Una y otra vez se repite el disparo
Una y otra vez se repite el disparo.
El tiempo indetenible
parece detenerse,
y se crean las luces
que nos permiten ver átomos,
tan claro como vernos a nosotros mismos.
Tú estás desnuda
envuelta entre partículas invisibles,
cuánticas.
Y el vuelo nos pellizca
para que despertemos de este insomnio
que parece irreal.
Despertar al sueño,
de volver a tierra,
de abandonar los cielos que nos escupen como lluvia.
Somos la avanzada
de ángeles que vienen a castigarnos,
a susurrar las leyes que se van de lado,
y que escondemos debajo de nuestros instintos.
Solos,
así encontrarán nuestros átomos,
deformes como glóbulos rojos,
entre aleaciones fallidas y vanos aterrizajes.
Cuando decidimos reinventar el aire
Cuando decidimos reinventar el aire
no existían los pájaros,
ni los cielos.
Rediseñamos el algo
y nos mudamos aquí
bajo el mismo techo que cubre Santo Domingo.
Las aceras reconstruyeron nuestros caminos
y nos llenaron de huellas
que antes no existían.
Al parecer,
la ciudad nos construye a nosotros,
nos inunda de enanos rascacielos.
Somos tan gigantescos como ellos.
Con cristales en nuestros ojos y en nuestras manos,
rejas en cada uno de nuestros oídos,
un gran lobby en nuestros ombligos;
con vista a un mar que apenas empieza.
En cada uno de nosotros vive una familia de aves
a la espera de que inventemos las alas,
y si todo resulta,
el vuelo.
Todo es piel
Todo es piel.
Así como todo es mar.
Así como todo es cielo.
Así como todo es suelo.
Tenemos elementos que mueren con el cuerpo.
Otros sobreviven,
como el sueño,
como el vuelo,
como cada gota de esperanza que suspiramos
y dejamos caer con el rocío.
Es nuestra naturaleza,
volar y soñar
para seguir siendo eternos.
Mis sueños lo soñarán otros
y otros continuaran mis vuelos.
Tenemos más elementos que viven libres
que aquellos que se vuelven
suelo,
mar y cielo
con nosotros.
Despegue
Despegue,
así, hacia la nada.
La mariposa decide recorrer el viento
y el viento recorre sus alas.
El vuelo es un viceversa de decisiones,
un intercambio invisible de voluntades.
¿Quién vuela a quién?
¿Quién navega los hemisferios del otro
y se atreve a surcar el cuerpo desconocido de ambos?
Así, hacia la nada,
el impulso se hace presente
y el viento salta al vacío sin pensarlo dos veces,
y atrapa una hoja que había saltado
esperando encontrarse con otros suicidas.
Es una aleación de voluntades,
como el acero,
pero más liviano.
Y es poderosa
Y es poderosa,
resiliente y constante.
No necesita de placeres y cosas.
Neón cargado de fuerzas eléctricas
y mariposas.
Ahora fiera, mañana oveja.
Ella, ese cielo, ella, esa tierra,
esas estrellas que orbito
y en donde las lunas llenas, vacío.
Habito sus ansias,
sus bosques, nidos.
Bella me habita
con esa piel de infusiones celestiales.
Hacia dónde me guíe su norte,
allí ataré mis lugares.
Yo espero atracar el puerto firme de su nombre.
“Aleación del vuelo”, kindle direct publisher (kdp), 2025, Juan Carlos Báez Moreta.
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