El Arco de Triunfo

La primera vez que visité el Arco de Triunfo de París fue en marzo de 2015. Recuerdo que lo hice en compañía de Francis García –esposo de la amiga y profesora de la Universidad de Orleans, Catherine Pelage–, junto a su hijo, Víctor. Luego de recorrer gran parte de los campos Elíseos, cruzamos raudo la avenida, evadiendo los autos que pasan a gran velocidad, arriesgando nuestras vidas. Al llegar, pagamos las taquillas para subir en ascensor al techo y, de paso, recorrer su museografía interior, y desde lo alto, divisar gran parte de la imponente ciudad de París. Pero esta vez no atiné a leer los 660 apellidos de los héroes militares que están incrustados en bajorrelieve en sus columnas.

El Arco de Triunfo (Arc de Triomphe), de estilo neoclásico,  fue mandado a construir por Napoleón en 1806 (se concluyó en 1836) con la finalidad de conmemorar el triunfo en la batalla de Austerlitz. Está situado cerca de la plaza Charles de Gaulle, al oeste de los  Campos Elíseos y próximo a la Plaza de la Concordia. Tiene un ancho de 44,82 metros y 49,54 de altura, lo que permite ver gran parte de la ciudad. En su interior, y bajo el arco, está la lápida del Soldado Desconocido, muerto durante la Primera Guerra Mundial  y enterrado en 1921, en el centro del monumento, y donde hay una inscripción que reza: “Aquí yace un soldado francés muerto por la Patria 1914-1918”. En 1923, se instaló una llama votiva o “llama del recuerdo”, que nunca se deja apagar (se revive todas las tardes, a las 18:30 horas (6:30 pm), pues este ritual lo hace una asociación de veteranos y de víctimas de guerras: sirve para homenajear a los soldados que perecieron en combate. Cuenta la historia, que la ocupación nazi de París, en 1940, no impidió que esta práctica diaria se hiciera. Y que, pese a la marcha de las tropas alemanas sobre la Place de l’Etoile, se realizó aun frente a los oficiales nazis, quienes autorizaron la ceremonia ritual. Este monumento histórico está situado en el centro de la Plaza  y forma una rotonda de doce avenidas diseñadas en el siglo XIX. Se la llama Plaza de la Estrella (Place de l’Etoile) porque forma una estrella que comunica a otras avenidas.

Napoleón decidió mandar a construir este monumento para celebrar la victoria en Austerlitz, de 1805. Les arengó a sus tropas lo siguiente: “Volveréis a casa bajo arcos triunfales”. Su deseo inicial fue que se construyera en la Plaza de la Bastilla, por donde los ejércitos retornaban de combate, y su voluntad era que sirviera para perpetuar la memoria histórica de sus victorias. Fue diseñado por Jean-Francois Chalgrin y Jean-Arnaud Raymond, bajo la inspiración del Arco de Tito Livio de Roma. Tristemente, Napoleón no vio en vida la culminación de esta obra, que fue idea suya y su sueño de gloria, pues se terminó de construir en 1836, y murió en 1821.

Augustin-Daniel Belliard

No fue sino en enero, cuando mi hijo Amadeus, que estuvo en París –entre otras diez ciudades europeas  más–, quien la visitó desde su residencia en Barcelona, adonde fue este año a hacer un semestre de intercambio  en la Universidad Pompeu Fabra, que posee convenio con la Universidad de Pittsburgh, donde estudia economía y política. Fue él quien atinó a leer los apellidos –a instancia mía–, al yo decirle que allí está el apellido del general del ejército napoleónico, Augustin-Daniel Belliard, acaso un lejano pariente de mis ancestros venidos de Francia a Haití, durante la guerra de independencia. Y que luego migraron a la parte oeste de la isla, estableciéndose, en principios, en Monte Cristi y Dajabón. Cuando mi hijo estuvo en el Arco de Triunfo, enseguida me envió una foto, sonriente, feliz y satisfecho, mostrando con su dedo índice el apellido. Él ha estado muy interesado en la vida de este general y en la genealogía de mi apellido: siempre me ofrece datos e informaciones sobre su trayectoria militar, proezas y hazañas de combatiente durante las guerras napoleónicas. Según Wikipedia, Augustin-Daniel Belliard, nació  en Fontenay-le-Comte, el 25 de mayo de 1769 y murió en Bruselas, el 28 de enero de 1832, a los 62 años. Era hijo de Augustin Belliard (1734-1811), fiscal del rey en Fontenay-le-Comte; su hermana se casó con el barón Pervinquiere. Está enterrado en el cementerio Pere Lachaise, y fue diplomático, político y militar de la Revolución y el Imperio. Además, fue general de división y obtuvo las siguientes distinciones: Caballero de la Orden de San Luis, Gran Cruz de la Orden Nacional de la Legión de Honor y Gran Oficial de la Orden Nacional de la Legión de Honor. En Bruselas hay una enorme estatua, erigida en 1838, y también un liceo. De los 660 apellidos en alto relieve del Arco de Triunfo, Belliard es uno de ellos. Corresponden  a generales que combatieron durante la Primera República francesa (1792-1804) y también el Primer Imperio francés (1804-1815) y de la Gran Guerra. De todos ellos, los que están subrayados significa que murieron en combate. Belliard se alistó como voluntario, tras el estallido de la Revolución francesa, de 1789, incorporándose al Ejército del Norte. Obtuvo el rango de ayudante general en la batalla de Jemappes. En 1793, fue arrestado y trasladado a París. Luego se alistó como voluntario del Tercer Regimiento de Cazadores. En 1796, se sumó al ejército, en Italia, bajo la orden de Napoleón Bonaparte, y fue nombrado general de brigada. Luego, participó en la Campaña de Egipto, hasta su capitulación, en junio de 1801. A su regreso a París, fue designado general de división: tomó el mando de la 24ª división militar en Bruselas hasta el año 1804. Entre 1805 y 1806, participó en las campañas de Prusia y Austria, bajo la orden del mariscal Joachim Murat. En 1808, fue enviado al ejército de España y nombrado gobernador de Madrid, pero tuvo malas relaciones personales con el rey José I Bonaparte (despectivamente llamado “Pepe Botella”). Se cree que los celos procedían de que Belliard era muy popular en Madrid. Tras la caída de Napoleón, Luis XVIII lo designó par de Francia, y luego volvió  a sumarse a Napoleón. Durante la batalla de Waterloo, fue arrestado y despojado de sus títulos militares. Tras meses de cautiverio, fue liberado y se dedicó a la vida privada. En marzo de 1819, fue llamado de nuevo por el gobierno para ocupar un asiento en la Cámara de los Pares. Participó en las campañas de Italia, Egipto, Rusia y España. Fue ascendido a general de brigada tras descollar en la batalla de Arcole. Combatió en la batalla de las pirámides y Heliópolis y fue gobernador de Egipto hasta su rendición, en 1801. Participó, además, en las batallas de Austria, Sajonia y Prusia, y fue gobernador de Madrid, en 1808. Fue herido en Leipzig, y tuvo una destacada participación durante los Cien Días de Napoleón. Fue elegido capitán del Batallón de Voluntarios de Vendee y luchó en Grand-Pre, Valmy, Jemappes y Neerwinden. Comandó el Regimiento de Húsares, pese a resultar herido después de una caída de su caballo, y obtuvo el rango de ayudante general. Además, combatió en Castiglione, Verona, Caldiero y Saint –Georges. En la batalla de Arcole, mueren dos de sus caballos, mientras Napoleón cayó sobre un pantano, Belliard ordenó que sus soldados lo rescataran, lo que le permitió ser ascendido a general de brigada. Durante la batalla de Tirol, combatió en el cruce del río Lavis, en Trento y Brixen, lugar donde capturó a dos mil soldados de las tropas austriacas. En Tramin, venció también al ejército austriaco, y casi sin resistencia, tomó Civitavecchia, uniéndose al general Berthier en Roma, y de ahí fue en misión diplomática a Nápoles. Contra la rebelión romana, su actuación fue decisiva para impedir que Fernando IV de Nápoles atravesara la frontera en apoyo a la contienda. Belliard, además, participó en la campaña en Egipto y allá comandó la brigada del general Desaix cuando tomaron Malta. Luego desembarcó en Alejandría e intervino exitosamente en la Batalla de las Pirámides. Asimismo, hizo lo mismo en las batallas de Samanouth, Murad Bey, y con su artillería, derrotó a los mamelucos. Más adelante, combatió en Abisinia, África, y participó en la batalla de Heliópolis. Bajo el mando de Kleber, con 10 mil soldados, combatió contra 70 mil soldados otomanos. Tras combatir en Koraim, marchó contra el ejército otomano con mil 200 hombres, expulsando a sus enemigos de Damietta. Acorralado en El Cairo, por un ejército combinado de británicos, turcos y mamelucos, tanto por mar como por tierra, y en combate desigual en números de soldados, se vio precisado a rendirse, con honor, y regresar a Francia con sus tropas. Luego fue gobernador en Berlín y combatió en Jena, Erfurt, Lubeck, Heisberg, Hoff y Eylau. Después de la batalla de Talavera, Belliard es nombrado consejero del rey José II. Madrid, ante el ataque francés, y a punto de ser tomada por asalto y para evitar ser saqueada, se rindió ante el general Belliard. Cuando Napoleón ordenó la ejecución del marqués Saint –Simón, general exiliado al mando de un ejército español, suspendió su fusilamiento. Belliard es nombrado, entonces, conde del imperio por el rey José I. A principios de 1812, se unió al rey de Nápoles y entra a Vilna, y luego ocupa Ostrrovno, Vitebsk, Smolensk, Dorogobonge y Moskow. En la batalla de Mozhaysk, una bala lo hiere en una pantorrilla, lo cual le impidió asumir el puesto de gobernador de Moscú. Tras su retirada de Rusia, y apenas repuesto de su herida, es nombrado coronel general de los coraceros y encargado de organizar el cuerpo de caballería. En Leipzig, nuevamente es herida de gravedad en el brazo izquierdo por una metralla. Pese a sus heridas, combatió en Hanau y regresó a Maguncia, con lo que le quedó de sus diezmadas tropas. A su regreso a París, es designado mayor general y enviado a Metz, donde reorganiza el ejército francés, pero asolado por la fiebre tifus y en condiciones precarias de resistencia. Belliard comandó las tropas de caballería, durante la campaña francesa, pese a tener un brazo en cabestrillo, enfrentó a los rusos atrincherados en Haute-Epine, triunfando en Montmirail. Combatió, además, en la batalla de Chateau-Thierry contra los prusianos, y escoltado por sus tropas, huyó. Como comandante de la caballería de la Guardia, combate en la batalla de Laon y luego en Reims, en la batalla de La Fere-Champenoise. Después de reunirse con Napoleón, le informa de la rendición de París en el Auberge de la Cour de France en Juvisy-sur-Orge. Y cuando se hallaba en Fontainebleau, con otros generales, se despidió del emperador Napoleón. Pero no abandonó Fontainebleau sino hasta después de la partida de Napoleón exiliado en la isla de Elba.

Luis XVIII lo nombró caballero de San Luis, y tras el regreso de Napoleón de Elba, fue designado mayor general del ejército bajo el mando del duque de Berry. Acompañó a la familia Real hasta Beauvais, y solo ante la orden de Luis XVIII, regresó a París. Al Napoleón regresar a las Tullerías, declara que no desea recibir ningún otro mando, salvo que estallara la guerra. Tras la batalla de Tolentino, visitó a la reina Carolina y se embarcó en una goleta hasta Toulon. A su regreso de nuevo a París, es nombrado comandante de las tercera y cuarta divisiones y se instala en Metz para defender la ciudad. En pocos días, las ciudades de Vosgos, Meurthe y Mosela se armaron con 45 batallones. Después del regreso de Luis XVII, Belliard es hecho prisionero, despojado de sus condecoraciones y títulos, y borrado de la lista de pares de Francia por su participación con Napoleón durante la guerra de los Cien Días. Es llevado a la prisión de la abadía, junto a otros generales, y después de varios meses de cautiverio, es puesto en libertad.  Durante el ministerio de Decases es llamado de nuevo a la Cámara de los Pares. Y bajo el ministerio de Villele, se le encomienda la tarea de elaborar un plan para atacar a Argel. Pero este plan fue abandonado en vista de que conllevaba 50 mil soldados y un gasto de 100 millones de francos. En 1828, estuvo a un tris de convertirse en comandante otra vez, pero de la expedición a Morea. Belliard fue compañero de armas de Luis Felipe de Orleans, con quien combatió en Valmy y Jemappes, durante la Restauración. Apoyó la monarquía de Julio. Luis Felipe le asigna la misión de avisar al gabinete de Viena su ascenso al trono como rey de los franceses. Luego, fue nombrado ministro plenipotenciario en Bruselas, tras la Revolución de 1830 y la independencia de Bélgica.

Asimismo, fue edecán del general Dumouriez, pero cuando éste se pasó al enemigo,  Belliard fue visto como sospechoso, pero su decisión de seguir combatiendo como soldado raso, le posibilitó salvar su vida. Luego, recuperó su rango, y por lo tanto fue puesto bajo las órdenes del general Hoche. En 1810, fue condecorado con el título de conde del Imperio y en 1811 se convirtió en Jefe del Estado Mayor de Murat en la Gran Armada.  Tras la retirada de Napoleón de Rusia, este designó a Belliard ayudante mayor del ejército. Tuvo una notable participación en las campañas militares de Italia, en la Revuelta romana, y Egipto, para evitar la capitulación de Francia. Pero sus participaciones más  estelares fueron en las batallas de Jena, Uil, Austerlitz y Friedland, lo cual le valió alcanzar el rango de Fran Oficial de la Legión de Honor. Fue miembro de la nobleza imperial en España, tras ser nombrado gobernador de Madrid.  En Bruselas es una celebridad: posee una estatua gigante, una calle, (también otra en París), una plaza en Fontenay-le-Comte y un museo en Longeves. Fue masón, y perteneció, desde 1802, a la logia masónica, Les Amis Philanthropes de Bruxelles, fundada en 1798. Su oración fúnebre la pronunció el marqués de Laborde, conde del imperio, arqueólogo y político.

Fue designado ministro plenipotenciario en Bruselas y luego nombrado embajador en Madrid, pero murió de un derrame cerebral, el 28 de enero de 1832, antes de presentar cartas credenciales, cuando estaba en el parque de Bruselas, tras salir del palacio del rey Leopoldo I de Bélgica.

Posdata

Dos meses después de que mi hijo visitara varias metrópolis y ciudades europeas, nos tocó visitar París, Lisboa y Madrid. Su interés, además de ver las bellezas de tantas ciudades, lo motivó a hacernos el itinerario, armarnos el viaje e instarnos a ver los lugares que había visto. Así que, fuimos al Arco de Triunfo, a otros lugares y monumentos de París, y antes de entrar, dimos un paseo por los Campos Elíseos, bajo una pertinaz y fría llovizna, que nos obligó  a comprar un paraguas, y luego entrar a varias tiendas y cenar en un restaurante. Cuando estábamos al frente, vimos que la entrada estaba bloqueada y militarizada. Supimos que Emmanuel Macron estaba allí en un acto oficial con su gabinete de ministros y funcionarios. Esta vez, al ver que se nos hacía difícil cruzar la avenida, debido al mar de autos que transitaban a gran velocidad, pregunté por la vía de acceso. A lo que una mujer, en buen español, nos dijo que se entra por un túnel que da justo hasta la puerta del histórico y emblemático monumento: nos mostró el lugar, que estaba justamente muy cerca de nosotros. Así lo hicimos Marta y yo. Al llegar, ya se habían marchado Macron y su comitiva, y solo quedaban las sillas vacías, las flores y las mesas. Cuando estoy leyendo una cantidad enorme de apellidos en altorrelieve, observo que ya Marta había conocido una amiga, con quien hablaba animadamente. Se trataba de una abogada vegana y su esposo también abogado. “Ella es dominicana”, me dijo. Enseguida nos hicimos amigos, y nos contaron que habían estado en Lisboa, Roma y Viena. Nos recomendaron lugares y comidas de Lisboa, pues dos días después teníamos que visitarla. Además, nos tomaron fotos, apuntando el apellido Belliard (como había hecho nuestro hijo Amadeus) y nosotros les tomamos también a ellos. Hacía frío y llovía, por lo que esperamos algunos minutos que acampara.

Acordamos, ya de noche, tomar el tren y salir juntos a cenar. Recomendé el Barrio Latino, y así lo hicimos. Los amigos resultaron bastante duchos en el manejo del mapa del tren. Después de cenar, nos despedimos, esa fresca noche parisina.

Basilio Belliard

Poeta, crítico

Poeta, ensayista y crítico literario. Doctor en filosofía por la Universidad del País Vasco. Es miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua y Premio Nacional de Poesía, 2002. Tiene más de una docena de libros publicados y más de 20 años como profesor de la UASD. En 2015 fue profesor invitado por la Universidad de Orleans, Francia, donde le fue publicada en edición bilingüe la antología poética Revés insulaires. Fue director-fundador de la revista País Cultural, director del Libro y la Lectura y de Gestión Literaria del Ministerio de Cultura, y director del Centro Cultural de las Telecomunicaciones.

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