Recientemente se ha estrenado la película dominicana Animales (2026), escrita y dirigida por José Ramón Alama y producida por Bougroup. Se trata de una comedia dramática cuyo elenco está compuesto por figuras reconocidas: Pamela Sued, Vitaly Sánchez, Pedro Casals, Mar Bonelly, David Maler, Nashla Bogaert y Frank Perozo. Unos ya con un nombre en el mundo de la actuación; otros de novel participación, ya famosos en los medios de comunicación.

En la cartelera de Caribbean Cinemas se lee esta sinopsis: «Un grupo de amigos que se conocen de toda la vida descubre que hay puertas que nunca se deben de abrir. Lo que empieza como un juego de deseo se convierte en una espiral de celos, mentiras y traiciones que arrasa con sus relaciones. Muy pronto entenderán que todos tenemos un lado animal». En IMBD se menciona que «cuatro parejas navegan por la delgada línea entre el deseo y la búsqueda de autenticidad, en un mundo donde la verdad es tan frágil como sus relaciones». DGCINE, en su página web, define la cinta como «comedia para público adulto, clasificada R, que aborda las dinámicas de pareja desde una mirada provocadora, combinando humor, acción y tensión emocional (…) propone un recorrido por las relaciones humanas llevadas al límite, a través de personajes que se enfrentan a sus deseos, contradicciones y conflictos más profundos».

Animales —que será estrenada posteriormente en Disney+—, resulta, sin lugar a duda, novedosa en el paisaje cinematográfico dominicano. Se inscribe en una coyuntura de diversificación del cine dominicano, que deja atrás la fijación cómica, y, sin renunciar a la comedia, ofrece propuestas temáticas que apelan a nuevas emociones en el espectador. El estreno en las salas de cine dominicanas ha sido muy exitoso, tomando en cuenta que es apta solo para mayores de edad y todavía la audiencia está acostumbrada a buscar carcajadas en las producciones dominicanas.

Como no suelo ver tráileres, el cartel con Pamela Sued en una expresión de éxtasis erótico me sugería una trama distinta. Las escenas calientes abundan, pero no son el corazón argumental. En mi sorpresa, he disfrutado la película. El guion genera una rápida intriga. Inicia con una escena hermética: vemos un desfile de figuras disfrazadas de conejo saliendo de un avión privado. La película luego nos lleva a un encuentro entre cuatro parejas que se torna tenso cuando la conversación deriva hacia la conveniencia o no de las relaciones abiertas. Toda la historia, inundada de secretos, deslealtades y tensiones entre quienes primero parecían amigos y parejas sin máscaras, está atravesada por el desafío psicológico de que la verdad que yace bajo las fachadas es amarga. No falta la risa estruendosa al verla, pero prevalece el suspenso, porque sabemos más que los personajes. Al tanto de las oscuras telarañas, aguardamos con impaciencia las revelaciones que pueden estallar en cualquier momento.

Con Animales se satisface la creciente necesidad de un cine dominicano que, más allá del humor circunstancial, hurgue en la complejidad de la condición humana y tome incluso riesgos comerciales en aras de la originalidad. Más allá de lo que se hayan propuestos los creadores, veo una disección de la hipocresía que predomina en las convenciones sociales y en las relaciones humanas, y me tienta pensar que este retrato crudo pueda extenderse más adelante a otras instancias de nuestra vida insular.

El mayor acierto de Animales es lo misterioso que resulta Santiago (David Maler). Mientras todos sufren las consecuencias de sus acciones y construyen un precario edificio de mentiras, Santiago se mantiene impasible, como quien no quiere la cosa, inconmovible aún ante la muerte, y termina manifestándose como un villano discreto, un antihéroe, un juez que sentencia a los otros a la indignidad porque él ya ha dejado de creer en la gente y quiere demostrarle al grupo, con una astucia maquiavélica, que ellos son peores seres humanos que lo que jamás admitirán. Por eso su mantra: «Hasta los animales tienen límites». La figura de Santiago recuerda el tema de la ideología del villano. Él es «el malo», pero su maldad no es fortuita: tiene una carga filosófica, ha sido meditada y puesta en ejecución de forma sofisticada.

Frank Perozo, en el papel de Martín, sobresale porque nos muestra un perfil al que no estamos acostumbrados. Esta vez no es el tíguere confiado, seductor, dueño de sí mismo que encarna en otros filmes, sino un hombre mediocre, resentido por no estar a la altura de sus amigos, y con ataques de ira que ponen de relieve sus frustraciones acumuladas.

Animales, en suma, es una luminosa aparición en el nuevo cine dominicano y reúne las condiciones para triunfar más allá de nuestras fronteras.

Juan Hernández Inirio

Escritor, profesor y gestor cultural

Juan Hernández Inirio es escritor, profesor y gestor cultural. Nació en La Romana, República Dominicana, en 1991. Ex director provincial de Cultura de La Romana, fundador de la Feria del Libro de esa ciudad y de la Fundación Modesto Hernández (MODHERNA). Es Licenciado en Educación mención Letras, Magna Cum Laude, por la Universidad Dominicana O&M. Tiene un máster en Cultura Contemporánea: Literatura, Instituciones Artísticas y Comunicación Cultural por la Universidad Complutense de Madrid y la Fundación Ortega-Marañón. Ha publicado los libros Cantar de hojas muertas, Musa de un suicida, El oráculo ardiendo, La insurgencia de la metáfora. Treinta poetas de los años sesenta y El nieto postizo. Textos de su autoría han aparecido en periódicos, revistas y antologías latinoamericanas. Ha dictado conferencias en República Dominicana, España e Italia. Su trayectoria le ha merecido diversos galardones, entre los que se destacan ser declarado como ¨Hijo distinguido de La Romana¨ en 2017 por el ayuntamiento de esa ciudad y ser reconocido por la Academia Dominicana de la Lengua en 2019. jhernandezinirio@gmail.com

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