«¿Qué es una biblioteca si no es una forma de sentir? El entusiasmo del primer día, el optimismo y la esperanza del aprendizaje, la tranquilidad del espacio, la felicidad e ilusión de despertar la imaginación, la creación de amistades… A una biblioteca se la quiere, mientras ella se deja querer», Julián Marquina
Lamentablemente, uno de los espacios pedagógicos más importantes de la educación pública dominicana está en peligro de extinción: las bibliotecas escolares. Es irónico que el Ministerio de Educación promueva la lectura intensiva, pero no les otorgue la debida importancia a las bibliotecas escolares. Y eso se evidencia al visitar cualquier centro educativo, si es que hay bibliotecas.
Creo que muchas personas que no pertenecen a esta nueva generación de estudiantes recordamos el uso tan significativo que se les daba en el pasado. Eran una herramienta muy valiosa para la formación de miles de jóvenes.
Hoy en día, hablar de bibliotecas escolares da mucho de qué hablar. En su mayoría, se han convertido en simples adornos de escaso uso: dos o tres anaqueles con algunos libros que han ido muriendo poco a poco por la falta de atención y aprovechamiento. Y eso es solo en las escuelas que aún conservan alguna. Muchas otras ni siquiera cuentan con una biblioteca.
Actualmente, el Ministerio de Educación exige que cada docente tenga un anaquel en su curso titular con una cantidad de libros que ellos mismos establecen, pero que no proporcionan. Es algo raro, pero cierto.
Las bibliotecas escolares deben volver a ser lo que eran antes. Cada escuela necesita contar con programas reales que formen a los estudiantes y les enseñen el valor de los libros. Si se hace un recorrido por muchos de nuestros centros educativos, se comprobará que lo que digo es una realidad.
El viernes 27 de este mes hice este comentario en mi cuenta de Facebook:
«Un anaquel en el aula, con apenas unos cuantos libros, ahora resulta que es “una biblioteca”. Qué maravilla.
Todas las escuelas del país deben contar con bibliotecas dignas y funcionales. El Ministerio de Educación tiene la responsabilidad de priorizar este recurso esencial para el aprendizaje, garantizando no solo la creación de estos espacios, sino también su adecuada dotación y actualización constante.
Asimismo, es fundamental dar seguimiento al uso pedagógico de las bibliotecas, asegurando que realmente impacten en el desarrollo de la lectura y la formación integral de los estudiantes”.
Me atrevo a citar este comentario sobre mi publicación, del señor Jordy Rosario Cirilo, quien realiza un excelente trabajo como coordinador de proyectos en la Fundación Juan Bosch y como director de El Carretón de Libros en el país, destacándose por su valioso aporte a la promoción de la lectura y el libro.
«Me suscribo, Gerson. Últimamente estoy visitando escuelas y las bibliotecas son solo espacios con algunos anaqueles con unas cuantas enciclopedias».
No darles importancia a las bibliotecas escolares (por no mencionar las bibliotecas públicas que es otra historia), es masacrar la educación dominicana.
Además, cada año se celebra la Feria Internacional del Libro, junto a otras ferias regionales que reúnen una valiosa producción de autores dominicanos. Estos espacios no deberían quedarse solo en vitrinas culturales o eventos momentáneos, sino convertirse en una oportunidad real para fortalecer el sistema educativo. El Ministerio de Educación, en coordinación con el Ministerio de Cultura, podría aprovechar estas iniciativas para adquirir y distribuir estos libros en las bibliotecas escolares del país.
De esta manera, no solo se enriquecerían los recursos disponibles para los estudiantes, sino que también se estaría promoviendo activamente la lectura de autores dominicanos, apoyando su difusión y reconocimiento. Resulta preocupante que, en muchos casos, la sociedad en general tenga un conocimiento limitado de nuestros propios escritores. Integrar estas obras en las escuelas sería un paso clave para cambiar esa realidad y fomentar una identidad cultural más sólida desde las aulas.
Es necesario que reflexionemos: un país donde se le quita valor al libro desde los inicios educativos, es un país que no va por buen camino.
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