Elma Correa con anteojos, pero oscuro y mirando hacia arriba con un fondo de pintura de colores.
Sarel Müün

Más de una vez la pequeña Elma Áurea se escapó sigilosamente al otro lado de la frontera.

Con un dólar en el bolsillo y sin decirle a nadie, cruzaba de vez en cuando solita caminando desde Mexicali, en México, a la ciudad estadounidense de Caléxico, en aquellos ratos en los que estaba aburrida.

Como ella sabía que no le iban a dar permiso, buscaba el momento preciso para ir y volver tan rápido como podía, después de comprar al otro lado de la frontera alguna baratija o unos dulces que disfrutaba en secreto.

Esa era para ella una emocionante aventura que ahora, convertida en adulta, recuerda en la cocina de su casa en Mexicali, en el noroeste de México, durante una videollamada.

Pese a las duras críticas que lanza contra la misoginia, el racismo y la exclusión en una sociedad violenta, se ríe muchísimo cada vez que responde una pregunta, como si ya no le entraran balas, como si, consciente de los males del mundo, enfrentara los demonios de la Tierra con una enorme sonrisa.

"Hay que reírse de todo esto, no nos vamos a poner a llorar, ¿no?", dice Elma Correa, la escritora que ganó recientemente el prestigioso Premio Biblioteca Breve 2026 por su libro "Donde termina el verano", una novela sobre dos amigas que viven una experiencia traumática y se reencuentran 20 años después.

Junto a la escritora Elena Poniatowska, es la segunda mexicana que recibe ese galardón.

Aunque es una historia ficticia, el escenario donde se desarrolla la acción de la novela refleja el Mexicali donde Correa creció y donde sigue viviendo.

La misma ciudad norteña del estado de Baja California donde coordina un encuentro internacional de escritores y gestiona el proyecto @habitaciones_propias, una comunidad virtual donde las mujeres del mundo comparten fotos para mostrar cómo es el espacio donde trabajan.

Doctora en Sociedad, Espacio y Poder, maestra en Estudios Socioculturales y licenciada en Lengua y Literatura de Hispanoamérica, Correa ha publicado los libros de cuento "Que parezca un accidente", "Mentiras que no te conté", "Llorar de fiesta", "Lo simple", "La novia del león", y la novela "Donde termina el verano".

La escritora mexicana participará en la duodécima edición del Hay Festival Arequipa 2026, que se celebrará del 5 al 8 de noviembre de 2026 en la ciudad de Arequipa, Perú.

Con ella conversamos sobre cómo es vivir al lado de la frontera con Estados Unidos, su obra, qué la inspira, y cómo se las arregla para navegar las viscicitudes de la vida con tan buen humor.

Foto de una identificación donde aparece Elena Correa de pequeña con una gran sonrisa. Arriba dice: Casa de la Cultura.
Gentileza Elma Correa
Cuando era pequeña iba casi todos los días a la Casa de la Cultura de Mexicali después de las clases.

Hace muchos años estuve en Mexicali y me acuerdo que había partes del muro donde la gente aún podía encontrarse a conversar, una cosa que hoy es impensable.

Claro, ahora está electrificado y no es solo un muro, son varios muros uno al lado del otro

Tú naciste en la frontera con California, literalmente al lado del muro.

Al lado, mi casa estaba a dos calles, en la colonia Los Alamitos. Yo crecí viendo el muro y para nosotros era lo más natural del mundo. Después supe que era una cosa súper violenta tener el paisaje herido de ese modo. Y como cualquier niño, pensaba que así era el mundo porque no sabía que yo era una norteña transfronteriza en México.

Probablemente era normal para ti cruzar la frontera de un lado al otro.

Sí. Cuando éramos chiquitas, mi mamá, que tenía tres trabajos, nos mandaba a mí y a mis hermanas a la Casa de la Cultura para que no estuviéramos solas en la casa.

Ahí estuve en clases de teatro, en pintura; mis hermanas iban a danza, y aprendíamos un poco de todo. En ese lugar había una biblioteca chiquita y yo leía mucho, mucho, porque en Mexicali hasta hace poco no había ni librerías, ni nada.

Desde el Centro Cultural al cruce fronterizo son apenas dos calles a pie. Entonces, de niña podía cruzar sola.

¿Sola?, ¿y cómo lo hacías?

Caminando. Tenía un pasaporte local -así se llamaba antes de la visa- con el que podías entrar y salir. Entonces, cuando esperaba a mis hermanas y estaba aburrida, caminaba al cruce fronterizo y llegaba a la calle primera o segunda de Caléxico, en el otro lado, donde estaban todas las tienditas chinas y coreanas, y me compraba un dulce o un juguete por menos de US$1.

No era peligroso, no daba miedo, para nada. Al contrario, era emocionante escaparme sin decirle a nadie lo que iba a hacer.

Muro en la frontera entre México y EE.UU., a la altura de Arizona.
AFP via Getty Images
Correa creció en una casa a dos cuadras del muro que divide el norte de México de Estados Unidos.

Entonces, ustedes eran cuatro hermanas y tu madre estaba poco en la casa porque trabajaba mucho.

Por la mañana mi mamá daba clases, por la tarde estudiaba para profesionalizarse, y por las noches se iba a un turno horrible en el hospital a trabajar toda la noche como enfermera.

Mi mami nos tenía lista la cena cuando volvíamos todos los días de la Casa de la Cultura y, para tratar de pasar tiempo de calidad con nosotras, nos acostaba y nos leía mucho, nos leía lo que tuviera a la mano, cualquier cosa.

Para mí lo importante era el momento… cómo se movía su rostro, sus microexpresiones, todo eso me daba mucha emoción y aprendí a leer muy chiquitita, antes de entrar a la escuela.

¿Qué descubriste en los libros?

Una vida mejor que la mía. Nosotros crecimos sin privilegios de clase. Ahora mismo tengo tres trabajos para llegar a fin de mes. Y en esa época los libros eran mejores que lo que había a mi alrededor y como mis hermanas más grandes veían la televisión, yo me sumergía en los libros.

Hablemos de cómo es vivir al lado de la frontera. ¿Es muy distinto a vivir en otras partes de México?

Yo creo que la geografía nos determina. Somos un desierto con un calor que llega a más de 50 grados en el verano y eso hace que las personas seamos de un modo, para bien o para mal.

Hay gente que se enoja todo el tiempo y que pelea mucho en el verano, pero al mismo tiempo está la idea de que los que viven aquí son personas con tesón, personas que dominamos la agreste naturaleza. Mira el lema de Mexicali: "La ciudad que capturó el sol"… Hay algo ahí, ¿no?.

Además somos un lugar tremendamente multicultural. ¿Quiénes fueron los primeros colonos acá? Los chinos, migrantes chinos que venían de Estados Unidos.

También hay un grupo pequeño de personas originarias, los Cucapá, y hay gente de todas partes de México, de todos los lugares que te puedas imaginar, más toda la migración centroamericana que ha llegado hasta aquí.

Elma Correa con vestido azul frnete a una reja roja
Sarel Müün
"Me parece que todas nuestras experiencias son transfronterizas, solo que en distintos niveles", dice Correa.

Incluyendo a los deportados.

Y los deportados que terminan acá como una población flotante. También hay una comunidad japonesa y en ciertas partes de Baja California hay personas rusas. También han llegado muchos haitianos y recientemente, con la guerra en Ucrania, también han llegado ucranianos. Imagínate los sonidos de esta ciudad, escuchas una gran diversidad de acentos, sonidos, palabras… como una Babel maravillosa.

Y al mismo tiempo, somos una ciudad con una herencia colonial tremenda -como en el resto de México y Latinoamérica- porque somos profundamente racistas, clasistas y hasta xenófobos en algunos casos. Es tremendo cómo coexisten y cómo conviven las cosas aquí, y es muy interesante de explorar en términos literarios.

Imagínate que la comida típica de Mexicali es la comida china. Otros tienen el mole, el pozole, los aguachiles y nosotros tenemos la comida china.

¿Y tú cómo lo cómo lo vives?, ¿cómo es estar en el medio de esa coexistencia de culturas en un mismo lugar?

En principio no lo reflexionas, simplemente lo abrazas porque es como es. Para algunas personas puede ser raro, pero en realidad, todos los lugares tienen sus peculiaridades. Hay imaginarios sobre el norte y sobre la frontera que refuerzan estereotipos y mantienen muchos prejuicios, pero te digo, somos gente común.

Probablemente hay muchas culturas transfronterizas en México, no una sola gran cultura transfronteriza, ¿no?

Claro, como no es lo mismo ser frontera norte con Estados Unidos que frontera sur en Chiapas con Guatemala, porque son dos dos polos opuestos, dos universos muy diferentes.

Y en la frontera norte, no es lo mismo ser frontera con Texas, que con Nuevo México o con California. Hay muchas culturas transfronterizas y muchos modos de habitar la frontera y la transfrontera.

Mi experiencia infantil de ir y venir a comprar un juguete como si nada es una experiencia transfronteriza particular. Algunos académicos dicen que para que algo o alguien sea transfronterizo debe habitar del otro lado.

Yo voy de vez en cuando, pero no vivo en Estados Unidos, no hago una vida en Estados Unidos. Lo mismo le pasa a la gente que cruza todos los días a la escuela o que cruza todos los días al trabajo. Ellos van y vienen, pero no viven del otro lado.

Entonces, muchas veces se considera transfronterizo hacer una vida entre ambos países, pero a mí me parece que todas nuestras experiencias son transfronterizas, solo que en distintos niveles.

Migrantes que caminan frente a un tren de color amarillo con una bandera de EE.UU. dibujada, en la ciudad de Mexicali.
AFP via Getty Images
"Hay una exotización muy grande sobre lo que es norteño y de la frontera", comenta la escritora.

¿Cuándo empezaste a escribir?

En la facultad. Quería leer y quería que me dejaran en paz, y entonces, lo más cercano a eso que encontré fue la Escuela de Letras. Resulta que en la escuela, había una cosa con los manes. ¿Quién era el poeta de la escuela? Un man. ¿Quién era el narrador de la escuela? Un man. ¿Quién era el editor de la revista? Un man. ¿Quién coordinaba el evento cultural? Un man y sus amigos.

Y las chicas eran como las novias de esos manes y todo parecía super normal. Tuve grandes profes y todo, pero hay como una especie de deuda histórica, ¿no?. Leíamos casi puros varones y para mí eso fue chocante.

Quizás por vivir en la frontera tenías otra manera de ver las cosas.

Con mi experiencia de niña transfronteriza yo estaba mucho más acostumbrada al short story gringo, o sea, leí primero a Carver que a Cortázar… A mi me gustaba el "hemingweyllazo": sujeto, verbo, predicado, sujeto, verbo, predicado. Y de pronto llegué a estas construcciones barrocas, llenas de oraciones subordinadas y pensaba: ¿qué raro?, ¿por qué les gusta escribir así?.

La primera vez que estuve en un evento organizado por los manes de la facultad, los escuché y me quedé boquiabierta porque eran malísimos. Entonces supe que podía hacerlo mejor que ellos. La cosa es que yo no soy una buena persona, a mí me mueven siempre los sentimientos más bajos, y así empecé a escribir. Empecé a escribir simplemente porque me parecía horrible lo que hacían ellos.

¿Dirías que tus libros están relacionados con lo que se conoce como una literatura del norte o una literatura fronteriza?

Cuando empecé a escribir, la literatura del norte o la literatura de frontera me daba resquemor, no la soportaba. No quería que se me asociaran con esa etiqueta. Y entonces yo me obsesionaba con que mis textos no fueran fronterizos, aunque yo fuera norteña.

Mis primeros textos publicados -que nadie los lea nunca por favor- eran como unos narradores con una voz super neutral, un español con idiolectos como neutrales, es decir, nada que sonara a mexicano del norte, nada de spanglish, nada de "parquéate", nada de "wacha para atrás". Y eso era parte de mi vida normal, así es como yo hablo, pero lo negaba porque aspiraba a algo como una universalidad.

Portada del libro "Donde termina el verano". Aparece una mujer con un vestido rojo sobre un fondo blanco y azulado.
Gentileza
La escritora recibió el Premio Biblioteca Breve 2026 por su novela "Donde termina el verano".

¿Por qué no soportabas la literatura de frontera?

México es un país centralizado, como si todo sucediera en la capital y el resto fueran lugares donde no hay civilización, como si mientras más te alejas de Ciudad de México, más bestial y salvaje te conviertes.

Entonces hay un imaginario sobre el norte mexicano que tiene que ver con personas que son muy broncas, muy brutas, que se asocia con el crimen organizado, el narcotráfico, la trata de personas y con un montón de estereotipos y prejuicios. Y mucha de la literatura del norte y de la frontera, que era un boom en los 90 y en los años 2000, habla de eso.

Todos los que escribían eran hombres de cierta edad y yo pensaba, ¿qué es esto?. No, yo no quiero estar asociada a ellos, aunque sus libros estén perfectamente escritos.

Querías hacer algo distinto.

Yo no identificaba en esa literatura mi norte, ni mi desierto, ni mi frontera. Hay una exotización muy grande sobre lo que es norteño y cuando crecí me di cuenta que rechazaba esa representación.

Yo quería leer sobre la experiencia de ser una mujer joven, quería leer sobre la gente normal que se gana la vida como cualquiera. Y entonces empecé a escribir sobre eso, pero tuve que pasar por un proceso de comprensión y entendimiento.

Tuve que pensar que la exotización y el estereotipo existen y no dependen de mí. Entonces dije: 'Voy a escribir lo que me dé la gana y hacer lo que me dé la gana y hablar de mi experiencia de ser una morra norteña transfronteriza en un país tan prejuicioso y centralizado como México'.

¡Y que revienten, que piensen lo que quieran! Y si les gusta y si no les gusta, pues ni modo.

Vista aérea de la entrada al barrio «La Chinesca», en el centro de Mexicali, estado de Baja California. Se ven calles y techos de edificios a la distancia.
AFP via Getty Images
Mexicali es una ciudad en el Noroeste de México, capital del estado de Baja California.

En ese sentido te liberaste

Me liberé, y cuando me liberé de la opinión ajena, empecé a escribir con mucha más naturalidad y honestidad, y resultó que me interesaba el norte y que me interesaba la frontera y mis cuentos se empezaron a llenar de referencias y de escenarios que conozco muy bien y que era capaz de describir.

No escribo pensando en cuál es mi identidad o cuál es la identidad de mi escritura. Cuando escribo, simplemente escribo y cuento historias. El lugar donde suceden esas historias o lo que le pasa a los personajes de esas historias tendrá que ver con la necesidad de la historia. Puede suceder en el norte, en la frontera, o en cualquier otra parte.

En ese proceso también te reconciliaste con tu ciudad, con Mexicali

Yo tuve, gracias a Diosita, mi primera deconstrucción que fue la feminista, que es como un work in progress eterno porque hay que desaprender un montón de cosas. Pero también tuve una especie de deconstrucción territorial, geográfica.

Cuando era adolescente, odiaba con toda mi alma Mexicali, aborrecía este lugar. Tenía muchas ilusiones, pero estaba encerrada en este agujero. Y no es una metáfora: estamos no sé cuántos metros por debajo del nivel del mar en un desierto en medio de montañas.

No pasaba nada acá, era como una especie de rancho pavimentado. Era como una sensación constante de estar flotando en medio de la nada oscura. Yo pensaba que la cigüeña se había equivocado, que yo tendría que haber nacido en Barcelona, Nueva York, Londres.

Y tuve que atravesar un proceso en el que comprendí cómo las geografías nos determinan y cómo mi vida en Mexicali es lo que me hace ser la persona que soy.

Aceptar eso y abrazarlo hizo también que cambiara mi perspectiva. Me reconcilié con la ciudad y me reconcilié con mi condición de norteña transfronteriza en México.

Elma Correa con gafas sentada frente a un micrófono. Se ve borrosa la portada de su novela.
Beatriz Limón
Correa cuenta que ha desarrollado una estrategia de supervivencia "frente a los prejuicios, la misoginia, el clasismo, el raciclasismo".

Una norteña transfronteriza que le gusta escribir sobre la amistad en un mundo hostil. ¿Por qué la amistad?

Escribo de la amistad porque estoy obsesionada con mis amigas y porque creo en la idea de lo colectivo, lo comunitario, y creo que nos van a salvar los afectos en este mundo tan cruel, tan cruento y tan duro.

Y también escribo sobre la amistad porque creo que hay otras formas de afecto que tendríamos que privilegiar, más allá del amor romántico. Siendo una morra, cis, hetero, mientras me involucro con varones de mi generación, más los rechazo, y más quiero a mis amigas.

Me parece que la idea de comunidad es muy importante y creo que está presente en mis libros. La amistad siempre aparece de un modo o de otro, como una esperanza en medio de todo lo que tenemos que atravesar.

Es algo cursi, si quieres, ¿no? Tal vez lo sea, tal vez sea naive, ¡pero es que lo creo!. Las amigas son lo que me sostiene. Creo que es mejor tener menos novios y más amigas. Hay que descentralizar a los manes de las vidas en general.

¿Cómo te ha afectado en tu vida cotidiana no ser un man blanco, como sueles decir, con privilegios de clase?

En las condiciones materiales de existencia, en las preocupaciones de cómo llegar a fin de mes, cómo pagar las cuentas. Además, uno quiere escribir, entonces creo que he aprendido a navegar una estrategia de supervivencia; aprendí a enfrentar los prejuicios, la misoginia, el clasismo, el raciclasismo. Todo eso tiene efectos reales en la vida práctica.

Si yo fuera varón, mi llegada a la literatura habría sido diferente. ¿Por qué? Pues porque el mundo es de ellos, porque el canon es masculino, y porque si tuviera privilegios de clase, mi vida sería más sencilla, porque vivir en el capitalismo es una cosa horrorosa.

Espero que se acomoden las cosas en términos económicos para tener más tiempo. ¿Qué compra el dinero? Tiempo para hacer lo que uno quiere. El tiempo es muy importante porque mis momentos de escritura son muy pocos.

Ela Correa, parada mirando a la cámara con un vestido amarillo, blanco y negro.
Pilar Álvarez
"Me parece que la idea de comunidad es muy importante y creo que está presente en mis libros", dice Correa.

¿En qué trabajas, además de escribir?

Soy profesora, hago trabajo freelance -todo lo que caiga lo recibo; doy talleres, hago revisiones, correcciones, desarrollo contenidos, lo que sea-, y tengo un trabajo de oficina.

BBC News Mundo

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