Sorprende la competencia con que Amadeo Julián incursiona en la investigación literaria cuando estudia la novela, de 1949, El reino de este mundo, de Alejo Carpentier a la luz de su teoría narrativa lo real maravilloso. Julián se adentra en la trayectoria intelectual y en el pensamiento antropológico del autor cubano de ascendencia rusa y francesa. Sus años en París (donde vivió doce años) sus vínculos con los poetas y pintores surrealistas como Robert Desnos, André Breton, Louis Aragón, Tristán Tzara, Paul Eluard, George Sadoul, Benjamín Peret, Pablo Picasso, Yves Tanguy y Giorgio de Chirico fueron vitales en su formación y su cultura. Julián refiere la travesía de Carpentier por Cuba, Haití, Venezuela, París y Madrid, y de su primera novela ¡Ecue-Yamba-O! En Madrid conoce a Lorca y, tras la caída del régimen de Machado en Cuba, en 1937, y después de la Guerra Civil española, asiste al Segundo Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, celebrado en Madrid, Barcelona y Valencia. De Cuba lo acompañaron Nicolás Guillén, Juan Marinello,  y Félix Pita Rodríguez. En 1939, cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, Carpentier regresa a Cuba, y enseña historia de la música en la Universidad de La Habana. En 1943, viaja a Haití, invitado por el actor Louis Jouvet, viaje que permite investigar y observar y que será esencial y vital para la escritura de su célebre novela corta El reino de este mundo (que, según Mario Vargas Llosa, en Las verdades de las mentiras, es una obra maestra). En esta, el novelista cubano combina magia, mito e historia, en un proceso de sincretismo mágico-religioso: recrea un mundo alucinante sobre la explotación de esclavos durante el régimen colonial en Haití. Retrata, de modo imaginario y fantástico, la vida campesina durante la independencia y el reinado de Henri Christophe.

Una foto de Juan Pablo Duarte joven, creada con inteligencia artificial a partir de la única foto suya que se conserva, tomada en 1873 por Próspero Rey.

De Cuba se va a vivir a Venezuela, de 1945 hasta 1959, donde escribe crónicas, artículos y ensayos para la prensa y hace radio. Viaja a México, en 1946, y escribe para el FCE una Historia de la música en Cuba. En 1948, publica su novela El reino de este mundo con un prólogo en el que explica, teoriza y justifica su poética narrativa de lo “real maravilloso”, que luego inserta en su breve ensayo Tientos y diferencias, de 1966. Carpentier distingue lo “real maravilloso” del “realismo mágico” y de la “literatura fantástica”: se aleja y cuestiona el surrealismo, movimiento artístico y poética al que considera como una artimaña y una farsa de lo onírico. Tenía la concepción de que lo real maravilloso no estaba solo en Haití sino en América Latina. Ve lo fantástico y maravilloso en la vida cotidiana y que se refleja en la literatura. Tomó a Mackandal y a Ti Noel, este último como personaje protagónico de su novela para representar los poderes mágicos de un ser que se subleva y rebela como mito frente a la historia.

El escritor Amadeo Julián.

Amadeo Julián, con sorprendente profundidad y destreza crítica, y compara los juicios de los críticos  Seymour Menton, Enrique Anderson Imbert, Leonardo Padura Fuentes y Luis Harss, con la teoría de Carpentier acerca de lo real maravillo, citando sus libros. En este capítulo, Julián deviene en crítico literario, al analizar estas teorías y al ponerlas en cuestión, ante la obra El reino de este mundo. Destaca los conceptos de lo real maravilloso y el realismo mágico de Carpentier y Miguel Ángel Asturias, a la luz de este debate que suscitaron estos autores. Sobresalen las ideas de lo insólito, extraordinario, maravilloso y mágico. En el escritor cubano, lo real maravilloso partió de su experiencia al visitar Haití en 1943, y en el autor guatemalteco, de las leyendas de la cultura maya y del libro el Popol Vuh. Mientras en Carpentier lo real maravilloso está impregnado en su novela El reino de este mundo, en Asturias, aparece el mundo mitológico maya en Leyendas de Guatemala (1930), Hombres de maíz (1949) y Mulata de tal (1963). Así pues, en Amadeo Julián confluyen aquí la investigación literaria y la investigación histórica de carácter antropológico para explicar la naturaleza argumentativa de la novela real maravillosa del autor cubano, en la que convergen el mito, la historia y la literatura. El reino de este mundo es la historia de Mackandal, una novela que comprende un periodo histórico de 60 años, es decir, desde la década del sesenta del siglo XVIII hasta el XIX. O desde la revolución francesa pasando por la muerte de Leclerc en 1802 hasta 1820 cuando se produce la muerte de Henri Christophe y concluye en la segunda década del siglo XIX. Sus acciones narrativas transcurren en un contexto geográfico formado por la llanura central, Cabo Haitiano y Santiago de Cuba. En la trama de la novela, Ti Noel regresa a Haití procedente de Santiago de Cuba, creyendo que la esclavitud había sido abolida, llevándose la sorpresa de que seguía la misma opresión. Mientras, el rey Christophe queda abandonado y solo, piensa que la causa de su destino está en el olvido de la religión negra del vudú y el apego al catolicismo, cuya Iglesia lo había expulsado. Triste y deprimido, se suicida, y tras su ocaso, también cae su gobierno. Así  termina su gloria y sus descendientes se ven obligados  huir a Europa. Julián destaca la ausencia de Toussaint Louverture, igual algunos críticos, como personaje de su novela El reino de este mundo, pese a ser el padre de la revolución haitiana.

Otro pasaje a destacar en el libro de Amadeo Julián lo constituye el de William Walton, el inglés que vivió en Santo Domingo desde 1808, durante el periodo de la Reconquista y posterior a la Independencia de América y a los hechos sucedidos después del Tratado de Basilea de 1795. Walton fue comerciante, periodista y aventurero,  que hizo amistad con Ferrand. Sufrió prisión y pagó su libertad a cambio de 800 dólares y fue rescatado por un barco de guerra inglés. Volvió a Santo Domingo desde Jamaica, y el 7 de julio de 1809 fue nombrado agente británico en la parte española. Seis meses después, Walton regresa a Londres, y llega en abril de 1810. Durante su viaje de regreso, escribe su famosa obra sobre las colonias españolas, publicada en inglés el mismo año, y traducida al español como El estado actual de las colonias españolas. Julián refiere que, el autor de Historia de la Revolución de Nueva España, Fray Servando Teresa de Mier, acusó en sus Memorias de plagio a Walton. En la Carta de Jamaica, Simón Bolívar cita a Walton sin decir la obra. Como se ve, Walton fue, además de traductor y editor, un hombre polifacético, de grandes relaciones de poder, amante de todas las cosas y, en especial, de la política. Después de una activa vida al servicio de causas diversas, murió en el año 1857.

El capítulo VIII del libro, Julián Cedano lo destina a Juan Pablo Duarte y sus actividades en Venezuela y contra la Anexión a España. Sabemos que el patricio estuvo en Caracas desde 1844, exiliado a causa de su oposición a los regímenes de Pedro Santana y Buenaventura Báez. Y desde allá supo del fusilamiento de Sánchez y de María Trinidad Sánchez y de la Anexión a España. Narra las vicisitudes y penurias que vivió, la venta de su casa en mil cien pesos para aporta el dinero a la causa, sus actividades, gestiones y campañas en aras de liberar al país del yugo español. Relata, además, el apoyo a Duarte de varios dominicanos  y su viaje a Curazao con varios amigos y familiares, desde la Guaira a las islas Turcas, intento que fue frustrado por el cónsul español en Venezuela. Pero que se produjo en marzo de 1864. Regresó a Venezuela el 31 de mayo de 1864, vía Haití. Llega a Saint Thomas, el 28 de julio de 1864 y a Curazao el 7 de agosto de 1864.

El capítulo IX alude a la documentación histórica de la etapa colonial y a las causas de su desaparición, sobre todo la provocada por la invasión de Francis Drake, en 1586, saqueando y robando archivos, piezas y objetos de enorme valor histórico de las iglesias, del cabildo o de la catedral. Por otro lado, la propuesta de trasladar la ciudad capital, incluyendo la Real Audiencia, al centro de la isla para evitar la destrucción de documentos producto de las inclemencias del clima y para garantizar su preservación. Además, de la invasión y saqueo de Drake, el país fue víctima, en 1655, de la invasión de Penn y Venables, ordenada por Oliverio Cromwell de Inglaterra, pero  fracasó en su intento por conquistar la ciudad, y que terminó por lograr su objetivo al apoderarse de Jamaica. De modo que las invasiones de corsarios y piratas, además de los terremotos, huracanes, polillas, humedad e inundaciones, contribuyeron a destruir y dañar gran parte de la documentación de la ciudad y de su patrimonio bibliográfico y arquitectónico. Por esa razón, para los investigadores e historiadores, eran difíciles hacer labores de estudio, en razón de la escasez de documentación, a lo que se hace eco Moreau de Saint Mery, a fines del siglo XVIII, pese a que ya Antonio Sánchez Valverde había publicado, pero en Madrid, su libro Idea de valor de la isla Española, en 1785.

Por último, el capítulo X, Amadeo Julián lo destina a definir la relación entre evidencia arqueológica e investigación histórica, así como la diferencia entre historia y prehistoria. También establece la diferencia entre historia global, historia económica e historia social.

En síntesis, este libro, como se ve, no es orgánico ni temático, sino un conjunto de ensayos de largo aliento y rigor, con protocolo de indexación, pero que hacen armonía por sus vínculos con la historia, la cultura, la antropología y la literatura. Y porque se relacionan por sus correspondencias entrañables con el país, la isla de Santo Domingo, el Caribe insular y sus protagonistas.

Felicito a mi amigo, Amadeo Julián, por su parsimonia investigativa, su rigor analítico y su capacidad argumentativa, y por ofrecer al país letrado, a los investigadores históricos y a los lectores del futuro, este invaluable aporte libresco que –estoy seguro– contribuirá a enriquecer el patrimonio bibliográfico de la Nación dominicana. Felicito al AGN por su política de publicación, tan activa y rigurosa, con la que ha venido a dinamizar el panorama intelectual y cultural del país y a llenar un vacío en el rescate de ediciones agotadas y en la publicación de obras como esta.

Basilio Belliard

Poeta, crítico

Poeta, ensayista y crítico literario. Doctor en filosofía por la Universidad del País Vasco. Es miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua y Premio Nacional de Poesía, 2002. Tiene más de una docena de libros publicados y más de 20 años como profesor de la UASD. En 2015 fue profesor invitado por la Universidad de Orleans, Francia, donde le fue publicada en edición bilingüe la antología poética Revés insulaires. Fue director-fundador de la revista País Cultural, director del Libro y la Lectura y de Gestión Literaria del Ministerio de Cultura, y director del Centro Cultural de las Telecomunicaciones.

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