Una antigua bendición de camino hebraica dice así: "Que tus pies te lleven a donde tu corazón gusta de estar y que tu corazón guste del lugar donde tus pies lo han de llevar". Retomo está frase que una amiga rabina me diera, antes de entrar a un ritual de mujeres en la naturaleza, porque fue así mismo, desde la inteligencia del cuerpo que, paso a paso, sobre las calles empedradas de la zona colonial de Santo Domingo, entendí esa dinámica de amor y caminos. Fue así que mi corazón fue grabando la conciencia de ese lugar del Caribe, en las historias vividas en mi día a día, los murmullos y los antiguos efectos sonoros, carruajes, caballos, cadenas y gemidos que me visitaban a la medianoche, más allá de mis estudios e investigaciones sobre el Caribe. Este encuentro con la zona colonial, ejerció una atracción profunda en mí, por la cual yo reconocí de inmediato este paisaje, y necesité relacionarme con él en un acto de co-creación que se convirtió en amor antiguo que no pretendo entender, pero si preservar. Él está ahí y eso no va a cambiar.
En las piedras de la zona colonial están las marcas de mis primeros pasos, como curadora de arte, en acción independiente, recién graduada de la universidad en Estados Unidos, y desistiendo de continuar viviendo en el hemisferio norte, vibrando entre islas caribeñas durante un año, gracias a un fellowship que gané en Puerto Rico, hasta establecerme en República Dominicana en el 2010.
Cada metro cuadrado de la zona colonial era una posibilidad de creación curatorial. Tanta casa colonial vacia, tanto cuerpo. Cuánto lugar fertil de florecimiento. Dí a luz, curatorialmente y como mujer.
Aprendí de la praxis institucional, gracias a la Academia de Historia y el Centro León. Crecí en mi práctica independiente desde proyectos entrañables, donde primaban las economías de la amistad, visibles en actos deliciosamente delirantes de amor por la creación colectiva, las historias y la arquitectura entre buenos vecinos. Todos en la zona colonial.
Ahora, debo confesar que, existen pocas cosas que me sacuden el alma, tanto como la contaminación con otro curador alineado y en seguimiento de su impulso creador. Aqui me refiero a mi encuentro con Orlando Isaac y mi conversación con él, durante su labor curatorial en la exhibición "A capilla ardiente: relatos encendidos del vivir, la fé y el deseo" con el auspicio del Centro León, en la capilla de los Remedios, en la zona colonial de Santo Domingo. Lo escucho, en sintonía y voy entrando en el encanto de sus razones y los recovecos donde se manifiestan para dar vida a este mundo, concebido por él, apartir, desde y con la complicidad de artistas, varios de los cuales conozco y admiro desde tiempos antiguos.
El fuego está dentro de la capilla, ardiendo para no solo iluminar, sino quemar, limpiar y transformar el peso de antiguas memorias dolores y miedos, para avivarse, con otro significado, dentro del alma de esta capilla. Casi como el sello de una alianza entre Orlando, las memorias de tantas piedras y los muros que resguardan y permiten que las obras de 14 artistas dominicanos, continuen pulsando como manifiesto del fulgor de deseos, individuales y colectivos.
La capilla de los remedios está ubicada en la calle de Las Damas, frente a las casas reales. Fué construída en 1554, siguiendo el patrón arquitectonico mudejár, presente en la Península Ibérica en el momento. Construída por la familia Dávila que llegó de España a la isla, en 1511, con el intuito de habitar los nuevos territorios, en la Nueva Granada, dentro del proyecto colonial español en el Caribe. Dentro del mismo proyecto, La reina católica declaró a la virgen de los Remedios, la virgen protectora de la navegación, invocada para acalmar tormentas, proteger de piratas. Además, se veneraba para pedir por lluvia para los cultivos. Iconografía clave en la misión católica colonizadora a ser venerada een llos territorios colonizados.
Es en este espacio donde confluyen los deseos de 14 artistas dominicanos, como en sagrada comunión convocada, por el curador, para iniciar una jornada de encuentros guiados por el fuego y el reconocimiento, de los secretos suyos y de los otros, concientes e inconscientes, para extirpar, de manera inauditamente caribeña, viejas y antiguas cadenas através de un entendimiento más profundo del cuerpo del delito.
Ver la Capilla de los Remedios desde su exterior siendo ocupada por lps "ecos de la ausencia", obra de Raúl Morilla, como una sustancia viva y amarilla que demuestra inflamarse y desinflamarse, en sutil vaivén, invitandonos a iniciar el viaje interior, a modo de invocación de fuego y al estilo de las moradas del castillo interior, de teresa de Avila. Cada parte de la capilla, un aposento que guarda, uno o más, secretos, encarnados en obras, en el centro, el medio, encima, abajo y a los lados del recinto.
Ya adentro "Bohios bajo casas coloniales", juego invertido entre materia y espacio, nos adentra a esa verdad sepultada que existió bajo las casas construídas, dentro del proyecto colonial español.
Seguimos, custodiados por "El Portal" de Jose Morban, dejando el muro hablar através del camuflaje de guardia militar, marcado en límites y memorias del Rio Masacre, en la frontera dominico-haitiana. A seguir, Charly Quezada nos da una muestra de los recursos locales y la forma de sostener la caída de uno de los muros de la capilla, gran secreto sin título público. Más adelante, la solemnidad se viate de África, avivando las memorias con "Nodrizas, amas de leche" y el totem de pinturas en código iconográfico africano y taíno de Julianny Ariza, justo antes de encontrar a Patricia Castillo (Patutus) desenvolviendo sus prismas que van elevandose, verticalmente, al infinito, casando tierra y cielo, en su obra "Depositos de Fé", ahí deberiamos hacer una pausa larga y entrar en el flujo de Patutus antes de continuar con el peregrinaje interior. Seguimos, dijeriendo este diverso banquete de secretos, que alimentan el alma, con "El Jardín" de Natalia Ortega, palma móvil y ligera, que mezcla vertientes de la creación y ameniza el centro de esta mandala curatorial, desprendiendose y conectando con alianzas visibles e invisibles, con todas las partes de la capilla, desde su centro. Arte y diseño en movimiento. Seguimos viajando por las memorias que reposan y viajan en los escombros, sobre el suelo, como cuerpos, materia, e imagenes en retrato fragmentado, memorias familiares de Laura Castro. El camino y el peregrinage, desde el hilo curatorial, nos lleva al fondo de la capilla donde nos encontramos con "Acupunturada"
de Raquel Paiwonsky, quien expone nuevamente su vestido, robusto de clavos, 25 años después. Esta obra renace en la capilla, con una declaración, bañada por el tiempo y la evolución de procesos internos, diversos, hermosos, sensibles…la obra ha sanado. Donde habia dolor, por los clavos, ahora queda entendimiento y paz. Esta energía continua su curso y se conecta a la entraña de la tierra en "Micelio y Miocardio", en trazos finos, costurando y honrando las puntadas rizomáticas de la vida. Paisaje interno intimo, tierra y cuerpo en código de alta costura.
Poco después, llegamos al altar, que es ocupado por Hulda Guzman y su obra "Yes", retablo tríptico, que en un momento sin tiempo, muestra un canto de alabanza de su familia, reunida en Samaná, durante un trance familiar colectivo. Adicionalmente, en responsabilidad de la expresión sonora están las 24 campanadas que Ricardo Ariel Toribio recrea en "Ulises en la catedral". Siguiendo el rumbo, nos adentramos en "Pájaro malo, Mala fé" de Franz Capa, obra en que una serpiente hecha de canutillos se transforma en cocotero, trayendo los ecos de la fluidez en la forma y el sentido del arte vudú. En el mismo tono de deseos interespecie, Amy Hussein, inspirada en los paisajes de caseria, representa una mujer con cuerpo de tigreza y con sus patas para atrás, recordando a la cíguapa, figura de sueños salvajes y mitologías dominicanas, que pareciera proclamar "ay no, a mi, tu no me vas a colonizar".
Continuamos con Eliazer Ortiz y su Latigo, elaborado con fibra teñida con campeche, tinte y pigmento elaborados por él mismo. Antes de finalizar el recorrido interior y salir a la parte posterior de la capilla, avistamos una obra de Jose Morban, con su paisaje del puerto al margen del Rio Ozama, situandonos espacialmente en la inmediatez del rio. Salimos al patio y encontramos las "Anémonas" de Raquel Paiwonsky, encarnando los deseos de asepsia doméstica, através de los guantes de fregar en las labores de limpieza casera, equiparando poéticamente los guantes de plástico a plantas bajo el mar. En paralelo, al recorrido que finaliza en las profundidades del alma, para ser iluminado, entendido y procesado, en el mejor de los casos. Claro.
Encuentros, secretos y pactos que encienden la vida, la fé y el deseo, convocan, inevitablemente, historias de amor de las que son hijos, y a su vez, en conjunto, ellos se unen en una gran y unica historia de amor que se desenvuelve y se nutre de la experiencia. Esta misma, entendida en términos junguianos: como ese lugar en que las certezas de dolores y sabores son un conglomerado de momentos de contacto, entre el mundo externo y el mundo interno. Habitando el lugar entre lo mundano y lo profano, entre la materia y el espíritu. Entre lo conciente y lo inconsciente.
Entendido así, desde las memorias de la zona colonial, en Santo Domingo y desde la Capilla de los Remedios, la quema como ritual de entrega al fuego, es la peregrinación dentro de esta exposición. Su recorrido es una constatación de la manera en que aflora, intrínsicamente, desde el cuerpo individual y colectivo, la sanación del flujo creativo, para diseñar nuevas posibilidades apartir del rescate y del entendimiento de viejas memorias. ¿Conseguiremos entonces, ver más allá de la ilusión de la perfección y la pureza? ¿Lograremos ver lo divino en lo profano del día a día? ¿Transmutaremos lo que ya se venció dentro de nosotros?
De nuevo, es aquí donde el arte, como fisura, nos asiste y nos acerca a un entendeimiento y conocimiento de nuestra propia historia, nuestro pasado y apartir de allí nos empuja a hacer de esta nueva visión del pasado, el fruto para encarar la vida y sus demonios, más sabiamente. Gracias Orlando por esta curaduría divinamente curandera, exquisita, delicada y poderosa!
Asociación de palabras con Orlando
¿Pasión? Amarillo.
¿Ardor? Dolor.
¿Religión? Amor.
¿Materia? Gris.
¿Dominicano? Haitiano.
¿Tigre? Flor.
¿Paz? Silencio.
¿Reflexión? Locura.
¿Música? Jazz.
¿Popular? Anecdótico.
¿Identidad? Mundos.
¿Caribe? Fragmentación.
¿Espejo? Mi mismo.
¿Sueño? Pesadilla.
¿Mar? Océano.
¿Ola? Aire.
¿Imagen? Semejanza.
¿Tormento? Tormenta.
¿Vida? Muerte.
REFERENCIAS:
Martínez, A. (2025, Noviembre). Entrevista personal con Orlando Isaac.
Teresa de Ávila. (2023). Castillo interior: Las moradas (T. Álvarez, ed. y notas). Valdemar Teodoro Editor.
Jung, C. G. (2009). Psicología y religi
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