiento fijo del alfabeto para proteger mensajes militares, lo que evidencia el temprano vínculo entre criptografía y estrategia bélica (Singh, 1999). Los cifrados polialfabéticos mejoraron la encriptación durante el Renacimiento y la Edad Media. Alberti, León Battista, presentó discos de encriptación que posibilitaron la alternancia de alfabetos, lo cual disminuyó la vulnerabilidad de los sistemas previos. Blaise de Vigenère perfeccionó estos métodos, lo que resultó en un código que permaneció intacto durante años (Kahn, 1996). Durante décadas, el cifrado estuvo relacionado estrechamente con la censura. Así en algunas religiones, en la política y la guerra utilizaban cifrado para proteger discursos vulnerables, anticipando una ética del secreto literario. «El objetivo de la criptografía es permitir la transmisión de información secreta por un canal público.» (Xifré Solana, 2009, p. 7). Los acrósticos, pictogramas, colocaciones numéricas, escrituras por capas interpretativas se convirtieron en sistemas simbólicos que sirvieron de alternativa a las complejidades de la criptografía avanzada.

«La criptografía es la disciplina que estudia los principios, métodos y medios de transformar los datos para ocultar su significado… el objetivo de la criptografía es permitir la transmisión de información secreta por un canal público.» (Xifré Solana, 2009, p. 6).

La comunicación humana en sus diferentes modalidades atraviesa por una tensión fundamental entre qué decir y qué ocultar. No debemos perder de vista el hecho de que escribir siempre ha implicado codificar, y que el ocultamiento del sentido precede a la literatura moderna. La información como recurso estratégico (militar, político, económico y simbólico), por una suerte de dominio del lenguaje, artificio o tecnicismo estético, se protegió de accesos no autorizados o propicio por necesidad, compartir un mensaje oculto. «La finalidad de la criptografía es garantizar el secreto en la comunicación entre dos entidades.» (Xifré Solana, 2009, p. 7). La encriptación, entendida como el conjunto de técnicas destinadas a transformar un mensaje legible en una forma codificada accesible, aparece solo para quienes poseen la clave adecuada (Kahn, 1996). Encriptar no se entendió simplemente como ocultar cosas, sino también como aguardar el tiempo y el sitio apropiados para compartir conocimientos, garantizando que permanezcan a salvo de cara al futuro. Esta lógica se enfoca en un rol más significativo de la encriptación, controlar quién tiene acceso a la comprensión del mensaje. «La seguridad del cifrado debe residir exclusivamente en el secreto de la clave y no en el del mecanismo.» (Xifré Solana, 2009, p. 23).

Imagen generada con IA.

El cifrado no solamente asegura la información, sino que también marca una línea simbólica entre quienes tienen la capacidad de decodificarlo y quienes no la tienen, separando de manera clara a los internos de los externos, tal como lo indica Eco (1984), cada texto supone la existencia de un lector capacitado, y el cifrado radicaliza esta situación al hacer que entenderlo sea un privilegio regulado por la cultura. (Veloz Chérrez, et. al. 2023) El secreto no se trata solamente de la ausencia de información; en realidad, es una estructura meticulosamente diseñada que organiza diversos grados de significado y autoridad detrás de los símbolos. (Shannon, C. E. 1949) Por ende, la Criptopoesía se adecúa a este método de la vieja escuela de proteger los secretos a través del empleo de códigos en la escritura, transformando a los poemas en algo que tiene menos relación con leer y más con sumergirse en sus mensajes encubiertos y descifrarlos. La literatura ha hecho uso de varios tipos de cifrado a lo largo de la historia, aunque no siempre se les haya nombrado así. Los textos órficos[1] y pitagóricos[2] de la Antigüedad empleaban cifras, signos y estructuras formales que solo los iniciados podían descifrar. (Stallings, 2017) Durante la Edad Media, la exégesis bíblica incluía distintas formas de leer: anagógica, alegórica, literal y moral. Esto implicaba que el texto contenía significados escondidos que requerían claves interpretativas específicas (Eco, 1984). Aunque estos sistemas no siempre operaban mediante cifrados técnicos, tenían en común con la encriptación el principio fundamental de acceso diferenciado a lo que significaban. La poesía contemporánea también ha examinado tácticas parecidas.

Los movimientos vanguardistas de la historia, particularmente el simbolismo y algunas corrientes del surrealismo, emplearon la opacidad con el objetivo de resistirse al lenguaje utilitario. Más adelante, el colectivo Oulipo ideó restricciones formales que se pueden considerar como claves internas del texto. Si el lector no conoce la norma que regula la obra, solo puede comprender parcialmente su sentido. En estos casos, la encriptación es una estructura generativa que determina la producción del texto mismo y no un adorno (Perec, 1989).

El texto poético se presenta en capas de oscuridad con una finalidad, estimulando a los lectores a ser activos y a ver la lectura como una búsqueda en lugar de un mero proceso pasivo. Entonces, la Criptopoesía no se trata solo de esconder cosas con trucos; implica volver a una forma respetuosa de usar las palabras en la que el significado se desarrolla progresivamente, revelando así tanto la poesía como el conocimiento, dato o información oculto deliberadamente en ella.

Para el presente artículo, la Criptopoesía, se plantea como una práctica poética contemporánea que reinterpreta los principios históricos de la criptografía (sustitución, clave, ocultamiento y lectura activa) como procedimientos estéticos para producir textos en capas semánticas. Así podemos analizar el poema como criptosistema estético, al lector como criptolector y la clave como gesto poético, no como contraseña técnica. A diferencia de la poesía visual o concreta, la Criptopoesía, no muestra el sentido, lo reserva; no decora el lenguaje, lo codifica.

Hemos adoptado una metodología cualitativa de tipo teórico-analítica y creativo-experimental, con el enfoque de formular, fundamentar y ejemplificar la noción de Criptopoesía como una práctica estética moderna. El artículo no busca la verificación empírica de hipótesis que puedan ser cuantificadas, sino más bien el desarrollo argumentado de un modelo teórico-poético basado en el diálogo entre textos, procedimientos formales y disciplinas.

En una primera fase introductoria, se utiliza el análisis de documentos y bibliografía como estrategia principal. Se examinan obras esenciales de la criptografía tanto clásica como contemporánea, además de contribuciones teóricas que tienen su origen en la crítica literaria, la semiótica y la teoría de la información. Esta revisión posibilita el reconocimiento de los elementos estructurales de la encriptación (algoritmo, clave, texto cifrado y acceso limitado) y la determinación de sus posibles relaciones con fenómenos literarios como son la lectura en niveles, la opacidad semántica y el lector competente. El análisis se lleva a cabo desde un punto de vista comparativo, teniendo en cuenta tanto las dimensiones técnicas de la criptografía como su componente simbólico y cultural.

La segunda etapa implica una metodología de investigación-creación, en la que la producción poética actúa como un área de ensayo teórico. Se crean poesías originales que contienen sistemas de cifrado explícitos y verificables (como patrones estructurales, claves numéricas, acrósticos y desplazamientos internos) basándose en los principios establecidos en la encriptación. Estos textos no solo tienen una función de ilustración, sino que también son una prueba formal de cómo funciona la Criptopoesía como modelo operativo. Cada poema es examinado desde dos perspectivas, la capa oculta, a la que se puede acceder a través de una clave externa previamente establecida, y la capa visible, autónoma y estéticamente coherente. Se realiza un análisis estructural interno de los poemas creados, que complementa el trabajo, describiendo la relación entre forma, contenido y sistema de cifrado. Este análisis posibilita la evaluación de la coherencia del modelo criptopoético y verifica que el mensaje oculto no elimina ni subordina la experiencia poética, sino que por el contrario, la enriquece. La metodología pone, siempre y en todo lugar, el texto literario por encima del artificio técnico, considerando que cifrar es un soporte para el sentido y no su objetivo.

En última instancia, la investigación se basa en un método crítico y reflexivo que conecta los resultados teóricos y creativos con el entorno cultural actual. Desde este punto de vista, la Criptopoesía es analizada no solamente como un método de escritura, sino también como una reacción estética frente a la exposición excesiva del lenguaje, la rapidez en los intercambios comunicativos y la pérdida del misterio en el acto de leer. La metodología, en general, posibilita la integración de la teoría, el análisis y la práctica poética dentro de un marco consistente, lo que prueba que la encriptación puede convertirse en una base estructural legítima para la creación literaria.

En la próxima entrega estaremos mostrando modelos de los elementos planteados teóricamente en esta primera parte.

[1] Los textos órficos son un grupo variado de himnos, poemas y teogonías que se le atribuyen al legendario vate Orfeo y que fueron creados entre el siglo VI a.C. y la era romana. Se enfocan en el orfismo, una fe mística centrada en la purificación, la inmortalidad del alma, la transmigración (reencarnación) y un ascetismo severo, frecuentemente en oposición a la religión griega oficial.

[2] Los escritos pitagóricos son extractos y evidencias de la institución místico-filosófica establecida por Pitágoras, que se enfocan en la idea de que "todo es número" y en la eternidad del alma. Los Versos Áureos, que abogan por la limpieza y la virtud, se distinguen entre los escritos sobre armonía musical, astronomía, numerología y reglas de vida rigurosas.

Esteban Tiburcio Gómez

Investigador y educador

El Dr. Esteban Tiburcio Gómez es miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Licenciado en Educación Mención Ciencias Sociales, con maestría en educación superior. Fue rector del Instituto Tecnológico del Cibao Oriental (ITECO), Doctor en Psicopedagogía en la Universidad del País Vasco (UPV), España. Doctor en Historia del Caribe en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), entre otras especializaciones académicas.

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